Edicion febrero 25, 2026

Recta final hacia el Congreso e inicio de campaña presidencial

Recta final hacia el Congreso e inicio de campaña presidencial
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Columnista - Martín Barros Choles
Columnista – Martín Nicolás Barros Choles

Las campañas públicas para el Senado y Cámara de Representantes, acompañadas de Consulta Popular para seleccionar candidatos multipartidistas a la Presidencia, terminan el próximo domingo. El agite proselitista de campañas políticas en espacios públicos dará lugar a la organización logística para coordinar detalles sobre la elección del domingo 8 de marzo, donde se elegirán 188 representantes mediante circunscripción departamental y Distrito de Bogotá. También se eligen excepcionalmente, dentro de la citada cantidad, 16 curules de paz mediante circunscripción nacional, por un solo periodo, de los dos periodos concedidos en el acuerdo de paz suscrito con las Farc. El Senado de la República elige 102 senadores por circunscripción nacional; dos curules de ellos asignadas de manera especial para la circunscripción indígena. Una curul de Cámara y otra de Senado se reservan para el candidato que quede de segundo a la Presidencia; tendría derecho a una curul al Senado y su fórmula vicepresidencial a la Cámara.

3.231 aspirantes se lanzan en competencia popular al Parlamento colombiano: 1.097 aspirantes en 27 listas al Senado, discriminados de la siguiente forma: 11 de circunscripción indígena y 16 de circunscripción nacional. Para la Cámara de Representantes, 500 listas: 304 por jurisdicción territorial departamental, con 1.671 candidatos; 10 listas indígenas, con 22 aspirantes; 17 listas afrodescendientes, con 44 candidatos; 47 listas con 126 candidatos en circunscripción especial internacional para elegir un representante de los colombianos que residen en el exterior; y, por último, circunscripción especial de paz, 122 listas con 244 candidatos. Más del 90% de los aspirantes terminarán ahogados.

En La Guajira se inscribieron 12 listas para Cámara de Representantes, 31 candidatos aspirantes a ganar una de las dos curules, entre partidos políticos: Conservador, “La U”, Oxígeno, Centro Democrático, Colombia Justa y Libre, Coalición Fuerza Ciudadana, Mira, Dignidad y Compromiso–Nuevo Liberalismo, Pacto Histórico y otras asociaciones rurales campesinas.

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Es cuestionable que La Guajira, un departamento liberal, no se encuentre representada con lista en Cámara de Representantes, debido al rancio manejo centralista en poder del expresidente César Gaviria Trujillo, quien ha administrado el partido como una propiedad privada, aprovechando personalmente los beneficios que se generan económicamente como consecuencia del derecho económico que se genera en favor de los partidos políticos con personerías jurídicas. Desde hace dos periodos no se inscribe lista a la Asamblea Departamental. De vaina inscriben listas al Concejo municipal y a ediles.

Hay muchas posibilidades de que nuevamente se ganen dos curules al Senado, sin desconocer que pueda resultar otra curul elegida entre aspirantes por La Guajira, de las que se mencionan: Alfredo Deluque Zuleta y Martha Peralta Epiayú, uno por jurisdicción nacional, partido La U, y otra por circunscripción especial indígena, partido Mais. Para la Cámara de Representantes, tres listas se disputan con mayor opción las dos curules para La Guajira, entre los partidos: Conservador, La U y Pacto Histórico. La Guajira, por el número de habitantes que tiene, le corresponderían cuatro curules, conforme disponen normas constitucionales y legales vigentes que no han sido reconocidas por negligencia de los partidos que ejercen en La Guajira o conveniencia de los que resultan elegidos para acaparar beneficios sin tener que compartir con otros colegas.

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Este fin de semana se cierra la inscripción de candidatos a la Presidencia, con excepción de quienes resulten ganadores de las tres consultas programadas para llevarlas a cabo conjuntamente con la elección de Cámara de Representantes y Senado, que tendrán plazo para inscribirse hasta el 10 de marzo. Una vez terminen las inscripciones a los aspirantes a la Presidencia, en volumen histórico que podría registrar hasta 20 candidatos, disputarán el 31 de mayo el primer puesto ejecutivo del Gobierno de Colombia por vía popular o democrática.

Las elecciones están programadas para dos vueltas, a menos que uno de los tantos candidatos logre un triunfo que supere el 50,01% de la totalidad de los votos válidos depositados en las cajas utilizadas en cada mesa de votación. De no lograrse el referido porcentaje, se irían a una segunda vuelta los dos candidatos que ocupen el primero y segundo lugar en primera vuelta. Esta se realizaría el día 21 de junio. Se prevé que, para clasificar a la final en segunda vuelta, los candidatos deben superar la suma de 5 millones de votos en primera vuelta como garantía de éxito. Estar por debajo de los cuatro millones de votos podría dejarlos sin opciones de competir en segunda vuelta.

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Los candidatos perdedores negociarán los apoyos en segunda vuelta con uno de los dos candidatos favorecidos para participar en esa instancia, donde definitivamente se elegiría el nuevo presidente de Colombia para el periodo 2026 al 2030. El candidato que acumule más volúmenes de votos procedentes de candidatos derrotados en primera vuelta podría presumirse ganador, proporcionalmente al aporte de apoyo efectivo que lleguen a recibir para triunfar y salir airoso. Las alianzas son determinantes para garantizar el éxito electoral interpartidista.

La polarización originada en confrontaciones agrestes entre rivales incivilizados, de los que venían gobernando de antaño y perdieron el Gobierno con el presidente Gustavo Petro Urrego, que lleva de candidato a Iván Cepeda para seguir gobernando otro periodo, frente a quienes buscan reconquistar el mandato perdido. Las campañas presidenciales favoritas giran direccionadas por tendencias ideológicas de izquierda y derecha, que de poco o nada han servido de utilidad durante periodos de gobiernos implicados en corrupción y una serie de conductas delictivas, comprometidos en hechos cuestionados por irregularidades y relevancia dolosa que dan lugar a castigos ejemplares, como el de no elegirlo o, en el peor de los casos, no reelegirlo por actitudes inmorales sobre antecedentes escabrosos.

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