Edicion marzo 3, 2026

Por la recuperación de nuestros valores, Papayal, cultura y tradición

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Columnista - Yarlin Carolina Diaz Bonilla
Columnista – Yarlin Carolina Diaz Bonilla

Todos, absolutamente todos, tenemos raíces en pequeños pueblos, en comunidades rurales que siembran en nuestro ADN un legado lleno de historia y valores que consagran cada capítulo de nuestras vidas, en una serie de aventuras que nos hacen sentir que hay propósito, luz y esperanza en cada acto y en cada acción cuando es el amor quien nos mueve. Convencida que en cada corregimiento de nuestra amada Colombia hay historias que enmarcan las tradiciones y que llevamos en el centro de nuestro corazón, voy a pintar una descripción mágica con palabras del Papayal de hoy, el ayer y el de siempre.

Su historia inició hace más de 200 años, por un ganado y su búsqueda por la señora Josefa María, viuda de Martínez. Para el año de 1780, al parecer, quedó cautivada con los papayuelas y el paisaje místico entre cactus y las aguas cristalinas de su río. Como todo descubrimiento, paso a paso Papayal se fue poblando y fueron muchas las familias que han escrito momentos memorables con renaceres maravillosos. Papayal está rodeado de resguardos indígenas, entre los cuales puedo mencionar Provincial, Trapío Gacho, San Francisco y los asentamientos indígenas como Ballenas, Palmitas y Shareo. En este contraste de paisajes se logra ver la inmensidad del Cerrejón.

Convencida que recordar es vivir, de manera muy especial quiero hablar un poco de mis raíces. Del Corral de Macha Díaz se dice que para los años sesenta este estaba lleno de chivos. Hoy es un lugar central de esta población y que para la época mi bisabuela no omitía regalar un chivo y hacer los compartires de esos tiempos cuando la comida tenía sabor a orégano y el agua de tinaja nos quitaba la sed. Mi abuela Alcira Díaz Hernández llenó mi vida de valores espirituales y morales. Aún recuerdo su voz llena de sabiduría y ejemplo de perseverancia. Sus vitaminadas y empanadas eran las más deliciosas. Mis amaneceres en Papayal estaban diseñados para las vacaciones escolares. Montarme en el taxi del señor Rafael Joiro era el primer paso a vivir las aventuras de Tom Sawyer. Para mí era una experiencia única recorrer el trayecto Papayal – Barrancas. Lo llaman Papayork. Todos se conocen y la solidaridad no tiene límites, porque nuestro cielo lo dice todo.

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Para el mes de junio traían del río los mangos quebrachos y las ciruelas, tapados en una caja con hojas de matarratón, y esas eran y siguen siendo mis frutas favoritas. Junto a su hermana, mi tía Cosí, para los años setenta se fue a Maracaibo a ganar un poco más cuando el bolívar era a diez. Quien hace unos meses murió y me hizo sentir una vez más el vacío en el estómago y la punzada en el pecho que todos en algún momento de nuestras vidas hemos sentido.

La música, los paisajes, los sabores y saberes hacen parte del guion más importante de mi vida. El arroyo El Tilín y sus guanábanitas era el ambiente ideal. Pasaba por ese icónico lugar de camino a la leña con mi abuela. Era inevitable no tomar agua y llenar porras para llenar la tinaja. Recuerdo tanto la caja de Fab Manzana Verde y sus hábitos de lavado, cuando hervían la ropa y lo blanco era en el tendal de piedras, que cada vez que echo la ropa a la lavadora es inevitable recordar lo limpio y perfumado que olía. Lo hacía con tanto amor como estoy convencida que todas las mamás y abuelas de la época. Considero que dedicaban calidad de tiempo en quehaceres del hogar. Leerme la mano donde la señora Kela era algo misterioso, pero la mujer de cabellos blancos y manos muy suaves conquistaban mi inocencia. Ella al ver y tocar mis pequeñas manos me daba un beso y me regalaba un dulce. La verdad, todos los niños y niñas de esa época hacíamos esa visita. El cuadro de la señora Teo de Jorge Eliécer Gaitán a mis 7 años para mí estaba lleno de muchas preguntas, las cuales con el tiempo he encontrado las respuestas.

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Mi paso siguiente es hablar del Pasito, una sequía que recorría la población y a todos nos parecía una experiencia significativa bañarnos con esa agua. La Negra Gómez nos cautivaba con sus dulces de toronja. Lo cierto es que las tradiciones se conservan y nuestra querida señora Malta Carrillo las preserva con los dulces El Tilín que endulzan paladares en el mundo. Pasar por El Tizón de Leyla es la parada ideal para turistas y lugareños a disfrutar de la diversidad gastronómica, dejando en alto la riqueza gastronómica de nuestra región.

Si es Hernández, es grande. Mi papá siempre me lo decía. Segundo Hernández, embajador de buenas acciones en todo el departamento, y la seño Maribeth hizo honor a ella junto a Augusto, a quien extrañamos por ser un gran ser humano, defensor de los derechos de su tierra, buen familiar, por años al frente de la gallera Mingo Hernández. Es imposible evocar conciencia sin mencionar al profe Ramiro Mejía. Sin duda, hace parte de la memoria histórica. Moriría si no les hablo del Negro Martínez. Su legado artístico permanece vivo. Su hija Yole es la embajadora de las notas y los ritmos que elevan oraciones y alabanzas en la iglesia Santa Cruz. Nuestro padre José Luis ha llegado a evangelizar y dejar un mensaje de amor y unidad a las familias que diariamente escriben y rediseñan las líneas gruesas de nuestro Papayal del alma.

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La Cruz de Mayo, la fiesta religiosa más importante de la población, que para este 3 de mayo la señora Francisca Galván de Ballesteros, mujer referente de la población, me hizo la invitación, a quien admiro por su espíritu de luz. A sus 104 años tiene su emprendimiento de jarabe de eucalipto y ventas de artesanías típicas de nuestra cultura wayuu. En el mes de noviembre, San Martín de Loba también es nuestro patrono, quien partió su manto en dos para cubrir al mendigo. Es allí donde descubro la generosidad y solidaridad de mi gente papayalera. Para estas fechas todos nos encontramos en el Festival del Cactus, nuestra máxima expresión cultural.

Cada papayalero tiene una gran imaginación, una historia por contar y sobrenombre que asignar. Por la recuperación de nuestros valores, Papayal es cultura y tradición. Este pedacito de tierra es el fragmento de una canción llena de melodías que cuenta de manera singular en cada estrofa un relato, con matices, colores y sabores. Mi texto es la narrativa del contexto sociocultural del privilegio de ser y hacer parte del universo papayalero. Con sentimiento cultural y de pueblo, mi opinión para ti.

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