Edicion marzo 3, 2026
Mucho “HP”
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Columnista- Fabio Olea Massa (Negrindio)
Columnista- Fabio Olea Massa (Negrindio)

El presidente Petro dijo en un acto público de apoyo a la consulta, en Soledad (Atlántico): “Yo no digo groserías, pero quise decir una, ‘mucho hp’”, refiriéndose al senador Efraín Cepeda. La abreviatura “hp” significa “hijueputa”, una palabra muy ofensiva que se utiliza para insultar a alguien, con la cual el presidente insultó al senador Cepeda. ¡Por Dios, qué clase de presidente tenemos gobernando el país! Lo último que le faltaba a Colombia era ver a su presidente caer tan bajo, insultando nada menos que al presidente del Congreso. La conducta vulgar del presidente lo hace indigno de ejercer el primer cargo de la Nación y de representar al pueblo colombiano.

La falta de moderación del presidente para contener su lengua y evitar agresiones verbales deja mucho que desear en quien ocupa tan alta dignidad oficial, mostrando que no está a la altura de la majestad del cargo que representa. El presidente Petro no respeta la institucionalidad democrática, la dignidad de otras autoridades, ni la autonomía ni la separación de poderes. El presidente no solo agredió personalmente la dignidad del senador Cepeda, sino también la institucionalidad que ambos representan: Petro, como jefe de Estado y de Gobierno, y Cepeda como presidente del poder legislativo.

Dice el refrán que “al olmo no se le pueden pedir peras”, y a Petro ni decencia ni compostura, que nunca ha tenido. Es un exguerrillero que durante muchos años de su vida usó la violencia verbal —para insultar— y física para destruir, como cuando incitó a la “primera línea” a incendiar el país en el llamado “estallido social” de 2019, o cuando utilizó a los manifestantes de la Plaza de Bolívar contra la Corte Suprema para presionarla a que eligiera fiscal. El país no debe olvidar estas conductas violentas de Petro, quien ahora amenaza con “desenvainar” la espada de Bolívar contra el Senado para presionarlo a que apruebe la consulta popular, la cual debe tomarse en serio y no metafóricamente. La amenaza contra el Senado está latente, y Petro está dispuesto a todo con tal de lograr lo que quiere, y para ello usará la violencia como modus operandi, con la “primera línea”, las milicias y la guardia indígena, intimidando y presionando al legislativo y a todo el que se oponga a su voluntad. El arma de Petro siempre ha sido la violencia y generar el caos, algo connatural en los tiranos.

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El insulto del presidente contra Cepeda fue presenciado en primera fila por Armando Benedetti y Gustavo Bolívar, dos oscuros personajes que, haciendo de fantoches, celebraban, muertos de risa, la vulgaridad de su jefe. De Benedetti se dice que le guarda secretos al presidente sobre la financiación ilícita de su campaña y su vida privada, que, si se publicaran, podrían tumbarlo. Tiene “secuestrado” al presidente, y este, para consentirlo, lo nombra en cargos importantes para tenerlo callado. Bolívar es un adulador que, sin pudor, le confesó públicamente su “amor” al presidente en un consejo de ministros: “Yo a usted lo amo, presidente”, le dijo.

El insulto del presidente a Cepeda ha sido rechazado por distintos partidos políticos y sectores de la opinión pública. La actitud asumida por el ofendido ha sido gallarda y de respeto a las instituciones democráticas, expresando que “Nuestra institucionalidad merece un honor perenne, que es mi forma de entender el verdadero HP”, lo que habla bien del senador y su decencia, y muestra como la antítesis de la vulgaridad del presidente.

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El insulto ocurrió en momentos en que el país conocía la carta del excanciller Leyva Durán dirigida al presidente, en la que afirma haber comprobado en París su adicción a las drogas. El tema de las drogas había sido abordado antes por la periodista María Jimena Duzán en una columna-carta publicada en la revista Cambio (noviembre de 2023), y el ministro Benedetti también insinuó el problema del presidente con las drogas en unos audios obtenidos por la revista Semana.

Algunos comportamientos del presidente producen alarma e indican que su conducta puede no ser normal. Entre ellos, sus constantes y misteriosas desapariciones (la de París es una), su mitomanía patológica, el incumplimiento habitual de su agenda y compromisos, el hecho de dejar plantados a otras autoridades, sus ofensas contra opositores, su lenguaje ramplón, los tuits publicados durante la crisis con EE. UU., escritos en un lenguaje confuso que parecían redactados por alguien que no estaba en sano juicio, además de una serie de cuestionamientos sobre su vida privada. Estos hechos son indicios, al menos, de que el presidente no está en su cabal estado de salud mental, lo que ha motivado la presentación de una proposición en el Congreso por el representante Christian Garcés, para que el presidente sea sometido a exámenes médicos con el fin de determinar su capacidad mental y si está apto o no para ejercer la presidencia de la República.

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En Colombia hay leyes y toda clase de “ías” para investigar y sancionar cualquier hecho; sin embargo, la Comisión de Acusaciones —órgano competente para juzgar al presidente— es inoperante porque nunca sanciona a un presidente, por mucha evidencia en contra que haya. Nada le pasará a Petro por el insulto al presidente del Congreso, y pronto el escándalo será superado por otro que surja en este maravilloso país donde la justicia es para los de ruana. En un país serio, el presidente ya habría sido destituido.

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