
Tal y como lo señala el aforismo popular, un mar en calma no forma buenos marineros, y también nos enseña el adagio chino, que entre más fuerte es el fuego, mejor se tiempla el acero. Es mucha templanza lo que se requiere en el presente cuatrienio para gobernar y legislar en Colombia. Se requiere de un presidente y un Congreso de verdad para la historia. Vivimos en un país realmente muy polarizado, donde hace carrera el fanatismo y la idolatría por ciertos personajes de la vida nacional. Por otro lado, vemos a un país muy dividido en doctrinas ideológicas que van desde la extrema izquierda, el centro, la extrema derecha y la extrema coherencia. Pero en este momento aciago que vive el país, todos le apostamos a que cese la horrible noche y se derramen nuevas auroras para nuestra nación.
Vivimos en un país que resistió sesenta años de guerra dejando como saldo 16 subregiones y 170 municipios que vivieron en carne propia el rigor de la violencia poniendo los muertos durante el conflicto interno. Hoy no se ha logrado la paz, pese a los acuerdos de La Habana, vuelve y se nos escurre como agua entre las manos la paz tan anhelada y esquiva. Colombia está viviendo momentos de inseguridad urbana y rural, se requieren unos departamentos y municipios más seguros. La violencia hace carrera y por doquier en nuestra patria. Pese a vivir en un estado social de derecho, nos sentimos prisioneros en nuestro propio territorio y con miedo. Con anterioridad a ligeros pincelazos decíamos que los mayores problemas del país eran la corrupción, la pobreza, la desigualdad, el desempleo, la falta de oportunidades y de ingreso y la violencia. Pero hoy el narcotráfico se remontó arriba de la pirámide como el más grande problema de nuestra nación. Trescientas treinta mil hectáreas de hojas de coca que no sabemos cómo ni donde se esconden en el territorio siguen generando violencia y muertes permeando todas las dimensiones del desarrollo nacional.
Por eso, consideramos que, la paz se convierte en el mayor reto y desafío para el próximo presidente y el congreso de Colombia. Si no logramos vivir en paz no hay confianza para la inversión social ni para la sostenibilidad de la infraestructura económica del país. Solo podremos torcerle el pescuezo a la desigualdad de la nación si podemos circular libremente y sin temor por todo el territorio nacional para trabajar y dinamizar el aparato productivo de la nación. Colombia es un país muy rico en recursos humanos y naturales para convertirse en uno de los mejores países del mundo, donde todos podamos vivir en paz y armonía con nuestras diferencias y coincidencias. Pero hay quienes le apuestan a la paz, y quienes le apuestan a la guerra y a la violencia.

Por eso pienso que el nuevo presidente y el nuevo congreso deben edificar y construir un nuevo modelo de país. Un país próspero y desarrollado con una visión consensuada donde no sea el narcotráfico ni los cultivos ilícitos la mejor fuente económica de ingresos. Colombia es un país muy rico desde el propio subsuelo hasta el campo y su plataforma continental. Un país rico en oro, plata, gas, petróleo, carbón, sal, hidrogeno verde, la industria off shore, la agricultura y la ganadería a gran escala, los productos hidrobiológicos marinos y el turismo en todas sus modalidades, no tiene porqué seguir pensando en el narcotráfico como fuente de ingreso sino diversificar su economía regional, explotarla y comercializarla. Trescientas treinta mil hectáreas explotadas en agricultura y ganadería como alternativa licita de desarrollo representa un gran aporte a la economía y al pib nacional.
Igualmente, pensamos y opinamos que desde las regiones deben llegar voces al concierto nacional que incrementen su capacidad de interlocución con el estado central para que mejore la gobernanza del país con sus regiones. Gane quien gane este año en un país donde las diásporas electorales son muy elásticas y la democracia es muy dinámica, se debe implementar un nuevo modelo de desarrollo nacional. Pienso que debemos aprovechar este momento de efervescencia y calor para apostarle a un país más seguro y desarrollado donde cesen las confrontaciones y se siga pensando más en las próximas generaciones que en las próximas elecciones. Los colombianos debemos quitarnos los guantes, dejar atrás el odio y el rencor y solo mirar el retrovisor para echar para adelante la tripulación que conduce la gobernanza nacional hasta lograr la paz y la inversión social para el desarrollo del país.






