
Para comprender la solidez de una aspiración a las Altas Cortes, es imperativo desglosar la base sobre la cual se sostiene la autoridad. El doctor Leandro Alberto Sampayo Vergara no es un nombre fortuito en el escenario jurídico; es un académico cuya densidad intelectual se refleja en una formación de élite: Abogado, Especialista en Derecho Administrativo, Especialista en Contratación Estatal, Magíster en Derecho, Especialista en Derecho Penal y Procesal Penal, Estudios de Especialización en Gerencia de Hacienda Publica-en curso, Doctor en Derecho (Ph.D.). Esta impresionante hoja de ruta es la que respalda una trayectoria institucional diversa y de alto impacto, habiéndose desempeñado como Director Regional del ICBF Guajira, Asesor en la Contraloría Distrital de Bogotá, Asesor en la Procuraduría General de la Nación en carrera administrativa, Procurador Regional (e), Procurador Judicial Penal, Asesor en el Ministerio del Trabajo y el Senado de la República, además de liderar carteras estratégicas como la Secretaría de Desarrollo Económico de Sincelejo.
Sin embargo, a pesar de estos cargos gerenciales que le otorgan un dominio absoluto de la administración pública, a Sampayo se le reconoce, ante todo, por su profundidad académica. Su perfil trasciende el de un funcionario técnico para situarse en el de un jurista integral. Ha sido catedrático universitario en áreas críticas como Derecho Penal, Administrativo, Contratación Estatal y Mecanismos Alternativos de Solución de Conflictos. Esta faceta, sumada a su rol como columnista en diferentes medios de comunicación, le otorga una visión crítica y humanista que es propia de la judicatura. No es extraño, por tanto, escuchar incluso a los grandes juristas, magistrados y ex magistrados de su tierra e incluso colegas de su tierra afirmar con convicción: “A ese joven Abogado lo veo más en la Corte”.
Su perfil no es el de quien busca el poder administrativo ni político, sino el de quien posee la vocación judicial para interpretar el espíritu de la ley.
Su identidad profesional se selló en este territorio. Sampayo es, por convicción y servicio, un guajiro por adopción. Su paso por la Dirección Regional del ICBF en La Guajira donde ingreso por concurso de méritos, no fue una simple gestión, sino un ejercicio de “derecho en territorio” donde la protección de la niñez indígena exigió combinar la sensibilidad social con la arquitectura legal. Esa fe inquebrantable en el mérito lo llevó luego a la Procuraduría General de la Nación, donde tras superar exigentes concursos, alcanzó pasar el examen adelantado por la CMNSC para integrar la lista de elegibles para escoger las 3 vacantes para desempeñar el cargo de Procurador Delegado ante la Sala Disciplinaria de Juzgamiento, un rol con rango de Magistrado de Corte que lo faculta para juzgar a la élite política del país, desde Senadores hasta Representantes a la Cámara, de igual manera ha sido preseleccionado entre los 10 mejores para ocupar el cargo de Director Seccional de la Rama Judicial en Cesar y Sucre.

A pesar de este currículo blindado, persiste la voz de algunos expertos que sostienen que a una Alta Corte no se debe postular antes de los 60 años, sugiriendo que el sistema de cooptación prioriza la longevidad sobre la competencia. Es momento de que ese criterio sea revaluado; la justicia no puede ser un club de longevidad donde la edad prime sobre la capacidad.
Figuras ilustres como Carlos Gaviria Díaz demostraron que la lucidez no es exclusiva de la senectud. Limitar el acceso al poder judicial por un número en el documento de identidad es ignorar los doctorados, la superioridad técnica y la probidad demostrada. Con solo 41 años, este sucreño con corazón guajiro ya ha llegado a instancias donde muchos veteranos nunca aterrizan: competir hasta fases finales para el Consejo de Estado y el Consejo Superior de la Judicatura, eso denota su preparación e idoneidad.
Dicen los ortodoxos del derecho que para ser Magistrado se necesitan 60 años. Quizás confunden la sabiduría con la lentitud. La justicia moderna no necesita solo años; necesita el dinamismo, la transparencia y la visión de un país que incluya a la Costa Caribe no como una cuota política, sino como una potencia intelectual. Es lamentable que ser costeño y joven aún se perciba como una barrera en ciertos círculos bogotanos, pero la perseverancia de Sampayo es un mensaje claro: el talento caribeño está listo para las Altas Cortes por superioridad técnica, cumplimiento de los requisitos constitucionales, y no por concesión regional. En el complejo camino hacia la Corte Suprema de Justicia y otros concursos, algunos podrían interpretar sus múltiples participaciones en las listas de elegibles como simples intentos; sin embargo, para el ojo clínico del jurista y el creyente, cada postulación ha sido un peldaño de maduración necesaria. Leandro Sampayo no llegara a las puertas de la Corte como un improvisado, sino como un hombre que ha sido “probado en el fuego” del escrutinio público y la alta competencia.
La proyección de Leandro Sampayo Vergara es un mensaje de esperanza. La Guajira ya ha dado frutos excepcionales: mujeres guajiras que han roto el techo de cristal ocupando magistraturas y procuradurías actuales, demostrando que el talento regional no pide permiso. Este es un llamado a los profesionales del Caribe a seguirse forjando bajo la premisa de que el estudio y el mérito deben estar por encima de cualquier elección “a dedo”. El camino de este futuro Magistrado hacia la máxima instancia judicial es la validación de que el esfuerzo académico y la transparencia son las únicas llaves legítimas para transformar la justicia en Colombia.
Como columnista de esta tierra, ustedes saben que cuando escribo lo hago con la seriedad que me caracteriza; estas palabras no son azar, son premoniciones que le pido a Dios ver convertidas en realidad para el bien de nuestra justicia. A los académicos guajiros que me leen, les envío este mensaje de reconocimiento: es hora de valorar las virtudes y cualidades de un profesional que no solo quiere, sino que ha demostrado con creces su capacidad. El ascenso de Leandro Sampayo algún dia a la Magistratura es la validación de que, cuando la preparación se encuentra con el propósito divino, el resultado es una justicia renovada para transformar a Colombia.






