Edicion mayo 29, 2026
La Guajira ante el espejo
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Columnista - Ranzell Elias Saurith Lindo
Columnista – Ranzell Elias Saurith Lindo

Hablar de elecciones en La Guajira es hablar mucho más que de candidatos, campañas o partidos políticos. Es hablar de nuestra historia, de nuestras heridas sociales y también de nuestras posibilidades como pueblo. De cara a las elecciones presidenciales del 31 de mayo y, eventualmente, del 21 de junio, el Departamento enfrenta una decisión que no puede reducirse a simpatías momentáneas o cálculos políticos de corto plazo. Lo que realmente está en juego es la forma en que queremos relacionarnos con el futuro.

La Guajira vive una paradoja que el país conoce, pero pocas veces comprende en toda su dimensión. Somos un territorio inmensamente rico en recursos naturales, diversidad cultural y ubicación estratégica, pero seguimos enfrentando pobreza multidimensional, crisis de agua, desempleo juvenil, debilidad institucional y profundas desigualdades sociales. Mientras el debate nacional gira alrededor de ideologías y polarización, aquí todavía hay comunidades enteras esperando soluciones básicas que nunca terminan de llegar.

Por eso, el primer llamado en estas elecciones debe ser claro: vencer el abstencionismo.

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Abstenerse de votar no es un acto neutral. Cuando disminuye la participación, también se reduce la capacidad del voto libre para equilibrar el poder político. Además, en territorios como La Guajira, donde durante años el debate electoral estuvo atravesado por liderazgos tradicionales, favores y relaciones de dependencia política, cada ciudadano que decide no participar deja un espacio vacío que otros sí están dispuestos a ocupar.

Pero votar, por sí solo, no basta. El verdadero desafío está en cómo estamos tomando nuestras decisiones políticas.

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Estas elecciones presidenciales llegan en un momento particularmente sensible para el departamento. El país debate hoy entre modelos de desarrollo profundamente distintos, y cada uno impacta directamente el futuro económico y social de La Guajira.

Por un lado, existen candidaturas que proponen fortalecer la seguridad, reactivar el aparato productivo tradicional y mantener el extractivismo como motor principal de crecimiento. Ese discurso conecta con sectores del departamento que ven en el carbón, el gas y la inversión privada una fuente necesaria de empleo y estabilidad económica. Y no es una preocupación menor: miles de familias dependen directa o indirectamente de la actividad minera y energética.

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Sin embargo, también es válido preguntarse si continuar apostándole exclusivamente al modelo extractivo resolverá problemas que han permanecido intactos durante décadas. La Guajira ha generado riqueza para el  país, pero gran parte de esa riqueza no se ha traducido en bienestar estructural para muchas de sus comunidades.

Por otro lado, existen propuestas que plantean acelerar la transición energética, fortalecer la inversión social y descentralizar más recursos hacia los territorios. Estas iniciativas conectan con la necesidad urgente de diversificar la economía guajira, fortalecer los servicios públicos y reducir desigualdades históricas. Sin embargo, también generan incertidumbre en sectores que temen que una transición mal planificada pueda afectar el empleo, las regalías y la sostenibilidad económica del departamento, especialmente en un contexto fiscal complejo y ante un Gobierno saliente que deja importantes desafíos financieros para el próximo mandato.

Y justamente ahí está el reto del elector guajiro: no votar desde el miedo ni desde la emoción momentánea, sino desde el análisis responsable.

La pregunta no debería ser únicamente qué candidato “gusta más”, sino cuál entiende realmente la complejidad de La Guajira. ¿Quién tiene propuestas serias para enfrentar la crisis hídrica? ¿Quién plantea alternativas económicas viables para cuando el modelo extractivo pierda fuerza? ¿Quién comprende la importancia de las comunidades Wayuu más allá del discurso simbólico de campaña? ¿Quién propone fortalecer las instituciones locales y no solamente gobernar desde Bogotá?

Porque el futuro del departamento no depende únicamente de discursos sobre seguridad o crecimiento económico. Depende de construir un modelo de desarrollo que combine inversión social, estabilidad económica, fortalecimiento institucional y respeto territorial.

Eso exige ciudadanos informados. Exige leer propuestas, contrastar discursos y entender que las decisiones presidenciales tendrán efectos concretos sobre la vida diaria de los guajiros durante los próximos años. La política energética, la inversión pública, la seguridad fronteriza, el manejo de regalías y la descentralización no son debates lejanos: son decisiones que impactarán directamente el futuro del departamento.

Los Guajiros sabemos que nuestra tierra merece mucho más que aparecer en titulares nacionales únicamente durante las crisis o las campañas electorales. Merece un debate serio sobre desarrollo, oportunidades y dignidad institucional. Merece dejar de ser vista únicamente como un territorio de explotación económica o como una estadística social más del país.

Las elecciones del 31 de mayo y del 21 de junio representan una oportunidad para participar no desde la resignación, sino desde la conciencia. Porque elegir bien no significa encontrar candidatos perfectos; significa entender qué propuestas se acercan más al futuro que queremos construir como sociedad.

Y ese futuro no puede seguir decidiéndose con los ojos cerrados frente al espejo.

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