Edicion abril 24, 2026

La Guajira alza el vuelo: historia, memoria y futuro

La Guajira alza el vuelo: historia, memoria y futuro
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Columnista - Emilsa Rojas Atencio
Columnista – Emilsa Rojas Atencio

La aviación en Colombia trasciende la noción de transporte; es narrar la superación de una nación fragmentada por cordilleras y selvas que, durante siglos, impusieron el aislamiento como destino. En este relieve indómito, el avión no emergió como un objeto de lujo, sino como la respuesta vital para integrar un territorio disperso.

Esta epopeya comenzó formalmente en 1919 con el nacimiento de la Sociedad Colombo-Alemana de Transporte Aéreo (SCADTA), hoy Avianca, convirtiendo a nuestro país en pionero de la aviación comercial en América. Sin embargo, para nosotros, los guajiros, la aviación siempre ha tenido un tinte más personal, como un puente social y afectivo. Como decimos por acá: “a lo tuyo tú”, reconociendo que nuestras potencialidades y fortalezas son los activos que nos vuelven imponentes ante el mundo.

El protagonismo de La Guajira y la memoria del Almirante Padilla

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En la década de los 40, entró en operación el aeropuerto Almirante Padilla. En aquel entonces, no era más que una modesta caseta con un despachador de vuelo y una pista de tierra que levantaba el polvo de nuestras esperanzas. Era una época en la que volar constituía un rito de distinción.

La historia, sin embargo, pudo ser distinta. A comienzos de la década de 1970, se propuso construir un aeropuerto regional en el kilómetro 38, equidistante entre Riohacha y Maicao. La visión era servir a ambas ciudades y a La Guajira, pero los gremios de comerciantes del municipio fronterizo se opusieron. Ante ese panorama, en 1971, la Aeronáutica Civil decidió apostarle a lo propio y comenzó la pavimentación de la pista del aeropuerto de Riohacha, sellando el destino de nuestra conectividad actual.

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Posteriormente, hacia 1976, el aeropuerto se consolidó como un nodo estratégico, impulsado por el auge minero y gasífero que transformaba la economía regional. El Padilla rugía con el paso de varias aerolíneas. Eran los tiempos del boom extractivo; aviones particulares traían a los ingenieros de Texas Petroleum Company, Morrison Knudsen, Intercor, fusionando acentos extranjeros con la identidad local. En 1982, siendo apenas una niña, abordé junto a mis padres una avioneta de Tavina con destino a Barranquilla. A mi lado, mi hermano Edwin Enrique, aún en brazos, compartía una experiencia que simbolizaba a una Guajira que se negaba al rezago.

Más allá de esta línea de tiempo, el Padilla era nuestro punto de encuentro. Evoco con nostalgia momentos que solo nosotros, los criollos, comprendíamos. Ir al aeropuerto no era solo viajar; era también encontrar a quien partía hacia Bogotá para enviarle la encomienda al hijo o a la hija que estaba estudiando allá. ¡Qué tiempos aquellos! Bastaba con llegar y buscar a algún conocido dispuesto a llevar el chivo (especialmente en sesina), el pedazo de queso, el camarón o los dulces típicos. Incluso nuestros paisanos los camaroneros enviaban hasta sus famosas cachirras, un pedacito de mar en una caja. Todos nos conocíamos; el aeropuerto era una extensión de la vida cotidiana. Hoy la dinámica ha cambiado: el flujo de pasajeros y turistas ha crecido, las caras conocidas son menos, pero el impacto es mayor.

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El punto de ruptura: Visión prospectiva

Hoy, la conectividad aérea es el sistema circulatorio de la economía global. El verdadero hito de ruptura estratégica ocurrió en abril de 2026: el inicio de la operación de vuelos nocturnos hacia Bogotá. Este avance marca un antes y un después por tres razones fundamentales:

Alineación Global: Integra a Riohacha a la dinámica de “ciudades-región”, con operatividad 24/7.

Atracción de Capital: Elimina barreras temporales para la inversión.

Autonomía Territorial: Al romper el “silencio aeroportuario”, situándonos al nivel de los principales nodos logísticos del país.

Según cifras recientes, bajo la gestión de Aerooriente, pasamos de 268,841 pasajeros en 2019 a un hito histórico de 628,483 viajeros al cierre de 2024. Con 1,700 pasajeros diarios y la consolidación de Avianca y LATAM, Riohacha ha despegado.

Hacia un ecosistema de desarrollo

Pero la prospectiva nos exige más. No basta con gestionar lo existente; la infraestructura debe estar a la altura de nuestra ambición. La Guajira demanda una ampliación estratégica de su infraestructura aeroportuaria. Debemos evolucionar hacia el modelo de “aerotrópolis” un ecosistema donde el aeropuerto sea el núcleo de servicios, logística y turismo de alto nivel, conectando nuestra riqueza ancestral con los mercados globales mediante una aviación sostenible y digitalizada.

Hoy, La Guajira despega con la certeza de que el cielo no tiene fronteras. La apuesta es clara: transformar cada aterrizaje en bienestar y cada despegue en autonomía territorial. Porque como dice el maestro Rafael Manjarrez en su joya musical Benditos Versos “No sé por qué la Guajira se mete al océano así, como si pelear quisiera, como engreída, como altanera”. Esa misma altanería impulsa hoy a La Guajira a conquistar las nubes.

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