Edicion marzo 13, 2026

LA ALABANZA QUE DEBEMOS RECORDAR

LA ALABANZA QUE DEBEMOS RECORDAR
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Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
Rvdo. Robinson Mejía Iguarán

26. “Tomad este libro de la Ley y ponedlo al lado del Arca del pacto de Jehová, vuestro Dios, que esté allí como testigo contra ti”.

Deuteronomio 31.

Es una bendición, tener mecanismos que nos adviertan contra el pecado constantemente. Sabiendo Dios que Israel le desobedecería y le traicionaría en un futuro cercano, mandó a Moisés a escribir un cántico para que se lo enseñara al pueblo. Se trataba de un cántico (Dt. 32:1-43) qué iba a servir de testigo y testimonio, para cuando Israel sufriera muchos males y angustias, por servir a otros dioses y quebrantar el pacto de Dios.

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Al cantarlo, recordarían que Dios les había advertido que Su justicia no iba a pasar por alto su rebelión. Sin embargo, la debilidad del hombre no puede invalidar la obra de salvación de Dios. Infinito en misericordia, Dios cumplirá Su pacto, aunque el hombre persista en su rebeldía y dureza de corazón.

La gracia redentora se basa en la fidelidad de Dios y no en las obras humanas.

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La Palabra de Dios es eterna. Después de haber visto con sus propios ojos la rebelión de Israel durante 40 años en el desierto, Moisés anuncia que no es optimista respecto al futuro del pueblo. En todo caso, cumple con dejar registrada la Ley en un libro, manda que sea preservado por los levitas que llevan el arca, y se ocupa de leérsela a los ancianos y oficiales.

Solo la persistente enseñanza de la bendición que le sigue a la obediencia y la maldición que resulta de la desobediencia, le habilita la oportunidad al pueblo de arrepentirse de sus malos caminos. La Palabra de Dios es el único parámetro de nuestra vida, la brújula que nos lleva por la ruta correcta. Cualquiera que se aparte de ella andará por caminos pecaminosos y será reo de la ira de Dios.

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La obediencia absoluta a la Palabra es directamente proporcional a un futuro con esperanza.

Aunque Dios sabía que en el futuro Israel lo traicionaría, cumplió por completo con el pacto de la salvación, porque el amor que tiene por Su pueblo, es inmutable. Él ordeno que se escriba un cántico y que sea enseñado a todo el pueblo, para que recuerden la Ley, incluso después de la muerte de Moisés.

Al ser una canción melódica esperaba que no olvidaran la letra. Si no guardamos Su Palabra en nuestros corazones y labios, es muy fácil caer en el camino del pecado por nuestra naturaleza.

Por lo tanto, el fiel debe cumplir con su responsabilidad y transmitir el legado de la fe a la siguiente generación enseñando la Palabra sin cesar, tal como Moisés lo hizo enseñándonos una canción.

Dios nos va formando con Su incesante amor a pesar de conocer todos nuestros pecados y defectos. Dios les guarde.

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