Edicion marzo 7, 2026

JESÚS OBEDECE LA VOLUNTAD DEL PADRE

JESÚS OBEDECE LA VOLUNTAD DEL PADRE
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Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
Rvdo. Robinson Mejía Iguarán

36. Y decía: “¡Abba, Padre!, todas las cosas son posibles para ti. Aparta de mí esta copa, pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”.

Marcos 14.

La oración en Getsemaní es el último campo de guerra espiritual para Jesús antes de Su crucifixión. Acompañado de Sus once discípulos (exceptuando a Judas), se prepara en oración para morir en la cruz. Está angustiado hasta la muerte por la traición de Judas, el abandono de Sus discípulos y de Dios en la cruz.

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Siendo el Hijo de Dios, sin pecado alguno, Él conoce todas nuestras aflicciones. Pide que la cruz, la copa de la aflicción, sea apartada de Él, pero ora para que se haga la voluntad de Dios (v. 36).

La oración no tiene como fin de persuadir a Dios para que se haga nuestra voluntad, sino obedecer y renunciar a nuestra voluntad, por la voluntad soberana de Dios.

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JESÚS OBEDECE LA VOLUNTAD DEL PADRE

Jesús ora, y los discípulos se quedan dormidos. Jesús llama a Pedro por su nombre antiguo, Simón, y le reprende por no poder velar una hora. A la verdad tienen el deseo de velar y orar, pero son vencidos por el sueño debido a la tristeza y el agotamiento físico.

Jesús les exhorta repetidas veces velar y orar para no entrar en tentación, ya que es grande la prueba que les sobrevendrá. Terminado de orar por tercera vez, sabiendo que ha llegado la hora en que será entregado en manos de los pecadores, despierta a los discípulos diciendo: “¡levantaos! ¡Vamos!” (v. 42).

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La única manera de vencer las pruebas y no ser derrotados por las debilidades de la carne es velando y orando.

La oración de Getsemaní contiene no solo el sufrimiento humano de Jesús y Su angustia, sino también la triste súplica al Padre celestial, quien tiene la autoridad de apartar la copa de la cruz. Jesús obedece la voluntad de Dios, venciendo la voluntad humana, y decide seguir por el camino de la misión de la cruz para redimir el pecado de la humanidad.

El esfuerzo de Jesús, que oró con tal anhelo para lograr Su misión, contrasta con la apatía de Sus discípulos que fueron incapaces de permanecer despiertos y orar. Si deseamos recibir la gloria junto al Señor, debemos participar también de Su sufrimiento. El fiel que obedece a la voluntad de Dios velando y orando, puede vencer tranquilamente la tentación y la aflicción

El fiel que vela y ora, obedece la voluntad de Dios y vence la tentación y la prueba del diablo. Dios les guarde.

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