
50. porque todos lo veían, y se asustaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: “¡Tened ánimo! Soy yo, no temáis”. Marcos 6.
Jesús no se deja influenciar por una multitud eufórica. Después del milagro de la alimentación, manda a Sus discípulos a Betsaida para irse a orar al monte, ya que la multitud que está más interesada en los panes, quieren hacerle rey (Jn. 6:15). Cerca de la cuarta vigilia de la noche (entre las 3:00 a.m. y 6:00 a.m.), viendo que los discípulos reman con gran esfuerzo con un viento contrario, Jesús anda sobre el agua.
Así se ve Su amor hacia los suyos y Su soberanía para caminar sobre las aguas. Los discípulos no habían entendido que Jesús es el Hijo de Dios con el milagro, ni creen en Su poder viéndole andar sobre el mar. Jesús tranquiliza a Sus discípulos y calma el viento. Si creemos en el poder de Jesús, tendremos denuedo.
El amor y la misericordia son poderosas para provocar milagros. Cuando Jesús llegó a Genesaret con Sus discípulos, la gente recorría y traía de todas partes enfermos en camillas. Otros eran puestos en la calle por donde Jesús iría a pasar, y al tocar siquiera el borde de Su manto, recibirían sanidad.

Ellos habrían oído el rumor de la sanidad que recibió la mujer con flujo de sangre al tocar el borde del manto de Jesús (Mc. 5:27-29). La gente de Genesaret no escatima su esfuerzo al traer a los enfermos a Jesús. Marcos da testimonio de que todo enfermo que ha tocado el manto de Jesús ha recibido sanidad (v. 56). Son milagros que Jesús concede, considerando el esfuerzo y la pasión de la gente de Genesaret.
Jesús goza del verdadero reposo relacionándose con el Dios Padre a través de la oración. Así, da el ejemplo de la oración y nos enseña sobre los grandes beneficios de orar. Además, Jesús conoce nuestras necesidades y problemas, y nos guía hacia el camino más seguro.
Las crisis que enfrentamos en la vida a menudo estrechan nuestra perspectiva y nos llevan a tratar de resolver los problemas por nuestra propia fuerza, como los discípulos que remaban con esfuerzo en medio de la tormenta. Jesús, quien caminó sobre el mar y calmó las olas, es el Hijo del Dios Todopoderoso. Si creemos en la presencia de nuestro Señor y buscamos Su compañía, podremos disfrutar de la verdadera paz y satisfacción en Él.
Si en los momentos difíciles confiamos en el Señor de poder, que conoce nuestras necesidades, gozaremos de la paz verdadera.
Dios les guarde.






