Cada 2 de febrero, la devoción a la Virgen de los Remedios convive en Riohacha con el proselitismo político. Es una tradición donde la fe y el cálculo electoral caminan de la mano, sin pisarse los talones.

La fiesta de la “Vieja Mello” es la columna vertebral de la identidad riohachera. Se venera a la Virgen en memoria del milagro que salvó a la ciudad de la furia del mar Caribe; cuenta la leyenda que aquel 14 de mayo de 1663, cuando su corona cayó al suelo, el mar se retiró intimidado. Ese día quedó demostrado que la fe mueve montañas y, al parecer, también aceita maquinarias políticas. Aunque el prodigio ocurrió en mayo, la festividad se traslada al día de la Candelaria, una fecha sagrada que, en año electoral, adquiere un valor transaccional: el escenario perfecto para que la devoción religiosa conviva, sin pudor, con la cacería de votos.
El ritual de la plaza
El 2026 es un año electoral y, como es costumbre, los aspirantes al Congreso desfilarán por Riohacha. No vienen exactamente a rezar, aunque crucen los dedos frente al altar; vienen a “dejarse ver”, a posar como creyentes fervorosos y a pedirle a la Patrona el milagro mayor: la credencial. No tienen reparo en convertir la liturgia en un carnaval electoral; la fe es el telón de fondo para discursos reciclados, abrazos ensayados y apretones de manos con sonrisa de valla publicitaria.
El termómetro de esta medición es el Parque Padilla. En año electoral allí no cabe un alma: aspirantes, líderes, mandatarios y los infaltables “lagartos” se dan cita puntual. Incluso el presidente de turno suele aparecer, abriéndose paso entre la multitud en busca de su propio milagro de popularidad.
Mientras los devotos hacen fila desde temprano para recibir su vela, entrar a la catedral y cumplir con la misa antes de la procesión, en la intimidad de algunos hogares, el riohachero —noble y hospitalario— abre las puertas de su casa y organiza desayunos donde el whisky, la comida típica y la parranda vallenata son protagonistas. Así, la celebración muta en una cumbre política y las alianzas se sellan bajo la mirada discreta de la Virgen.
Un paisaje repetido
Desde 1998, cuando asistí por primera vez a esta fiesta, he visto repetirse la historia. En algún momento, la clase política descubrió que la fe del pueblo era tierra fértil para la cosecha de votos, y lo que debería ser impropio terminó siendo una costumbre. Hoy, ver candidatos en campaña cada 2 de febrero es una pieza más del paisaje, tan natural como los mismos almendros del Parque Padilla.
Riohacha vive la política con una pasión que roza el fanatismo. Se rompen amistades y compadrazgos por defender a políticos que, curiosamente, suelen ser los mismos de siempre. Luego sobreviene el lamento colectivo: “No hicieron nada”. Pero es un quejido vacío; son los propios electores quienes, con su voto, terminan por eternizarlos en el poder.

El ciclo del “cuento”
Tras la fiesta, los políticos se marchan. Volverán en cuatro años con el mismo libreto, solo que más gastado, y la gente, una vez más, les “comerá cuento”. Es un ciclo perfecto: el político sale a pescar —no en las aguas del Caribe, sino en la plaza electoral— y la ciudadanía, aun conociendo el truco, muerde el anzuelo y los vuelve a elegir.
Como fiel devoto de la Vieja Mello, voy y le cumplo: agradezco por la salud y la vida. Pero también asisto a las reuniones políticas, no por el tamal que reparten para mitigar el hambre del pueblo, sino como un ejercicio pedagógico para observar la hipocresía y la pleitesía que se le profesa al poder. La Virgen es tan generosa que, a veces, hasta les concede el milagro de salir elegidos a esos politiqueros que ni lo merecen.
Sin embargo, el milagro verdaderamente pendiente no depende de la divinidad, sino de nosotros. Depende de entender que la fe no se negocia y que el voto no es un acto de fe ciega, sino de responsabilidad ciudadana. Mientras eso no ocurra, los milagros seguirán siendo para los mismos de siempre… y las deudas, como de costumbre, para el bolsillo del pobre pueblo riohachero.
Ni siquiera la politiquería ha podido apagar la fe de nuestra tierra: la ‘Vieja Mello’ reina soberana. ¡Virgen de los Remedios, cubre con tu manto sagrado y bendice siempre a Riohacha!
Fabio Olea Massa (Negrindio) Abogado de la Universidad del Atlántico, exjuez de la República, periodista independiente afiliado al CNP.: fabio1962olea@gmail.com






