
7. “¡Bendito el hombre que confía en Jehová, cuya confianza está puesta en Jehová!,
8(a). porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces”.
Jeremías 17:7-8a.
Idolatría es confiar en algo o en alguien más que en Dios. Que el pecado de Judá esté escrito con cincel de hierro y con punta de diamante significa que tiene raíces muy profundas. Por eso, vendrá el juicio de Dios, pues la corrupción y la idolatría está generalizada en todo el pueblo. Además, también han pecado al confiar en los hombres, apartándose de Dios.
Los seres humanos somos parte de la creación, pero no somos dignos de confianza, pues nuestro aliento está en la nariz (Is. 2:22). Judá sufrirá saqueos, será expulsado de su tierra y vivirá como la retama en el desierto (Jer. 17:6), porque morará en tierra deshabitada. Dejemos de confiar en los hombres que no tienen capacidad alguna para ayudarnos y alejémonos de los vanos ídolos de este mundo.
Confiar en los hombres y en los ídolos nos lleva al fracaso; en cambio, la fe en Dios nos conduce a la abundancia. “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso” (Jer. 17:9). Debido al pecado original, el hombre es incapaz de hacer el bien, pues planifica y hace el mal continuamente. No debemos confiar y depender de la imperfección de los hombres, sino solo en Dios. De esta forma, seremos como un “(…) árbol plantado junto a las corrientes de agua, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae (…)” (Sal. 1:3).

Dios es la fuente de agua de vida y solo por medio de Él tendremos vida y bendición de manera constante. No cometamos injusticias, conforme a nuestro corazón corrupto; mejor esforcémonos para obrar en justicia, porque Dios escucha la mente y prueba el corazón.
Es clara la diferencia que hay entre la vida de quien se aleja de Dios y de quien confía en Él firmemente. El primero tiene preocupaciones y temor constantemente, ya que debe hacerse cargo de todo solo. Por eso, su corazón es como una fábrica de ídolos llamados miedo y preocupación. Pero quien espera en Dios goza de vida y bendición en Él, como un árbol plantado junto a un arroyo que recibe agua constante y da frutos abundantes.
De este modo, si obramos siguiendo un corazón necio y mentiroso, nuestras vidas fracasarán. Por el contrario, si confiamos en Dios, el Creador y fuente de vida, tendremos una vida próspera.
¿En quién confía para vivir? Una vida fructífera y bienaventurada es aquella que confía únicamente en Dios y no en la gente. Dios les guarde.






