Edicion abril 28, 2026

En mi pueblo la coherencia solo se exige cuando conviene

En mi pueblo la coherencia solo se exige cuando conviene
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Columnista - José Manuel Moscote Pana “Chema Moscote”
Columnista – José Manuel Moscote Pana “Chema Moscote”

Hay momentos en la vida pública, en los que callar parece lo más fácil pero también lo más irresponsable, este es uno de esos momentos.

He dedicado mi vida al servicio público y al ejercicio del derecho desde múltiples escenarios como litigante, profesor, notario, alcalde, contralor departamental, superintendente, Senador de la República y empresario; no lo menciono por vanidad, sino porque cada uno de esos roles me ha dejado una lección indeleble, la coherencia no siempre es popular, pero siempre es necesaria y les pregunto a quienes me leen ¿De qué sirve la experiencia si no orienta las decisiones difíciles?

Hace unas semanas se cuestionó mi decisión de acompañar la candidatura de Oswaldo Rodríguez Figueroa a la Alcaldía de Fonseca, lo entiendo porque hasta hace poco mi equipo político y yo participamos en la posesión del alcalde encargado que representa al equipo gobernante y a quien hoy apoyo es la oposición, ahí es donde les digo que en política, las decisiones no se miran solo con la razón; muchas veces pesan los afectos, las historias compartidas, las lealtades, la emoción, la cercanía o la lectura parcial de los hechos por eso vale la pena poner las cosas en su justa dimensión.

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Lo digo sin rodeos, esta no fue una decisión improvisada ni oportunista, es una decisión política, sí, pero también jurídica; como es de conocimiento público, soy miembro departamental del Partido de la U, que hoy respalda esta candidatura, y como hombre de instituciones creo firmemente en el respeto por las reglas de juego, la política no puede seguir siendo el escenario donde las normas se interpretan según la conveniencia del momento.

Pero hay un elemento aún más delicado, la seguridad jurídica de Fonseca, entendiendo que quienes hemos tenido la responsabilidad de administrar lo público sabemos que no se gobierna solo con votos, se gobierna también con legalidad y cuando sobre una candidatura pesan advertencias claras de eventuales inhabilidades y demandas, el riesgo no es personal, es colectivo; es el municipio entero el que termina pagando las consecuencias de la incertidumbre jurídica, del desgaste institucional y de la parálisis administrativa y en eso no estoy dispuesto a que Fonseca regrese a escenarios de inestabilidad por decisiones que, pudiendo evitarse, se toman con ligereza.

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También hay un tema que para mí pesa tanto como la ley: la palabra. En la vida pública uno puede cambiar de opinión, pero no debería cambiar de principios. Existen compromisos que se construyen y se honran; hace pocos días confluimos con el equipo de PODEMOS en un proyecto que logró consolidar la victoria de Jorge “Nenón” Figueroa, en medio de diferencias que, vale decirlo, se tramitaron con respeto y eso también importa porque dice mucho del tipo de liderazgo que queremos, uno que debate sin destruir.

Ahora bien, que nadie se equivoque: mis decisiones políticas no borran mis afectos. Sigo siendo el mismo primo, el mismo amigo, el mismo colega, el mismo padrino de muchos que hoy están en otra orilla y a ellos les guardo un respeto genuino ¿Desde cuándo pensar distinto nos obliga a romper los vínculos? Recuerdo a todos que la diferencia política no puede convertirse en fractura personal ni en motivo de descalificación.

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Pero, así como pido comprensión, también me permito hacer una pregunta que puede incomodar: ¿por qué cuando otros se reconcilian con quienes ayer eran sus más duros contradictores, después de denuncias, señalamientos e incluso confrontaciones públicas, ahí tá! como dirían los abuelos, eso se celebra como estrategia y cuando uno actúa conforme a su partido, a la ley y a su criterio, ¿entonces se tilda de traición? La memoria, en política, no debería ser tan selectiva.

Y sí, tampoco olvido, sin rencor, pero sin amnesia que en el 2012 muchos de los que hoy cuestionan mis decisiones tomaron otro camino y me dejaron solo, en su momento lo entendí, lo respeté porque así es la política, cambiante, a veces ingrata pero justamente por eso, uno aprende a valorar la consistencia. ¿O es que la coherencia solo se exige cuando conviene?

No pretendo convencer a todos, ni deslegitimar otras aspiraciones pues la democracia se construye desde la diferencia, lo único que reclamo es el derecho y el deber de actuar conforme a mis convicciones, a la ley y a lo que considero mejor para Fonseca.

Hoy, con la tranquilidad que dan los años y las lecciones aprendidas, creo que la opción que representa Oswaldo Rodríguez Figueroa ofrece garantías reales de estabilidad institucional y respeto por el orden jurídico y en un municipio que necesita avanzar sin sobresaltos, eso no es un asunto menor. Es, en realidad, lo esencial.

A quienes no comparten esta visión, mi respeto. A quienes la entienden, mi gratitud y a Fonseca, como siempre, mi compromiso intacto porque al final esto no se trata de nombres, se trata de la confianza en las instituciones, de la seriedad de las decisiones y de la posibilidad de construir un futuro con reglas claras y en eso, como en tantas otras cosas en mi vida no estoy dispuesto a improvisar, eso lo hago cuando compongo mis canciones. 

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