Edicion febrero 18, 2026
En el patio de Manuelito
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Columnista - Henry Peñalver Herrera
Columnista – Henry Peñalver Herrera

El pasado 2 de febrero, el calendario marcó mucho más que una fecha tradicional; para quienes tuvimos el privilegio de cruzar el umbral de una casa que ya es leyenda, fue una cátedra de hospitalidad y afecto. Hablo, por supuesto, de mi visita al patio de Manuelito Salas, ese rincón de Riohacha donde la brisa guajira parece soplar con una cadencia distinta, cargada de camaradería y esa esencia caribeña que solo se cultiva con los años y la buena voluntad.

Desde el momento en que uno pone un pie en su hogar, entiende que Manuelito no es solo un anfitrión; es un imán de buenas voluntades. Me recibió con esa sencillez característica de los hombres que no necesitan imposturas para brillar. Su trato, agradable y genuinamente “buena gente”, desarma cualquier protocolo y te hace sentir, de inmediato, que ese patio es también el tuyo. Hay en él una alegría contagiosa, una satisfacción que no proviene del ego, sino del deber cumplido con la amistad.

Mientras compartíamos una botella de agua (me tocó excusarme al vaso del viejo Parr) que sabía a tertulia de la buena, Manuelito me confesó, con un orgullo que le iluminaba el rostro, el éxito de su más reciente convocatoria. No era para menos, más de 700 de sus amigos acudieron a su llamado. En estos tiempos de individualismo y desconfianza, lograr que tal cantidad de personas se movilice solo por el afecto y el respeto hacia un nombre es una hazaña social. Ese dato no es solo una cifra; es el termómetro de su liderazgo y la prueba irrefutable de que su casa se ha consolidado como el referente político y comercial más vibrante de la capital guajira.

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El patio de Manuelito es hoy el epicentro donde se toman los pulsos de la región y sobre todo del departamento. Allí, entre las sombras del kiosko y el eco de las risas, vi desfilar la historia viva y el presente de nuestra tierra. Era un cuadro fascinante ver compartir alegremente a figuras de la talla de Santa Lopesierra, Edgardito Mejía, Juanlo Gómez, Antenor Durán entre otros. Personalidades de distintos matices, pero unidas por un hilo conductor: el saludo afectuoso a este “amigo de todos” que es Manuelito. Allí no había distinciones jerárquicas; lo que imperaba era el reconocimiento a un hombre que ha sabido tejer puentes donde otros levantan muros.

La jornada estuvo colmada de momentos que se quedan grabados en la retina. Uno de los más bacanos fue observar a Samuelito, quien, en medio del bullicio y la política, buscaba con un anhelo casi poético los ojos verdes de su amada esposa Mónica, como para que el mundo exterior se detuviese por un instante y poder verlos nuevamente juntos, nos recordó que detrás de cada reunión, late el corazón de la familia que merece estar siempre unida.

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No muy lejos, el ambiente cobraba un tinte festivo con la presencia del siempre carismático del “Dandy” criollo “Joche”. Lo vi festejar con ese entusiasmo que lo caracteriza, rodeado de buenos amigos que, atraídos por la magia del patio de Manuelito en la hermosa Guajira, habían llegado de diferentes rincones del país. Porque así es este lugar, un puerto de llegada para quienes buscan la calidez del hogar y la contundencia de una buena charla.

Lo que realmente desborda en la casa de Manuelito Salas es una amistad sin fronteras. Su capacidad para atender, para escuchar y para congregar es un fenómeno que merece ser analizado más allá de la política. Es la victoria del don de gentes. Manuelito ha convertido su bendecido patio en un ágora moderna, un espacio de conciliación y de sueños compartidos donde la palabra aún tiene valor y el abrazo cargado de carcajadas es el sello de los acuerdos infinitos.

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