La campaña sucia contra Abelardo de la Espriella naufraga ante el desespero del oficialismo. Entre tutelas absurdas, jugaditas institucionales y encuestas contundentes, la soberanía popular se impone en el camino hacia la Casa de Nariño.

(Negrindio)
La campaña de la infamia
Esta campaña presidencial pasará a la historia como la más sucia de Colombia. El “Toconabe” (Todos Contra Abelardo) es la campaña negra orquestada en su contra por la justicia, algunos periodistas y el aparato estatal.
Pero todo ha sido inútil. Lejos de debilitarlo, los ataques lo han fortalecido, consolidando su camino hacia la segunda vuelta y dejándolo a un paso de la presidencia.
Han tratado de torpedear su campaña de todas las formas posibles. Jueces ligeros han dictado medidas preventivas exprés, vía tutela, para prohibirle usar la camiseta de la Selección, el nombre de su grupo ‘Defensores de la Patria’ y su eslogan ‘Firmes por la Patria’. Sin embargo, estas prohibiciones han resultado inocuas y hasta risibles.
La ‘manada’ que sigue al candidato se declaró en desobediencia civil contra lo que consideran un flagrante abuso de la justicia y, lejos de acatar estas decisiones absurdas, hoy se ponen más la camiseta, exhiben más el símbolo del movimiento y gritan el eslogan “Firmes con la Patria” con más fuerza.

El desespero del gobierno y su heredero
El desespero del oficialismo ha alcanzado niveles grotescos. En una evidente maniobra para victimizar a Gustavo Petro, la representante Gloria Arizabaleta —fiel escudera del Gobierno, exesposa de Roy Barreras y miembro de la Comisión de Investigación de la Cámara— ordenó la suspensión del cargo del presidente. La intención era clara: permitir que Petro salga a hacer política abiertamente a favor de su heredero, Iván Cepeda.
La temeraria movida violó de forma flagrante el debido proceso, pisoteando la Constitución que deja claro que dicha facultad recae de manera exclusiva en el Senado de la República. El monumental prevaricato fue tan evidente que el Procurador General de la Nación la suspendió de inmediato de su curul.
El tiro les salió por la culata: ante semejante arbitrariedad institucional, la indignación popular crece y Abelardo de la Espriella se fortalece, pues el país entero es testigo de la burda persecución en su contra.

La falacia de la doble nacionalidad
Sienten pasos de animal grande y por eso la persecución contra el ‘Tigre’ arrecia más fuerte y ha caído en el terreno de lo absurdo. Ahora a sus detractores se les ocurrió cuestionar la doble nacionalidad de Abelardo de la Espriella, pretendiendo inventar una inhabilidad inexistente para frenar su llegada a la Casa de Nariño.
Llama la atención la doble moral de la izquierda, que hoy rasga sus vestiduras por la ciudadanía estadounidense de De la Espriella, pero guardó un sepulcral y cómplice silencio frente a la condición colombo-italiana de Gustavo Petro.
No sorprendería que instrumentalicen otra tutela para que un magistrado afín al oficialismo intente inhabilitar al candidato. No obstante, una lectura armónica de los artículos 191 y 197 de la Constitución deja claro que tener otra nacionalidad no es un impedimento para que un colombiano por nacimiento asuma la Jefatura de Estado.
Ninguna artimaña jurídica evitará la derrota de Cepeda. Aquellos exmagistrados que sostienen que De la Espriella está inhabilitado harían bien en repasar el texto constitucional y abandonar el sesgo.
La última puñalada de Iván Cepeda es una denuncia penal contra Abelardo de la Espriella por hechos ocurridos hace más de veinte años, sobre los cuales ya existe una investigación precluida. El desespero de Cepeda es evidente; sabe que la derrota es inevitable.

La alianza con el pueblo
Esas zancadillas no son más que las trampas que utiliza la izquierda radical como “todas las formas de lucha”; una estrategia sucia a la que recurren para doblegar al rival a cualquier costo, porque se niegan a aceptar que el poder se entrega.
Hablan hipócritamente de democracia, pero mienten, difaman y violan la Constitución con tal de evitar la derrota. Lo que no entienden es que el ‘Tigre’ ya selló el acuerdo más importante de todos: un pacto directo con el pueblo soberano para cambiar de raíz la forma de hacer política en Colombia y romper con los mismos de siempre.
Abelardo de la Espriella será presidente por mandato de la ciudadanía; es una decisión del pueblo y de Dios, y no habrá trampa capaz de frenar esa voluntad.
No han podido ni podrán parar al ‘Tigre’. La más reciente encuesta de Atlasintel para la segunda vuelta confirma que el país busca un cambio de rumbo: De la Espriella lidera con un 52.2% en la intención de voto, sobre el 44.5% de Iván Cepeda. El petrismo se quedó sin oxígeno ante el avance de una candidatura que ya se siente imparable.







