Edicion enero 9, 2026

El recuerdo de un trágico accidente de aviación donde perdió la vida un ilustre hijo de Maicao. Y con su esposa se fue a la eternidad

Hernando René Urrea Acosta
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Columnista - Marcos Antonio Barros Pinedo
Columnista – Marcos Antonio Barros Pinedo

Se trata de Hernando René Urrea Acosta y Alba Lux Tamayo de Urrea, a quienes, sin darse cuenta, la premonición les marcó sus destinos.

Porque cuando, por un remoto 16 de julio de 1985, los riohacheros celebrábamos la tradicional fiesta de la Virgen del Carmen, sucedió algo que se podría catalogar como “extraterrenal”, en el seno del importante hogar que en vida conformaron los abogados Hernando René Urrea Acosta y Alba Lux Tamayo de Urrea.

Por aquellos días, en razón de nuestra labor periodística, concertamos para el periódico El Nuevo una entrevista con Hernando René Urrea Acosta, teniendo como punto de referencia su exaltación a la presidencia de la División Aficionada del Fútbol Colombiano (Difútbol).

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Para la época, el joven matrimonio tenía localizada su residencia en el apartamento 401 del edificio Asdrúbal Pimienta, ubicado en la calle quinta con carrera siete del hoy Distrito de Riohacha.

Para cumplir el acordado compromiso, nos dirigimos muy temprano al lugar convenido, donde fuimos acogidos con la mayor cordialidad por los anfitriones, Hernando René y Alba Lux.

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Aún puedo recordar cómo, antes de iniciar la entrevista periodística, Alba Lux, haciendo gala de su natural amabilidad, se dirigió a la cocina con la pretensión de brindarme un tinto, propósito que no logró, pues el conjunto de cristal se desprendió de sus manos, cayendo y destrozándose estrepitosamente contra el piso.

La abogada quedó pálida. Fue tal el nerviosismo, que su esposo, al verla en tal estado, debió tranquilizarla con besos y caricias, haciéndole ingerir también un poco de agua.

Lo sorprendente es que, minutos después, Hernando René Urrea Acosta también se puso nervioso e intempestivamente se paró de la silla que ocupaba. Se dirigió hacia la ventana a divisar el panorama que, a esa hora de la mañana, presentaba un sector céntrico de la legendaria e histórica capital del departamento de La Guajira.

Lo cierto es que, cuando Hernando René asumió tal actitud, estaba un poco ido de la realidad y, por un momento, estuvo tentado a cancelar la entrevista preacordada. No se consideraba a tono para responder mis interrogantes periodísticos, pero como hombre inteligente y responsable, logró su recuperación anímica y, ante nuestra insistencia, asumió el papel de entrevistado que le correspondía en aquella oportunidad.

Una vez finalizada la entrevista con Hernando René Urrea Acosta, su esposa Alba Lux Tamayo de Urrea, quien hasta ese momento había permanecido al margen, en el papel de espectadora, quiso brindarme un jugo de zapote, lo que no alcanzó a lograr, pues, igual que con la taza de tinto, el vaso con el refresco cayó de sus manos, se estrelló contra el piso, produciendo gran estruendo en el apartamento.

Nuevamente quedó Alba Lux afectada por la impresión y, con visible muestra de nerviosismo, exclamó: “¡Dios mío! ¿Qué es lo que me pasa?… ¿Por qué las veces que he intentado brindarle algo a Marcos, todo se me cae de las manos?”

Hernando René Urrea Acosta
Hernando René Urrea Acosta

Acto seguido, Hernando René la tomó nuevamente en sus brazos y le dijo: “Tranquilízate, Alba Lux. Olvida lo sucedido. Ahora nos vamos para la playa a disipar, a compartir un buen momento y darnos un baño en el mar Caribe”.

“¿Nos acompaña, Marcos?”, preguntó el abogado.

“Para mí sería un inmenso honor poder acompañarlos”, respondí.

Salimos del apartamento rumbo a la playa, donde nos ubicamos a escasos metros del muelle turístico. Hernando René sacó de un pequeño maletín una botella de Old Parr y una grabadora de regular tamaño, la cual puso a funcionar con una canción cuya letra es de Hernando Marín Lacouture, interpretada por Juancho Rois y Diomedes Díaz, titulada Lluvia de Verano.

Sirvió tres tragos del escocés y, alzando su vaso como queriendo alcanzar el firmamento, en tono alegre y eufórico exclamó: “Alba Lux, Marcos, brindemos por el futuro de La Guajira y de la División Aficionada del Fútbol Colombiano, Difútbol”.

Después de consumir el trago de Old Parr, el sol se ocultó de manera sorpresiva; las palmeras y sus cocoteros comenzaron a moverse violentamente, bajo la influencia de la fuerte brisa marina, mientras que el mar se tornaba furioso, como en presagio de que algo funesto y grave iba a suceder.

Los fenómenos que se desarrollaron y quedaron descritos atrás no fueron percibidos en su verdadera dimensión. Al calor de los whiskies, habíamos orientado nuestra conversación al tema de la elección de Hernando René Urrea Acosta como máximo dirigente del fútbol aficionado en Colombia y su próximo viaje —acompañado de Alba Lux— a la ciudad de Ramón Castilla, en la República del Perú, como participante de una delegación deportiva y de integración binacional.

Es destacable otro hecho sorprendente: cuando mediaban las 2:00 de la tarde y los jóvenes esposos se disponían a tomar un baño en el mar, surgió una fuerte marejada, alcanzando las olas embravecidas una altura hasta de cuatro metros, lo que obligó a la pareja de abogados a suspender sus intenciones de sumergirse en el mar, y pensar en regresar tranquilos a su apartamento del edificio Asdrúbal Pimienta.

A las 4:00 de la tarde, libábamos los tragos de despedida, pero cuando Hernando René y Alba Lux abandonaron la zona de la playa caribeña, se aplacaron las olas. El sol retornó radiante y terminó el vaivén de las palmeras y sus cocoteros. La brisa marina, que parecía de ultratumba, perdió también su furia.

El 18 de julio de 1985 iniciaron su periplo Hernando René Urrea Acosta y su esposa Alba Lux Tamayo de Urrea, hacia la ciudad de Ramón Castilla, en el Perú, con tránsito por la ciudad de Bogotá, donde al día siguiente abordaron el avión DC-6 HK-1469, de la Fuerza Aérea Colombiana.

Hernando René Urrea Acosta y Alba Lux Tamayo de Urrea .
Hernando René Urrea Acosta y Alba Lux Tamayo de Urrea.

Presidían una delegación de más de 100 deportistas, practicantes del fútbol, atletismo, básquetbol y ciclismo, que participaron en la jornada de integración deportiva binacional de la que antes se habló y que se desarrolló dentro de un marco de cordialidad colombo-peruana.

El 24 de julio de 1985, en horas de la tarde, la delegación deportiva colombiana emprendió el viaje de regreso a la ciudad de Bogotá, en el mismo avión que los había transportado al Perú.

Cuando la nave sobrevolaba las selvas del Amazonas en territorio colombiano, el sistema mecánico comenzó a presentar fallas que los pilotos no lograron controlar, precipitándose a tierra con su carga humana, envuelta en llamas y llevándose a la eternidad a más de 100 vidas valiosas, entre ellas la de Hernando René Urrea Acosta y su dignísima esposa Alba Lux Tamayo de Urrea.

Como era de suponer, la noticia del siniestro fue difundida de inmediato por todas las cadenas radiales y televisivas del país. Las víctimas eran de diferentes ciudades de Colombia.

Lo lamentable es que este avión de la Fuerza Aérea Colombiana, al precipitarse a tierra envuelto en llamas, en fracciones de segundos se llevó consigo las ilusiones y el valor intelectual de un profesional del Derecho de grandes kilates y extraordinarias proyecciones, quien se había fijado como meta en su vida la de llegar a la presidencia de la Federación Colombiana de Fútbol.

Al parodiar a nuestros abuelos, es preciso decir que la pareja Urrea Tamayo recogió ese día sus últimos pasos en el apartamento donde vivían en la ciudad de Riohacha.

Puedo recordar con meridiana claridad que, siendo las 2:00 de la tarde del 24 de julio de 1985, mientras caminaba por la calle quinta con la carrera séptima, pude ver a Hernando René luciendo un traje blanco completo, con corbata roja, y a Alba Lux la vi engalanada con una falda roja y blusa blanca. La pareja accedía precipitadamente al edificio Asdrúbal Pimienta, donde residían.

Ante mi sorpresa por la forma casi desesperada como entraban, y al observar sus miradas, no pude menos que formularme el siguiente interrogante: ¿Será que el doctor Hernando René y la doctora Alba Lux regresaron de su viaje al Perú?

La inquietud y la incertidumbre me obligaron a subir el edificio y llegar al cuarto piso con el propósito de darle la bienvenida y saludar a los esposos. Llamé de manera insistente, tocando la puerta del apartamento 401. Nadie contestó mis requerimientos.

Solo escuché la melodía Lluvia de Verano, la misma que sonó en la grabadora cuando departimos con Hernando René y Alba Lux en las playas de Riohacha aquel 16 de julio de 1985, bajo el incentivo de unos buenos tragos de Old Parr.

Finalizada la melodía, hice un nuevo intento por hacerme notar, con el mismo resultado que en la anterior oportunidad. Tal circunstancia me obligó a abandonar el edificio, convencido de que los jóvenes abogados habían realizado un viaje largo y agotador, y por lo tanto, lo mejor que podrían hacer era darse un merecido descanso.

Con la tranquilidad que nace de la ignorancia de los hechos aciagos, me encontraba en mi residencia de la calle segunda con carrera segunda, muy cerca al mar Caribe, el día 24 de julio de 1985, cuando a eso de las 6:00 de la tarde, como es mi costumbre, encendí mi radio transistor y, ¡cuál sería mi sorpresa!, cuando escuché la infausta noticia de la muerte de Hernando René Urrea Acosta y su esposa Alba Lux Tamayo de Urrea, difundida por la Cadena Radial Caracol.

¡No podía creer lo que escuchaba! Lo anterior, teniendo en cuenta que los había visto horas antes subir a su apartamento en el edificio Asdrúbal Pimienta, pero debí aceptar la realidad cuando, minutos más tarde, la misma Cadena Caracol confirmó el hecho fatal.

Por la admiración y el gran respeto que les profesaba, me invadió la tristeza. Me sobrevino un fuerte dolor de cabeza, que solo pude combatir con una limonada bien caliente y una cápsula de acetaminofén.

El siempre recordado abogado había nacido en la ciudad de Maicao, departamento de La Guajira, el 22 de febrero de 1952, en el hogar formado por Héctor Hernando Urrea y Cirila Acosta.

Contrajo matrimonio con la también abogada Alba Lux Tamayo de Urrea. Se especializaron en Derecho Administrativo en la Universidad de la Sorbona, en París.

Hernando René incursionó además como periodista profesional, acreditado con la Tarjeta Número 6000 otorgada por el Ministerio de Educación Nacional. Fue fundador y director del periódico El Maicaero.

El fútbol fue una de las grandes pasiones de Hernando René Urrea Acosta. Pero se inclinó por la dirigencia en el Comité Municipal de Fútbol de Maicao, antes de viajar a París.

Pero cuando regresó de París, especializado en el área de su profesión, lo primero que hizo fue dialogar con los dirigentes de Riohacha, para lograr la integración del fútbol guajiro. Enarbolando esta bandera, logró ser elegido presidente de la Liga de Fútbol de La Guajira.

La presidencia de la Liga de Fútbol de La Guajira la asumió el 28 de octubre de 1983. Y luego, de manera inesperada, logró su consagración como dirigente deportivo a nivel nacional, al ser elegido presidente de la División Aficionada del Fútbol Colombiano (Difútbol), el 5 de septiembre de 1984.

Hernando René Urrea Acosta asumió el cargo de máximo dirigente del fútbol aficionado en Colombia el 3 de octubre de 1984. Reemplazó a León Londoño Tamayo.

Al analizar las especiales circunstancias que rodearon las vidas de Hernando René Urrea Acosta y su dignísima esposa Alba Lux, creo no equivocarme al decir que el destino, muy temprano, les jugó una mala pasada.

Esa mala pasada estoy seguro también que le impidió llegar a la presidencia de la Federación Colombiana de Fútbol, la cual era su meta para el futuro.

Anoto que mañana 25 de julio, en su natal Maicao, realizarán unos actos especiales en homenaje póstumo por los 40 años de su muerte, que se cumplen hoy 24 de julio de 2025. Allí estarán presentes sus familiares, el alcalde Miguel Felipe Aragón y dirigentes deportivos. El epicentro podría ser en el estadio de fútbol que, con méritos propios, lleva su nombre.

Por último, no nos queda la menor duda de que las embravecidas olas del mar Caribe, el fuerte vaivén de las palmeras y sus cocoteros en las playas de Riohacha, fueron premonitorias aquel 16 de julio de 1985 sobre la muerte de esta joven pareja de abogados, que se estaban proyectando por el sendero de las grandes realizaciones.

Desafortunadamente, y apoyándonos en aquella frase que dice: “El destino es un punto de llegada inevitable en la marcha misteriosa de la vida”, solo atino a decir que el destino de Hernando René Urrea Acosta y de Alba Lux Tamayo de Urrea, nuestro Dios Todopoderoso se los marcó para que perdieran sus vidas en las selvas impenetrables de la Amazonía colombiana.

¡Y… pare de contar!

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