Edicion febrero 23, 2026

EL PATÉTICO FINAL DE LA DESOBEDIENCIA

EL PATÉTICO FINAL DE LA DESOBEDIENCIA
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Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
Rvdo. Robinson Mejía Iguarán

3. “Y a causa de la ira de Jehová contra Jerusalén y Judá, llegó a echarlos de su presencia. Y Sedequías se rebeló contra el rey de Babilonia”.

Jeremías 52.

Terrible es el fin de los que se apartan de Dios y cometen iniquidades. Sedequías fue nombrado rey de Judá por Nabucodonosor, rey de Babilonia. La destrucción de Jerusalén está estrechamente relacionada a la maldad de Sedequías. En un momento de gran crisis, no obedeció a la Palabra de Dios y buscó aliarse con Egipto, para ganar el favor de sus funcionarios. Así puso en riesgo a su país y adelantó el juicio de Dios. Además, cometió idolatría en los lugares altos e incumplió su promesa de dejar libre a los siervos hebreos. Habiendo oído de Jeremías, la Palabra de Dios, Sedequías escogió el camino de la perdición.

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Debido a su ignorancia, espiritual y su desobediencia, Judá es castigado.

Cuanto más grande sea la crisis, recordemos que solo  la Palabra de Dios nos brinda salvación y vida.

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El precio de la obediencia es la bendición; pero el de la desobediencia, maldición. Después de la traición de Sedequías (rey de Judá), el ejército de Babilonia pone sitio a Jerusalén por dieciocho meses, causando una gran hambruna.

Después de esto, el rey y sus hombres de guerra, abren una brecha en el muro de la ciudad, para poder huir. Sin embargo, son capturados en los llanos y son llevados ante Nabucodonosor. Sedequías presencia la muerte de sus hijos, pierde sus ojos y es llevado a Babilonia atado con grilletes. Así se cumple la Palabra de Dios, anunciada por Jeremías (32:3-5). El fin de aquel que no obedece a la Palabra es trágico.

Obedezcamos a la Palabra de Dios, quien nos da paz y protección.

La Palabra de Dios se consuma sin falta. Por eso, tal como lo había predicho Jeremías, Judá es arrasada como resultado de la desobediencia del rey y del pueblo. A pesar de que Dios les enseña el camino de la vida una y otra vez, Sedequías y el pueblo eligen el camino de  la destrucción y la muerte. O sea que la obediencia es lo que separa la vida de la muerte.

Si obedecemos, recibimos la vida eterna; pero si desobedecemos, obtenemos un gran sufrimiento y dolor. No es para nada fácil obedecer, porque solo vemos delante nuestro el placer temporal y la falsa paz.

Sin embargo, si continuamos obedeciendo hasta en lo más pequeño, usando la Palabra de Dios como una brújula, estaremos siguiendo Su camino sin que nos demos cuenta.

Si dejamos pasar la oportunidad de arrepentirnos por ser desobedientes, perderemos también la oportunidad de la salvación.

Dios les guarde.

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