En plena efervescencia del Mundial 2026, los colombianos se juegan en las urnas el destino de su libertad. Dos capitanes y dos visiones opuestas se enfrentan en una final definitiva por la supervivencia republicana.

(Negrindio)
El pitazo inicial: Libertad vs. Comunismo
Ningún partido de los que disputará la Selección Colombia en este Mundial será tan crucial como el que jugará el pueblo en las urnas el próximo 21 de junio. Ese día, el país definirá su destino entre la preservación de la libertad y la democracia, o la deriva hacia el comunismo.
Abelardo de la Espriella, capitán de la selección Democracia, encarna los principios de libertad, orden, seguridad y libre empresa. Su postura defiende la familia, la propiedad privada y el desarrollo nacional; pilares indispensables para reconstruir la nación en ruinas que dejará el petrismo y transformarla, finalmente, en una patria milagro.
En la otra orilla, Iván Cepeda —el heredero natural de Petro— capitanea la selección Comunista. Representante de la ortodoxia más radical de la escuela marxista-leninista, y formado doctrinariamente en la Bulgaria de la Cortina de Hierro, Cepeda aspira a la presidencia con un único propósito: dar continuidad al desastre de la actual administración.
El suyo sería la extensión de un gobierno que ha destruido la economía, el sistema de salud y la seguridad, y que empoderó a los grupos ilegales con una falsa paz que los ha fortalecido territorialmente, aumento la producción de coca y sembró el miedo en la población civil.
Los perfiles de los capitanes
Abelardo de la Espriella, reconocido abogado y hombre de hogar, es padre de cuatro hijos de su matrimonio con la doctora Ana Lucía Pineda. Creyente y formado en los valores tradicionales de la familia colombiana, lleva con orgullo su origen caribeño, reflejado en su carácter alegre y en esa chispa natural del costeño «mamador de gallo».
Como emprendedor exitoso, sabe bien lo que significa generar riqueza a pulso, crear empleo, pagar nómina y cumplir con las obligaciones tributarias. A esto se suma su espíritu altruista y solidario, demostrado al defender causas justas de forma pro bono y al brindar ayuda directa a los damnificados de las recientes inundaciones en el departamento de Córdoba.

En el extremo opuesto está Iván Cepeda, comunista ortodoxo y radical, hijo de padres comunistas. Estudió filosofía en la Bulgaria comunista y su discurso sectario genera desconfianza y polarización, mientras rehúsa sistemáticamente el debate abierto y la confrontación de ideas económicas viables.
Es un tipo apocado al que no se le conoce entorno familiar y que lee sus intervenciones apoyado en papelitos. Sin experiencia previa administrando siquiera una tienda, su paso por el Congreso ha sido estéril para el desarrollo del país; nunca ha promovido una ley que genere empleo o riqueza, limitando su gestión a agendas ideológicas. Su trayectoria se reduce al respaldo a grupos ilegales y la persecución contra Álvaro Uribe.
La decisión del soberano
El partido del próximo domingo es el de la democracia contra el comunismo de izquierda radical, una contienda que será arbitrada por el pueblo a través del voto en las urnas. Como ciudadano libre y consciente: ¿por quién te la juegas?, ¿por la libertad defendida por Abelardo de la Espriella o por la tiranía de Cepeda?
La selección Democracia no puede perder este partido, porque eso significaría la mayor tragedia de nuestra historia republicana. Ya pagamos caro el error de hace cuatro años al elegir a un tipo como Petro, quien no respeta la institucionalidad y deja al país moribundo; Cepeda es peor y llegaría a firmar el acta de defunción de Colombia.

La tragedia del comunismo y el pitazo final
No queremos padecer la tragedia que vive Venezuela: un país en ruinas tras la tiranía impuesta por un modelo comunista que arrasó con la que fuera la nación democrática más rica de Sudamérica. Esa prosperidad y calidad de vida se fueron al traste con las dictaduras de Chávez y Maduro, encargados de calcar en su territorio el fracasado régimen socialista de Cuba. Y ahí está, ante nuestros ojos, la otra tragedia viva que enfrenta el pueblo de Nicaragua.
Si queremos seguir viviendo en libertad, hay que jugársela sin vacilaciones por la democracia para atajar un comunismo que —¡Dios nos libre! — solo trae miseria y muerte a las naciones.
Este domingo 21 de junio vamos a votar con el corazón por la selección Democracia; por nuestro presente, por nuestro futuro y por el bienestar de nuestras familias e hijos. Votaremos para que Colombia sea una patria milagro, donde todos podamos abrazarnos y vivir seguros, en paz y con verdaderas oportunidades de una vida digna.
Decía Ronald Reagan: «Un comunista es alguien que lee a Marx y Lenin. Un anticomunista es alguien que los entiende». El comunismo es un modelo político, económico y social fracasado en el mundo.
¡Viva Colombia libre, en paz y en democracia! ¡Y que también gane la Selección en el Mundial 2026!






