
10. Entonces Jesús dijo: “Haced recostar a la gente”. Había mucha hierba en aquel lugar, y se recostaron como en número de cinco mil hombres.
11. Tomó Jesús aquellos panes y, después de dar gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados, de igual manera hizo con los pescados, dándoles cuanto querían. Juan 6.
En el libro de Juan, Jesús realiza milagros creativos. Cuando se acabó el vino en las bodas de Caná, Jesús convirtió el agua en vino, y más adelante lo vemos sanar a un enfermo en el día de reposo. De esta manera, Jesús resolvió con milagros los problemas del hombre que no tenían solución. Estos hechos sobrenaturales no provenían del sentido común, sino que tenían que ver con la misma fuente de la creación.
Sin embargo, los discípulos todavía estaban detenidos en el mundo natural. Ante la necesidad de alimentar a una gran multitud, Felipe calcula con su razón y Andrés recalca la imposibilidad de repartir una pequeña vianda entre tantos. No podemos juzgar con nuestra perspectiva los problemas que podamos tener. Nuestra confianza debe estar puesta en Jesús, quien tiene el poder para resolver todos nuestros problemas.

Jesús toma cinco panes y dos peces para realizar un milagro creativo y alimentar a una gran multitud hambrienta. Hasta ahora, ha utilizado el mandato (Jn. 2:7;5:8) y la proclamación (Jn. 4:50) para realizar las señales. Pero, en esta ocasión, manda a la multitud a recostarse sobre la hierba (v. 10) y realiza el milagro repartiendo los panes y los peces (v. 11). Se trata de una obra creativa inimaginable para el hombre de la multiplicación sobrenatural. Al ver esta señal, la multitud quiere hacer rey a Jesús, pero Él no vino a ser un político redentor de un pueblo, sino a salvar al mundo entero. Debemos recibir a Jesús como el Rey de reyes y el Mesías divino, el Salvador de toda la humanidad.
La multiplicación de los panes nos muestra que hasta lo más ordinario puede ser utilizado para asombrosos milagros, si son puestas en las manos de Dios. Su reino se difunde y se expande de este modo. A pesar de que la mayoría de la gente cree que hay que pensar y prepararse adecuadamente, calcular detenidamente todo y planificar las cosas minuciosamente, el poder de Dios es tan inmenso, que no se puede experimentar con la razón humana, sino solo con fidelidad y la obediencia al Todopoderoso.
Si deseamos ver milagros, debemos poner nuestras vidas en las manos de Dios por completo, como lo hizo el niño que le entregó los cinco panes y dos pescados.
Una pequeña devoción y una fe firme hacia el Señor son el puente para los milagros. Dios les guarde.






