
Riohacha está a las puertas de una gran transformación urbanística y turística de su historia reciente. El Malecón comienza a perfilarse como una nueva carta de presentación de la capital guajira ante Colombia y el mundo.
Si los cronogramas avanzan como está previsto, diciembre de 2026 podría marcar el momento en que Riohacha estrene una nueva piel frente al Caribe.
No será solamente infraestructura: será la posibilidad de reconciliar a la ciudad con su mar y convertir ese horizonte azul en uno de sus principales motores turísticos.
En esta apuesta aparece el gobernador Jairo Aguilar Deluque, quien ha colocado el turismo entre las prioridades de su administración. Esta extraordinaria obra surgió de la visión del exgobernador Nemesio Rois Garzón, quien presentó el proyecto con su equipo Alberto Ariza Cujia exsecretario de Desarrollo económico y José Emilio Sierra exdirector de turismo del departamento a la comisión nacional de regalías que le aprobado con recursos para su construcción y Jairo Aguilar Deluque emprende esta gran obra para bien de La Guajira y de Riohacha.
El Malecón de seguro se convertirá en uno de los grandes hitos de su gobierno, porque las obras que perduran son las que cambian la vida de la gente.
Riohacha necesita volver a mirarse con orgullo. Su mar no es una frontera, sino una puerta hacia el turismo, la gastronomía, la cultura, la hotelería y oportunidades. El Malecón debe ser una gran vitrina de La Guajira, donde el visitante encuentre nuestra cocina, artesanías, música, historia e identidad.

La obra llega cuando Riohacha necesita oportunidades económicas. El turismo impulsa restaurantes, hoteles, operadores, artesanos, artistas y jóvenes emprendedores. Porque cuando una ciudad construye un espacio turístico de calidad, no solamente construye infraestructura: construye oportunidades.
Pero el Malecón no puede caminar solo. Será necesario garantizar seguridad, limpieza, movilidad, iluminación y una programación cultural permanente.
El Malecón debe convertirse en el corazón de una estrategia capaz de conectar a Riohacha con los grandes destinos de La Guajira. Que la ciudad sea la puerta de entrada y cada municipio, una página diferente de ese gran libro turístico que todavía tenemos por escribir. Ese libro se llamará: Riohacha, un mar de verano.
Convertir el turismo en una verdadera industria requiere visión, planificación y continuidad. Los gobiernos pasan, pero las obras estratégicas deben permanecer. Por eso el Malecón debe convertirse en una política de ciudad y de departamento.
Una obra de esta naturaleza tiene algo de poema y algo de desafío. El mar siempre estuvo allí, paciente, esperando que Riohacha comprendiera que su mayor tesoro no estaba escondido debajo de la tierra, sino extendido frente a sus ojos, con las olas escribiendo cada día una página distinta sobre la arena.
Jairo Aguilar Deluque ha logrado construir una imagen política basada, según su eslogan y programa de gobierno, en el Cumplimiento de la Palabra, la cercanía con las comunidades y una manera carismática y noble de ejercer el liderazgo. Esa relación con la gente resulta fundamental cuando se emprenden proyectos que pretenden transformar territorios.

El Malecón, entonces, no debe ser visto simplemente como un paseo frente al mar.
Debe convertirse en el corazón turístico de una estrategia mucho más amplia. Desde allí pueden conectarse las rutas hacia Camarones, Mayapo, Manaure, Uribia, Cabo de la Vela, Punta Gallinas y tantos otros lugares que hacen de La Guajira un territorio incomparable.
Sería maravilloso que quien visite Riohacha encuentre en el Malecón el primer capítulo de una aventura que lo conduzca por toda La Guajira.
Que la ciudad sea la puerta de entrada y que cada municipio sea una página diferente de ese gran libro turístico que todavía tenemos por escribir. Ese libro se llamará: Riohacha, un mar de verano.
Hay que reconocer que convertir el turismo en una verdadera industria requiere visión, planificación y continuidad. Los gobiernos pasan, pero las obras estratégicas deben permanecer. Por eso el Malecón debe convertirse en una política de ciudad y de departamento, blindada frente a los cambios políticos y administrada con criterios técnicos.

Si diciembre de 2026 se convierte en la fecha de apertura de esta nueva etapa, Riohacha tendrá una oportunidad extraordinaria para decirle a Colombia que La Guajira no solamente es desierto y carbón, sino también mar, cultura, hospitalidad, gastronomía, música y paisajes capaces de enamorar al mundo.
El mar será el gran protagonista de esta historia. Ese mar que durante siglos ha visto llegar pescadores, comerciantes, viajeros y soñadores podrá convertirse ahora en el escenario de una nueva economía. Las olas, como aplausos interminables, podrían acompañar el nacimiento de una nueva Riohacha turística.
Y quizás dentro de algunos años, cuando otros gobernantes ocupen el Palacio de La Marina y nuevas generaciones recorran este espacio, muchos recuerden que hubo una administración que decidió mirar hacia el horizonte y apostar por el turismo. Allí estará el nombre de Jairo Aguilar Deluque asociado a una de las obras que de seguro marcarán su paso por la Gobernación.
El Malecón de Riohacha puede ser mucho más que una obra: puede ser el balcón desde donde La Guajira se asome al mundo. Puede ser el puente entre la ciudad que fuimos y la ciudad que queremos ser; entre el mar que siempre tuvimos y el turismo que todavía estamos aprendiendo a construir. Si las obras son capaces de cambiar el paisaje, esta puede cambiar también la historia. Y cuando el sol de diciembre de 2026 se refleje sobre las aguas del Caribe y las luces del nuevo Malecón comiencen a encenderse, Riohacha podría estar dando el primer paso hacia una nueva era: la era en que su mar deje de ser solamente horizonte y se convierta definitivamente en destino.






