
El efecto de convergencia es un concepto que se usa sobre todo en economía, aunque también aparece en otros campos, y se refiere a la tendencia de países, regiones o economías más pobres a crecer más rápido que las más ricas, de modo que, con el tiempo, sus niveles de ingreso y desarrollo tienden a acercarse.
En economía, la idea central es sencilla: los países con menos capital, tecnología e infraestructura tienen más espacio para crecer. Al invertir, copiar tecnologías ya existentes y mejorar su productividad, pueden avanzar a mayor velocidad que las economías desarrolladas, que ya están cerca de su “techo” de crecimiento.
Este efecto se apoya en la noción de rendimientos decrecientes del capital: cuando un país tiene poco capital, cada nueva inversión genera un impacto grande; en cambio, en países ricos, una inversión adicional suele producir beneficios más modestos.

Se habla principalmente de dos tipos de convergencia. La convergencia absoluta plantea que todos los países, si tienen acceso similar a tecnología y mercados, terminarán alcanzando niveles parecidos de ingreso. La convergencia condicional, más realista, sostiene que los países convergen solo si comparten condiciones similares como educación, estabilidad institucional, políticas económicas y calidad del Estado.
En la práctica, el efecto de convergencia no es automático. Muchos países pobres no logran alcanzar a los ricos debido a problemas como corrupción, baja educación, conflictos internos, desigualdad o malas políticas públicas. Por eso, se observan casos de convergencia (como Corea del Sur o Irlanda) y otros de estancamiento.
En América Latina, incluida Colombia, el efecto de convergencia ha sido parcial y lento. Aunque ha habido crecimiento, este no siempre ha sido suficiente para cerrar de forma sostenida la brecha con las economías más desarrolladas.
En resumen, el efecto de convergencia explica por qué, en teoría, los países más rezagados pueden crecer más rápido y acercarse a los más avanzados, pero también deja claro que el crecimiento depende de instituciones, educación y buenas decisiones económicas, no solo del punto de partida.






