Edicion abril 10, 2026

EL ANHELO Y LA DEVOCIÓN HACIA DIOS

EL ANHELO Y LA DEVOCIÓN HACIA DIOS
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Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
Rvdo. Robinson Mejía Iguarán

1. “Sea, pues, perfecto vuestro corazón para con Jehová, nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos, como en el día de hoy”.  1 Reyes 8.

Después de orar por la dedicación del templo, Salomón bendice al pueblo. Bendice a Dios por la paz en Israel. Paz fue traducida del hebreo menuja que significa reposo, el descanso que les ha concedido en la tierra de Canaán.

En primer lugar, Salomón ruega a Dios por Su presencia, y le pide que incline el corazón del pueblo a Él para guardar la ley. Pide a Dios gracia, considerando la debilidad y la maldad del hombre. Segundo, pide que la justicia divina será instaurada en el pueblo. La palabra causa en la causa de su siervo y de su pueblo Israel (v. 59) corresponde al hebreo mishpat que denota juicio, justicia. La justicia dará a conocer a Dios a las naciones.

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El pueblo de Dios debe amar a su Creador y guardar sus leyes siempre justas.

Salomón celebra la dedicación del templo por catorce días. Son tantos los animales sacrificados que el altar de bronce no da abasto. Hacen un altar en el atrio del templo, para ofrecer sacrificios allí también. El sacrificio de paz es una ofrenda con acción de gracias, en la que queman solo las grosuras y los intestinos del animal como holocausto a Dios y lo que resta, es para compartirlo con el prójimo.

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Comparten muchos bueyes y ovejas en grandes banquetes. Personas de toda la nación desde la entrada de Hamat hasta el río de Egipto (v. 65) han venido a celebrar. Vemos una comunidad ideal, en la que todos sus integrantes se regocijan, rebosan de la gracia de Dios y se bendicen unos a otros, incluyendo a los gobernantes.

Salomón celebra la ceremonia de dedicación con todo su esfuerzo. Como el rey que es, se presenta primero ante Dios para orar y dar el ejemplo de un adorador, e insta a todo Israel a vivir como el pueblo santo de Dios. Él cumple con sus promesas fielmente y es quien da la verdadera paz y bendición.

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El pueblo perfecto de Jehová vive amando con todo su ser y obedeciendo a Dios, quien jamás nos abandona y siempre nos protege. Dios desea que seamos verdaderos adoradores que obedecen a Su Palabra y se dedican a Él con alegría; la alegría se multiplica cuando la comunidad se une para adorar a Dios con todo su corazón, más allá de lo individual.

El fiel que conoce la gracia de Dios se presenta en el lugar de la oración y la devoción. Dios les guarde.

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