Edicion marzo 1, 2026

Departamento de La Guajira próximo a cumplir 60 años

Departamento de La Guajira próximo a cumplir 60 años
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Columnista - Martín Barros Choles
Columnista – Martín Nicolás Barros Choles

El territorio peninsular de Colombia, La Guajira, cumple este primero de julio 60 años de vigencia departamental, creado mediante Acto Legislativo No. 01 de diciembre 28 de 1963, reglamentado por la Ley 19 de 1964, durante el gobierno de Guillermo León Valencia, del Frente Nacional, comenzando a despachar como entidad territorial-administrativa a partir del primero de julio de 1965, designando por decreto al primer gobernador, José Ignacio Vives Echeverría, autor de la iniciativa a favor de La Guajira, en calidad de senador del departamento del Magdalena, donde el territorio guajiro era considerado como provincia del referenciado departamento.

Nacho Vives, para cumplir el requisito exigible en la creación del departamento de La Guajira, falsificó la firma de un concejal del municipio de San Juan del Cesar, de apellido Brito, cariñosamente apodado “Míster”, quien quería pertenecer al Cesar, aunque todavía no era departamento.

La Guajira ha estado al vaivén de muchos cambios. Hizo parte de la provincia española de Santa Marta en el siglo XVI, también fue provincia de Maracaibo, con la gobernación de Coquivacoa, en 1502. La batalla en la Laguna Salá, en 1820, municipio de Riohacha, dirigida por el almirante mulato de origen camaronero, José Prudencio Padilla López, liberó a La Guajira del dominio español.

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En la Confederación Granadina, se unificó al Estado Soberano del Magdalena, dentro de los Estados Unidos de Colombia, en el año 1861. En el año 1891, fue objeto de un diferendo por disputa para quedarse con el territorio peninsular de La Guajira, entre Venezuela y Colombia, logrando ganar este último. En 1911, La Guajira fue categorizada como intendencia; posteriormente fue degradada, bajándola de categoría a comisaría, por tratarse de territorio indígena, con capital Uribia, con sede en Pancho, hoy corregimiento de Manaure, cuando el citado municipio no se había segregado del municipio de Uribia.

Durante el mandato del general Gustavo Rojas Pinilla, quien había derrocado al presidente Laureano Gómez, en el año 1954, elevó la categoría de La Guajira a intendencia, designando como capital a Riohacha, y nombrando como primer intendente a Jorge Villamizar Flores. En La Guajira, además de sus hijos criollos e indígenas (wayuu, carechiles, wiva, adzarios, coguis, arhuacos), también facilitó por vía marítima el ingreso de emigrantes de origen musulmán, procedentes del extinto Imperio Otomano o turco, al igual que libaneses, palestinos, italianos, judíos, caribeños y algunos europeos.

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El departamento de La Guajira fue conformado por siete municipios: Riohacha, Maicao, Uribia, Barrancas, Fonseca, San Juan del Cesar y Villanueva. Este último municipio tenía dos corregimientos, Molino y Urumita, y dos inspecciones de policía: La Jagua del Pilar y El Plan, despreciando incorporar a Manaure Balcones, vecino de El Plan, al territorio guajiro, sin importar que hubiésemos quedado con dos territorios manaureros, uno en el norte y otro en el sur.

Si el departamento del Cesar se hubiese creado primero que La Guajira, hubieran incorporado a Fonseca, San Juan del Cesar y Villanueva. La división estaba trazada en diócesis, entre Valledupar y Riohacha, quedando el departamento con solo cuatro municipios: tres en el norte y uno en el sur, Barrancas. Hoy en día, el único municipio del que no se ha segregado ningún corregimiento es San Juan del Cesar. El récord lo lleva Villanueva, de donde han nacido tres municipios: El Molino, Urumita y La Jagua del Pilar. De Uribia nació el municipio de Manaure; de Riohacha, Dibulla; de Barrancas, Hatonuevo; de Maicao, Albania; y de Fonseca, Distracción; sumando la totalidad de 15 municipios, 6 en el norte y 9 en el sur.

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En la conmemoración de los 60 años de la vida jurídica, es bueno que los guajiros nos hagamos examen de conciencia en silencio, preguntándonos: ¿Qué he hecho o he aportado por mi tierra guajira? ¿Qué hicieron o dejaron de hacer senadores, representantes a la Cámara, gobernadores, alcaldes y demás; diputados y concejales; en su paso como servidores públicos durante un periodo de ejercicio representativo, relacionados con inversiones y construcciones de obras?

Los guajiros somos los únicos culpables del atraso en que nos encontramos. Tuvimos bonanza marimbera, donde en Riohacha se recibieron millonadas de dólares, circulando libremente para manejo de cambios en cajas y Banco de la República. Qué bueno hubiera sido que cada marimbero de los grandes referenciados y recordados hubiese aportado por lo menos un edificio en Riohacha. Algunos lo hicieron, pero faltaron muchos por hacer. Sin embargo, compraron un barrio en el norte de Barranquilla (Los Nogales). El gran beneficiado de la bonanza marimbera fue Barranquilla. También atrajo, antes de ser departamento, las inversiones de los contrabandistas de café, cigarrillos y licores, que se residenciaron a habitar en la “Puerta de Oro”. Algunos residentes en Maicao les sacaban el jugo a operaciones de comercio, pero gastaban las ganancias en Barranquilla.

De las esperanzas sobre el porvenir que generarían las regalías de carbón y gas, no fue más que un sueño de ilusiones fantásticas desvanecidas en tristezas, originadas de un espejismo, utilizado para manipular y engañar, con falsos compromisos y promesas sociales, ejecutando con la fuerza en armas expropiaciones de tierra a campesinos nativos, indígenas y negritudes.

Es inconcebible que La Guajira, en 60 años de creación del departamento, todavía adolezca en por lo menos 12 de los 15 municipios del servicio del agua, no obstante tener muchas fuentes hídricas y ribereñas suficientes y extraer billones de pesos en las explotaciones mineras, esfumándose referidos recursos que recibían el departamento y sus municipios, irrigados en folclores, derroches y apropiación para bolsillos de algunos mandatarios de turno, amangualados con diputados de la Asamblea y concejales; otorgándoles estos facultades a alcaldes y gobernadores para adiciones y empréstitos, pignorando regalías.

Mientras no dispongamos de un buen servicio de agua, no hay forma de avanzar al desarrollo y progreso territorial, eternizando la precariedad y el fracaso, por responsabilidad de quienes nos representan y dirigen, por motivos de desinterés, omisiones y pasividad negativa.

No hemos tenido la suerte del departamento del Cesar, que exigió que el 75% de los trabajadores vinculados a la explotación de carbón, sin distingo de escala de grados clasificada, bien sea directamente por la Drummond o con las subcontratistas, también operadas por los cesarenses. Además, se exigía que los que laboraran en el proyecto debían residenciarse en Valledupar o en municipios cercanos a la mina.

En La Guajira, vincularon menos del 50% de trabajadores nativos en Carbones del Cerrejón, menos del 10% en subcontratistas. Las contrataciones de servicios no estaban a cargo del guajiro, como en el Cesar. También financiaban y subsidiaban gastos de transporte aéreo y terrestre a Bogotá, Barranquilla, Santa Marta, Valledupar y viceversa. Hasta los servicios de hospedaje en Barrancas quedaron quebrados, cuando no eran más de dos hoteles, que le pusieron rival de competencia en hotel a sus visitantes del Cerrejón y urbanizaron la mina para arrendar casas y apartamentos a quienes laboran en el proyecto minero.

En síntesis, el retraso progresivo y el estado deprimente de La Guajira es culpa de una corrupción en línea, que nace desde el centralismo y contamina a quienes nos representan en poderes legislativos y ejecutivos, locales y departamentales, al igual que todos los que acolitan, apoyan y complican con su complicidad en reelecciones populares continuas y perpetuas, negociando votos.

Las nuevas expectativas con el gobierno de Jairo Aguilar Deluque se direccionan a las energías alternativas y al turismo, en un departamento privilegiado por Dios en su ubicación geográfica. Energético, con fronteras terrestres y marítimas, pero desatendido, abandonado y despreciado, desaprovechándose el goce de virtudes explotables, generadoras de beneficios económicos.

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