Edicion marzo 2, 2026

Democracia mal tratada por intereses codiciosos, es mal presagio

Democracia mal tratada por intereses codiciosos, es mal presagio
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Columnista - Martín Barros Choles
Columnista – Martín Nicolás Barros Choles

La democracia está constituida en el pueblo, sin diferencias de estratos sociales, de manera igualitaria, por las personas que habitan comunidades y territorios, para establecer organización político-social, fundamentada en los principios de: igualdad, libertad, solidaridad, tolerancia, pluralismo, justicia social, respeto a las diferencias, normatividades vigentes y derecho de participación ciudadana; para ejercer su propio gobierno, eligiendo gobernantes y representantes en forma directa, mediante elección popular.

Sintetizando, el término democracia significa gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, caracterizada por conservación, renovaciones, transformaciones, innovación, actualizaciones y emprendimientos, direccionado al desarrollo y progreso, en diferentes frentes estructurales. La democracia no es subjetiva, sino objetiva, por condición general. Tampoco exclusiva, en favor y beneficios particulares o de distinguidos personajes.

En Colombia, tenemos disfraz de democracia. Donde predominen y se habitúen prácticas de corrupción y compraventa de votos, deslegitima por completo el sentido democrático. Quienes fingen y simulan representación en instituciones de los poderes públicos, desconocen e ignoran principios democráticos, porque no están al servicio de quienes representan, sino que por el contrario, abandonan a quienes los eligen, omitiendo cumplir compromisos de correspondencia y responsabilidad con sus electores, justificando la negativa en inversión sufragada de compra de votos, apropiándose de derechos que corresponden a todos los demás, en contravía al derecho de igualdad, que debe primar sobre cualquier interés y circunstancia individual de privilegios, favorabilidad y exclusividad.

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El interés general debe siempre primar y estar por encima del particular. En la democracia vigente nuestra, es todo lo contrario, al pueblo lo tienen como objeto de dominio manipulable, sujeto a resignación y conformidad con su suerte, por mandatos sin soberanía popular y beneficios particulares.

Es curioso observar a muchos disque representantes en poderes ejecutivos y legislativos, refiriéndose a democracia, cuando esta en verdad es inexistente, aun cuando la parodien en manifestaciones públicas. La participación ciudadana es efímera, desorientada, desamparada, sin oportunidades laborales que garanticen estabilidad en hogares familiares. De igual forma, no hay facilidades para vinculación de trabajos remunerados a jóvenes, madres cabeza de familia, adultos menores y mayores, sobre todo padres de familia, para solventar el sustento de manutención cotidiano.

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¿De qué sirve tener un Estado Social de Derecho, organizado en República unitaria, con fines esenciales de servir, promover y garantizar derechos y deberes, con autoridades instituidas para proteger a los residentes en su vida, honra, bienes y libertades, cuando estamos desatendidos, acorralados, expuestos a víctimas de violencias, por inseguridad, en acciones terroríficas, perpetradas por organizaciones criminales, con el horror deshumanizado, que aterra, desestabiliza y nos carga de pánico?

Si el pueblo es soberano en democracia, ¿por qué no la hacemos valer castigando a todos aquellos que en nada hayan servido, en favor y beneficio de los territorios que los eligieron durante el periodo de ejercicio, es decir, durante cuatro años? Los pueblos deben tomar conciencia, con sentido de pertenencia. Nunca es tarde para corregir, renacer, restablecer y ser consecuente con los derechos que nos asisten. Existe la costumbre de operaciones clientelistas, dedicadas al negocio de compraventa de votos.

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Por causa de competencia electoral, se desbordan ofertas por quienes disponen de cantidad suficiente de capital para amarrar lotes de electores por un precio. De ahí que no se elijan mejores representantes, sino aquellos que más dineros gastan en campaña. Esa es la razón de estar jodidos como estamos: en pobreza, miseria, inseguridad, desprotección y sin esperanza de oportunidades laborales y servicios, como lo dispone el artículo 25 de la Constitución, que ha quedado como letra muerta por no reflejar en la práctica su contenido dispositivo textual, por desinterés, omisión, ignorancia o premeditación de quienes gobiernan y nos representan.

A raíz de una propuesta del presidente Gustavo Petro, relacionada con una Consulta Popular, de llevarla a cabo por decreto, porque el Senado negó darle concepto favorable. El asunto se ha tornado explosivo, se habla de golpe de Estado, se pide respeto por la separación de poderes y se especula sobre ilegalidades, de manera manipulativa, desinformativa, para generar dudas e incertidumbre, desatando tormentas de locuras desatinadas a los fanáticos en redes sociales, con insultos agrestes. Algunos medios de comunicación también se prestan para engañar y confundir, en defensa de quienes se consideran dueños del poder, atornillados en los mismos.

¿Qué es un concepto, favorable o desfavorable? El concepto no es más que: una opinión, un parecer, un criterio o un juicio; que tiene enfrentado al presidente del poder legislativo, Efraín Cepeda, y al presidente de la República, Gustavo Petro. Cuando ni siquiera se ha publicado el texto documental que fundamenta el concepto negativo desfavorable, aprobado en el Senado. ¿Será un delito consultar al pueblo soberano, sin tener concepto favorable del Senado? ¿Podría la consulta popular configurar golpe de Estado? ¿Es una acción delictiva? ¿Prevaricato? ¿Qué conducta se tipifica, si no existe prohibición expresa, ni decisión judicial? ¿Será el concepto una disposición obligatoria de acatar? El pueblo es superior a quienes lo representan (dirigentes) en poderes e instituciones. Impedir la convocatoria es antidemocrático. Dejen que sea el pueblo autónomo y espontáneo quien diga: Sí o No quiere votar la consulta, sin ninguna forma de presiones, coacción, intimidaciones y bloqueos.

Frase célebre para la historia, del presidente del Senado, Efraín Cepeda: “No se puede acudir al pueblo sin el visto bueno (permiso) del Senado y el Senado no lo dio”. ¿Necesitará el pueblo soberano de permiso para participar activa y masivamente en acciones públicas y convocatoria popular? ¿Qué democracia interpretan, practican y hacen alusión, pidiendo respeto?

La democracia no debe utilizarse como una farsa, para blindar protección, corrupción, caprichos, pretensiones, temeridades y obstáculos. Tampoco para perseguir ni castigar opositores y contradictores; como comúnmente ocurre. Además de la corrupción, a la democracia también la afecta: la incomunicación y desinformación, desidias e ineficiencia pública. Egoísmo, codicia avara, irrespeto, conflictos, violencia e inseguridad. Desatenciones y escasez de oportunidades, por negligencias de servidores públicos y otros tantos; en que diariamente incurren los funcionarios, golpeando o pisoteando la democracia, la misma que mencionan por conveniencia, cuando están en campañas políticas, apuros y peligros.

La soberanía popular nunca puede estar por debajo ni supeditada a quienes nos representan. Esta debe gozar de autonomía y tener potestad en participaciones masivas mediante consultas, referendos, plebiscitos y otros mecanismos de participación popular, para decidir proyectos relevantes de interés general.

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