Edicion marzo 3, 2026

Dejar de elegir promesas y elegir compromisos

Dejar de elegir promesas y elegir compromisos
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Columnista - Luis Alonso Colmenares Rodríguez
Columnista – Luis Alonso Colmenares Rodríguez

Hoy hago un llamado a la solidaridad para quienes resulten elegidos al Congreso de la República el próximo domingo, con la indignación serena de quien conoce de cerca una tierra tan rica en cultura, en luz y en horizontes como castigada por el abandono institucional.

La Guajira ya no necesita más diagnósticos: necesita congresistas que lleguen al Capitolio con la tierra del desierto todavía pegada a los zapatos y con la convicción de que la responsabilidad pública no se agota el día de las elecciones.

El próximo 8 de marzo los colombianos elegiremos un nuevo Congreso. En La Guajira, esa jornada debe tener un significado especial. No se trata únicamente de elegir nombres en un tarjetón; se trata de decidir si los próximos cuatro años serán otro período que se pierde o el comienzo de una transformación real. Por eso es que hago este llamado a quienes aspiran a una curul con votos guajiros: sean solidarios con este territorio, no por caridad, sino por justicia.​

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Las cifras hablan con una elocuencia que debería avergonzarnos a todos. Según el DANE, La Guajira tiene un índice de pobreza multidimensional superior al 39 % que es más de tres veces el promedio nacional de 11,5%. En el municipio de Uribia la pobreza alcanza al 92 % de la población. La mortalidad infantil por desnutrición ha sido históricamente hasta ocho veces más alta que el promedio del país, aunque las cifras muestran una reducción cercana al 40% gracias a estrategias recientes del ICBF que le quitó el negocio a algunos congresistas. Cerca del 60% de las viviendas rurales no tienen acceso directo al agua potable y el 43% de la población no cuenta con una fuente de agua mejorada, porque en La Guajira es el negocio de unos pocos.

Como si la pobreza y la sed no bastaran, las condiciones de inseguridad mantienen a la gente con angustias de que si duermen no saben cómo irán a despertar. La Defensoría del Pueblo ha emitido Alertas Tempranas declarando riesgo extremo para algunos municipios. Más de 600.000 personas están en riesgo. Comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas enfrentan homicidios selectivos, desplazamientos forzados masivos. Es información pública que La Guajira no ha sido ajena a la tragedia del desplazamiento y confinamiento.

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¿Qué le pido, entonces, a los aspirantes que buscan los votos de La Guajira?

Primero, que asuman con convicción la responsabilidad de haber sido elegidos para resolver los problemas de los guajiros y no para robar. Segundo, que se comprometan públicamente con una agenda legislativa específica para el departamento que incluya agua potable, seguridad alimentaria y atención en salud y educación intercultural. Tercero, que lleven a cabo control político riguroso sobre la ejecución de las inversiones que llegan al departamento, porque la corrupción ha sido históricamente la peor sequía de La Guajira, y guajiro es un gentilicio no un sinónimo de corrupción. Cuarto, que impulsen desde el Congreso mecanismos reales de protección para las comunidades que han sido amenazadas por los grupos armados, fiscalizando el cumplimiento de las alertas tempranas que la Defensoría emite pero quedan en el papel.​

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La responsabilidad pública no es un concepto abstracto, “es la obligación concreta de que cada peso público se traduzca en bienestar, en vidas salvadas, en niños que no mueran de sed en un país que tiene dos océanos.” Un congresista elegido con votos guajiros que no regresa periódicamente a rendir cuentas en el departamento, es un congresista que traiciona su mandato.​

No le digo a nadie por quién votar en La Guajira. Solo recordarles a quienes piden el voto que La Guajira no es una circunscripción electoral descartable ni un dato más en las estadísticas de pobreza. Es un territorio con una deuda histórica que el próximo Congreso puede empezar a saldar, con solidaridad genuina, con agenda concreta y con la valentía de enfrentar los intereses que durante décadas han convertido la riqueza natural del departamento en miseria para sus habitantes.

Que este 8 de marzo sea el día en que La Guajira deje de elegir promesas y comience a elegir compromisos.

Y como dijo el filósofo de La Junta: “Se las dejo ahí…” @LColmenaresR

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