Edicion febrero 26, 2026

DE LA EUFORIA NAVIDEÑA AL ALBOROTO POLITIQUERO

DE LA EUFORIA NAVIDEÑA AL ALBOROTO POLITIQUERO
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“El Partido Liberal tiene empuje, pa’ que nadie lo pueda derrotar, López es el pollo, el candidato del Partido Liberal”.

Columnista - Luis Eduardo Acosta Medina
Columnista – Luis Eduardo Acosta Medina

Imposible iniciar nuestra columna de hoy sin que viniera a mi mente la canción “López el pollo”, de la autoría de Rafael Escalona, que grabó con su acordeón y su voz Alfredo Gutiérrez y la incluyó en el corte 6 del Lado A del LP “En carnaval” en el año 1973, constituida entonces esa obra musical en arma de combate efectiva para el triunfo arrollador de López sobre Álvaro Gómez. Eran aquellos tiempos cuando había partidos estatutariamente decorosos y la política se hacía para servir a la gente y no para servirse de la gente. Eran verdaderas organizaciones políticas y no aparatos anacrónicos dispensadores de avales. Era el Liberal el partido de Jorge Eliécer Gaitán y de Uribe Uribe, el del pueblo. Todavía César Gaviria no había acabado con él.

Ha concluido una Navidad maravillosa llena de fiestas, fantasía, arbolitos, pesebres, novenas, reencuentros, encuentros, paseos, bailes y jolgorio, y hemos aterrizado en la cruda realidad. Pasamos de la euforia navideña al alboroto de la politiquería. Evidentemente, con diciembre también pasó a la historia el mejor festival que se realizó en La Guajira durante el año 2025, línea por línea, “El Festival del Dulce de Leche”. Me refiero a “Festival” porque ahora a cualquier fin de semana con tres días de costosos conciertos le llaman así, con dos o tres concursos a los cuales los mismos organizadores no les dan importancia porque lo que les interesa son las galas y la plata de los palcos. El de Monguí fue un festivalazo. Los concursos fueron: el mejor dulce de leche, canciones inéditas libres, canciones inéditas costumbristas, piquería, acordeoneras juveniles, el más comelón de dulces, vara de premio, el caballo de mejor paso, la casa mejor adornada con motivos dulces y navideños y la calle mejor adornada. Cada día terminaba con las presentaciones musicales temáticas. El primer día, la Noche de la Juventud para jóvenes talentos; el segundo, Noche de Cantautores; y la tercera, la Noche de Reconocimientos y Reinas. Las agrupaciones encabezadas por Beto Zabaleta fueron la cereza del postre.

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Hechas las anteriores precisiones festivas, pasamos al otro festín: el de la politiquería y la plata. Sí señor, las componendas están a la orden del día. Se reciben visitas impensables; personajes que uno nunca los ve dando un pésame, visitando un enfermo o dando la mano a un amigo, de un momento a otro se han vuelto visitadores, saludadores, familiares y muy solícitos en los sepelios, aniversarios y novenarios. Sacan a uno que sí da cumplimiento a codazos para meterse ellos a dar hipócritas abrazos a gente de la cual nunca se acordaron durante sus cuatro años precedentes de reinado. Yo, que voy tanto a velorios, he visto en estos días tantas cosas que no sé si reír o llorar. Así es: la ridiculez da risa, pero también dan ganas de llorar por La Guajira a la que todos dicen que la quieren, pero poco hacen por el bienestar colectivo. Y la verdad, hay que pedirle a Dios que sucedan —como lo veo venir— agradables sorpresas electorales para que esta vaina cambie porque venimos mal. Tanto, que hay gente que sostiene que esto se arreglará cuando se produzcan algunas decisiones judiciales que pondrán a más de uno a esconderse detrás de la nevera, de la escoba, en el patio del vecino o a guindarse de la tiranta.

Hemos cambiado para mal. Antes quienes tenían una credencial la usaban para gestionar planes y proyectos de bienestar para su gente. Ahora se usan, como decía Jorge Eliécer Gaitán, para abrir las sucias puertas de la burocracia politiquera y de la corrupción, gestionar puestos para sus sacamicas y sus familiares que les carguen la maleta y para humillar con el poder a eficientes funcionarios.

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Siempre escuchaba a mi padre, quien hacía política para servir a la gente y no para servirse de la gente, que en política todo se paga, que no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague. Más de uno recibirá una pócima de su propia medicina para que no sean tan insensibles, desagradecidos, ingratos e irresponsables. Solo faltan dos meses para que la vida y la más importante de las “IAS”, que es la ciudadanía, les recuerde con el castigo en las urnas que cuando el pájaro está vivo se come a las hormigas, y cuando a él se le parte la cabuya las hormigas se lo comen a él. Con aceite se hace el jabón, pero con el jabón es que se desprende el aceite. Los árboles producen la madera para fabricar millones de fósforos, pero un solo fósforo es suficiente para quemar millones de árboles. Diomedes lo dijo: “La vida es un baile que con el tiempo le damos la vuelta”.

La política tiene que volver a ser un arte útil para el servicio a nuestros semejantes, para hacer efectivos los derechos constitucionales fundamentales de nuestros conciudadanos más vulnerables, para ayudar a mejorar las condiciones de existencia de nuestros hermanos wayuu y no un medio para lograr los súbitos e inexplicables enriquecimientos. Los proyectos económicos no pueden seguir sustituyendo a los proyectos políticos porque eso es inmoral, transmite un mensaje equivocado a las nuevas generaciones y trae implícita una maldición. Porque se puede engañar a unos tontos todo el tiempo, a mucha gente durante algún tiempo, pero a Dios en ningún tiempo. A toda gente bellaca le sucede lo que nos contaba el abuelo: que había un hombre que todo le salía bien porque tenía pacto con el demonio; pagaba en los negocios y le devolvían la plata; llegaba a los bailes y las mujeres dejaban a los novios para irse con él; decía “Yo soy muy de buenas”; se ganaba la lotería sin comprar el quintico y repetía “Es que yo soy muy de buenas”, hasta el día que amaneció de malas: se le olvidó entregar un alma y el diablo vino por él. Lo mismo les sucede a quienes han utilizado la política para hacer negocios mientras mucha gente se muere de física hambre: han sido de buenas hasta ahora, pero tarde o temprano —como a todo puerco— les llegará su San Martín.

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Es lo deseable que este año no vuelvan a perratear la solemne fiesta de la Virgen de Los Remedios con el show de los pescadores de votos, como sucedió en otros años. El año pasado muchos estuvieron ausentes, pero este año no habrá dónde meter tanto mentiroso, demagogo, oportunista, lambón, engañador, encantador de serpientes y triquiñueleros buscando bobos para engañarlos en nombre de La Vieja Mello.

Esto cambiará definitivamente cuando a quien aspire a representarnos o a gobernarnos se le pregunte qué experiencia tiene o qué preparación, y si ya fue elegido o elegida anteriormente, por qué cree que merece que los votantes le renueven su confianza, por qué merece volver a esa dignidad o cargo, cuáles fueron sus ejecutorias, qué tiene para mostrar; que no se les pregunte cuánta plata tiene para aspirar o qué mecenas tiene en el aposento para financiarles. Quienes andan en malos pasos saben a qué atenerse: el pueblo poco se equivoca; quien actúa mal, mal termina porque arriba está el que para abajo ve. Tomándonos el traguito de café, esperamos con paciencia el día de la quema porque estos ojos que habrán de comerse los gusanos de Monguí verán el humo.

Feliz año para mi fanaticada.

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