
Las elecciones de Senado y Cámara de Representante, han perdido furor popular, que caracterizaba la elección de los considerados padres de la patria, por cuanto son los encargados de ejercer el poder legislativo, aprobando leyes, actos legislativos, participando en asuntos de interés nacional, representando por miembros elegidos en los departamentos, para la Cámara, mientras el Senado juega la elección en jurisdicción nacional, en competencia partidista, que dejan muchas regiones sin representación, como viene ocurriendo más de las veces. La Guajira no ha sido ajena a la exclusión, durante tres periodos consecutivos estuvimos sin senador hasta este último periodo por concluir, tenemos dos senadores. Mientras tuvimos ausencias de guajiros en el Senado, el municipio de Sahagún Córdoba tenía cinco senadores.
A La Guajira, en derecho de igualdad, de conformidad con el número de habitantes, le correspondería elegir cuatro representantes, de la misma forma que en los departamentos: Quindío, Risaralda, Sucre y Cesar. Desde hace rato vengo mencionando este asunto, para buscar la validación de otras dos curules, para La Guajira, cuyas gestiones no dependen de más nadie, sino de los políticos guajiros, que exijan los derechos, en cumplimiento requeridos para su formalización, antes de seguir en condiciones similares a los departamentos de Vaupés, Amazonas, Guainía, que están por debajo del 10% de los habitantes de La Guajira. Para los Representantes a la Cámara elegidos, les va personalmente mejor, entre menos representantes tenga el territorio, para la apropiación de beneficios.
Comenzamos a ver campañas políticas volátiles improvisadas por carencia de organizaciones directivas, que la representen. Cada aspirante de listas abiertas a votos preferentes avaladas, por partidos, movimientos u organizaciones políticas populares; tienen que averiguársela o ingeniarse, manejos y costos, logísticos, publicitarios, transportes, eventos y compraventas, de electores, intermediados por líderes corredores mercantiles de votos, lucrándose de ofertas de compraventas de votos en lotes.
Prácticas que degeneran y prostituyen la democracia, pisada por el dinero, a la que nos han acostumbrado, como cultura alternativa de garantía, para el logro de éxito, en el triunfo de una determinada elección popular. Los valores máximos de gastos, fijados por ley, para cada campaña popular, legislativa y ejecutiva, se incumplen y violan, en por lo menos, el 90%, de quienes resultan ganadores. La cuantía oficial a gastar es equivalente a un 10% del costo general que se jugó en campañas, al estilo politiquero, en el círculo clientelista y ferias, mercadeos de votos, negociados a variados precios.

Se ha perdido emociones originadas del furor político. El juego de competencia capitalista ha arrumado calidad intelectual y pensamientos político-social, direccionado a servir, no a enriquecerse ilícitamente, por inversión en negocio de campaña política, aprovechando la elección para despacharse y comportarse: indiferente, inconsecuente, omisivo, pasivo o negativo, con el deber y la obligación; de servir, a quienes representan popularmente, de manera democrática.
Justifican apropiarse de partidas y derechos beneficiosos, en compensación a los costos de la elección, más las ganancias que debe arrojarle, en beneficios pecuniarios que reciba o apropie, durante el término del periodo de duración (4 años). Estas son las consecuencias negativas y funestas, que, de manera constante y reiterada, nos dejan en cada periodo de elección, acolitada por complicidad pasiva, de quienes por necesidad vital o hábito repiten el mal y desgracian el ámbito social democrático, prostituyendo elecciones con las compras de votos.
Las campañas para el Congreso en el territorio nacional están tibias, se nota escasa motivación popular y participación espontánea de electores, cansados, desinteresados y frustrados, de retóricas y falsas promesas de cambios, que terminan en mentiras, porque nada cumplen, desapareciendo. Después de resultar elegidos, esquivan a quienes los eligen, cambian números telefónicos y ordenan a escoltas cubrirlos y cerrar el acercamiento de personas que buscan saludar o preguntar por el trabajo representativo, para tener respuestas informativas, de ofertas y promesas, pregonadas durante las campañas. Pasan los periodos cada cuatro años, más con penas que glorias, sin registrar balances, de acciones, gestiones y obras, es decir no rinden cuentas anuales de sus labores, en representación popular, ni anuncian proyecciones, ni programas positivos, que alberguen esperanza y opaquen la parsimonia aterradora que nos mantiene pasmados y desanimados, con tantas politiquerías y corrupción.
Se ha perdido el sabor místico emotivo que caracterizaban las campañas en las plazas públicas, flameando masivamente los colores de sus banderas, con ovación vibrante, exaltada con vivas el partido tal. Los partidos de papel están diezmados y desacreditados, asimilados a fantasmas, que aparecen con politiquería electoral y luego desaparecen, lucrándose de los pagos por reposiciones de votos y beneficios económicos anuales que reciben de la nación, dizque para funcionamiento, que no se ven.
En esta ocasión las encuestas presidenciales, cuando todavía no se ha inscrito ningún candidato a la presidencia, ha relegado y opacado las campañas de Cámara de Representante y Senado, que se llevarán a cabo en menos de dos meses. Las agendas de aspirantes en listas se concentran en reuniones grupales o privadas, ofertando negocios de votos, utilizados para amarrar compromisos con electores, retribuyendo en dinero el valor tranzado en la comercialización ilícita de compraventa de votos.
Como se observa el panorama, de los aspirantes que conforman listas de distintos partidos o bancadas políticas, no se perfilan novedades de transformaciones y cambios, seguirán los mismos vicios, negligencias, apatías y corrupción. Los nuevos que lleguen están atados al régimen imperante, algunos en cuerpo ajeno, otros deambulando por desconexión, en busca de apego. Estas circunstancias inciden en mantener una abstención que sobrepasa el 50% del censo electoral, de personas inconformes, que no se animan y desisten de participar de elecciones votando, aun cuando sea en blanco.
La abstención sigue favoreciendo el comercio de compraventas de votos. Muchas personas de buenas condiciones se atreven a aspirar, con tan mala suerte que terminan ahogados, por no tener capacidad económica para competir, con carteles mercantilistas de votos, de ahí que sigamos en las mismas, estancados. En democracia vender el voto desmerita, desmoraliza, desacredita, avergüenza, descalifica inconformismo y reclamos de derechos en implicados.






