Edicion abril 25, 2026
Águila no caza mosca
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En una visita histórica a la Casa Blanca, el presidente colombiano se enfrenta cara a cara con Donald Trump. Entre reclamos, regalos típicos y una diplomacia de garrote y zanahoria, se dibuja una escena cargada de tensión y humor satírico.

Columnista- Fabio Olea Massa (Negrindio)
Columnista- Fabio Olea Massa (Negrindio)

La llegada a The White House

La imponente camioneta negra se detiene frente a la entrada principal de la Casa Blanca. Un edecán abre la puerta y de ella desciende el gobernante colombiano; Trump lo recibe con una sonrisa de cortesía calculada, extendiendo la mano y rematando el saludo con esa característica palmadita en el brazo con la que suele marcar territorio.

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Petro entra al nido del águila de la política mundial. Trump no es un tipo cordial que invite a otro presidente por mera cortesía; seguramente Marco Rubio le habló al oído y le dijo: «Siéntalo aquí y aquiétalo». Y es que, si algo no define al magnate, es la diplomacia sutil: él habla fuerte y sin rodeos. Difícilmente el presidente colombiano podrá seducirlo con su retórica ambientalista ni convencerlo de su “liderazgo intergaláctico” para salvar el planeta.

El garrote y la zanahoria

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Petro ingresa al Salón Oval en desventaja. Trump, acostumbrado a cantar en su “gallinero”, lo llevará de inmediato al terreno que más le conviene para imponer sus condiciones. Allí le “cantará la tabla” de reclamos, balanceando con frialdad el garrote en una mano y la zanahoria en la otra. ¿Qué le debe Estados Unidos a Colombia como para negociar en igualdad? ¿Y qué puede pedir Petro con ese “rabo de paja” que arrastra? Si se trata de dinero, el margen de éxito es escaso: los gringos no sueltan los “verdes” fácilmente, y menos si el trato no incluye beneficios tangibles para Washington.

El pliego de cargos

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La lista de agravios será larga. Trump le dirá a Petro que su política de “Paz Total” es un fracaso y que los grupos armados hoy son más fuertes; le recordará que la estabilidad de Colombia le ha costado miles de millones de dólares a EE. UU. Le reclamará que, por su decisión de suspender la aspersión aérea, se disparó la producción de coca que llega a Estados Unidos.

No faltará el cobro por su alianza con Maduro, su silencio ante el fraude electoral en Venezuela y la osadía de haberlo llamado “nazi” y “fascista”. Incluso le echará en cara haber instado a soldados estadounidenses a desobedecerlo como comandante en jefe. Trump sacará a relucir las sombras de dineros ilícitos sobre su campaña, su pasividad frente a la migración desbordada y la supuesta complicidad para convertir el Catatumbo en un corredor de narcotráfico; le cobrará su negativa a extraditar a personajes requeridos por los tribunales estadounidenses y lo acusará de poner en peligro la democracia y politizar la justicia.

—Por eso te quitamos la visa —sentenciará el magnate—. Y si hoy estás sentado aquí es porque yo sí quiero al pueblo colombiano, a pesar de tus esfuerzos por destruir nuestra relación estratégica.

Silencio y humildad

Petro, sentado en su pose típica —entrelazando las piernas con las patas de la silla—, escucha el “jalón de orejas” en silencio y traga en seco. Sabe que en boca cerrada no entran moscas y que discutir con Trump es una batalla perdida.

Cuando Mr. Trump por fin lo deja hablar, Petro opta por ensalzar su ego; fingiendo modestia, reconoce que tiene razón y que él “la embarró” por no tener la experiencia que a Trump le sobra. Promete que las cosas van a cambiar y que su único deseo es terminar bien las relaciones. En una jugada audaz, le propone un “relanzamiento” de la agenda e invita a Trump a Cartagena, prometiéndole que Benedetti lo atenderá “a cuerpo de rey”. Como señal de amistad, le regala chicheme y casabe de Ciénaga de Oro, antes de lanzar su petición:

—Señor presidente, necesito más plata para cumplir con sus reclamos… hagamos otro Plan Colombia.

La pipa de la paz

Trump lo mira fijamente, sin fruncir el ceño, y su respuesta es demoledora: —No te daré dinero para que financies la campaña del comunista Cepeda. Pero, para que vivamos en paz, te devuelvo tu visa para que vengas a visitar a Donald… no a mí, sino al Pato Donald, y puedas comer un helado en Central Park mientras Miss Verónica compra ropa y zapatos finos en la Quinta Avenida.

La jornada concluye con un Petro agradecido, llamando a Trump su “nuevo mejor amigo”. Posan sonrientes para la foto oficial, estrechan manos y declaran al mundo que la reunión fue “fructífera”. Trump no viajará a Colombia, pero en su lugar enviará a su secretario de Estado, Marco Rubio (el Halcón), acompañado de su esposa colombiana, a visitar las islas del Rosario.

Y colorín colorado, culmina esta visita histórica con todos felices… al menos hasta que Petro, ya en el avión de regreso, dispare su próximo misil contra Trump por X.  

*Fabio Olea Massa (Negrindio) > Abogado de la Universidad del Atlántico, exjuez de la República, periodista independiente afiliado al CNP. Correo: fabio1962olea@gmail.com

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