
3. “Hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que su padre Amasías había hecho”.
2 Reyes 15.
Azarías (Uzías, 15:13) es coronado rey de Judá; y reina, por 52 años, incluyendo el gobierno compartido con su hijo Jotam (15:5). Como su padre Amasías, ha hecho lo recto ante los ojos de Dios. Sin embargo, tiene un final trágico, ya que es castigado por Dios con lepra, y debe habitar en casa separada. El motivo del castigo está en 2 Crónicas.
Las múltiples victorias bélicas traen soberbia en su corazón, y Azarías trata de ofrecer incienso a Dios en lugar de los sacerdotes cuando brota la lepra en su cuerpo. Por haber levantado su rostro con soberbia contra Dios, fue humillado con lepra, de modo que no pudo levantar su rostro delante de los hombres. Cuidado con apropiarnos del poder que Dios nos concede en Su gracia, con soberbia.
Después de Jeroboam II, Zacarías es coronado como el rey de Israel. Y comienzan los cambios bruscos y repentinos en el reino del norte. Zacarías es considerado como un rey que ha hecho lo malo ante los ojos de Dios, porque no se apartó de los pecados de Jeroboam, al igual que los reyes anteriores.

A los seis meses de haber sido coronado rey, muere por la conspiración de Salum hijo de Jabes. Así se cumple la Palabra de Dios dicha a Jehú, que por haber sido instrumento de juicio divino contra la casa de Acab, sus hijos se sentarán sobre el trono de Israel hasta la cuarta generación (Jehú, Joacaz, Joás, Jeroboam II y Zacarías). Aunque el linaje de Jehú ha sido idolatra, Dios ha cumplido Su promesa por Su fidelidad.
Podemos ser humildes ante Dios cuando recordemos que Él es el Señor de la vida y que todo lo que tenemos viene de Él. Si olvidamos la intención inicial porque hace mucho que llevamos una vida de fe, nos volveremos soberbios y tropezaremos. Un fiel maduro reconoce siempre su debilidad, pregunta siempre la voluntad de Dios y busca Su gracia. Por su parte. Una comunidad sana funciona de acuerdo al principio de la Palabra de Dios.
Dios desea unidad, en vez de disputas y enfrentamientos. Por eso, la comunidad de fe debe esforzarse junta para lograr la unidad y estar atenta a que el proceso y el resultado de alguna obra no se vuelva hostil. Ni Satanás podrá derribar a las personas de fe que permanecen unidas al Señor y entre ellos.
El fiel debe agradecer la bendición que le dio el Señor, ser humilde y esforzarse por formar una comunidad sana.
Dios les guarde.






