Edicion febrero 16, 2026

Manos rojas que no quieren guerra se levantan en La Guajira

Manos rojas que no quieren guerra se levantan en La Guajira
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En las instalaciones del Bienestar Familiar en La Guajira

El viento de la tarde movía una bandera distinta: blanca, completamente blanca, pero atravesada por decenas de manos rojas estampadas con determinación. Se levantó en las instalaciones del Bienestar Familiar en La Guajira como un símbolo poderoso que clama: ¡Alto ahí! La niñez y la adolescencia no van a la guerra.

Cada huella era un llamado a la protección, un recordatorio de que sus derechos no son negociables. Pero la conmemoración no se quedó en los símbolos.

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Desde el Instituto Denzil Escolar, la infancia y la adolescencia llevaron al escenario pequeñas dramatizaciones que retrataron momentos en los que pueden estar en riesgo, como en propuestas engañosas, presiones o silencios impuestos. Con actuaciones sentidas, representaron situaciones que, aunque parecieran lejanas, forman parte de realidades que deben prevenirse.

No fue una puesta en escena cualquiera. Fue una forma valiente de mostrar que aprendieron a identificar el peligro y, sobre todo, que conocen las rutas para protegerse. En cada escena también afirmaron que hablar, confiar en sus familias, acudir a docentes y buscar el apoyo de las instituciones como Bienestar Familiar es el camino para activar la protección y no enfrentar solos ninguna amenaza.

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Hubo silencio cuando terminaron las dramatizaciones. Un silencio reflexivo. Luego, aplausos largos, conscientes. Porque lo que se había visto no era únicamente teatro; era pedagogía viva, era prevención hecha voz.

Durante la jornada, el Bienestar Familiar acompañó cada momento, escuchando, orientando y respaldando las expresiones de niñas, niños y adolescentes, comprometido con la prevención del reclutamiento y con la construcción de entornos protectores donde la niñez pueda crecer segura, estudiar y soñar sin miedo.

La bandera blanca con manos rojas continuó ondeando como una declaración colectiva. En La Guajira, la infancia y la adolescencia no guardan silencio. Se expresan, participan y saben que cuentan con instituciones que respaldan su voz.

Al finalizar, el rojo dejó de ser únicamente un color de alerta. Se convirtió en un sello de compromiso. Porque cuando la manada se une, la guerra no avanza.

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