La primera compañía de Pablo nació en medio de apuntes subrayados y tazas de café, luego de largas horas de repensar el hecho de hacia dónde iría su vida después de graduarse. Estudiaba Negocios Internacionales en la Universidad de La Guajira y como muchos jóvenes en Colombia soñaba con “hacer algo grande” dentro del territorio. La idea surgió en el tratar de descubrir la manera en que podría impulsar y proyectar pequeños negocios del departamento.
No fue una iniciativa que surgió de la nada, se trató del aprovechamiento de cada uno de los recursos que le brindaba la academia y a su vez, el apoyo del cuerpo profesoral de la Alma Máter. En el mundo, según datos del consorcio internacional de investigación Global Entrepreneurship Monitor, 1 de cada 5 jóvenes universitarios han hecho el intento de emprender o crear empresa antes de alcanzar su título profesional. Lo que no cuentan las estadísticas son las jornadas de ensayo y error que viven en la búsqueda del éxito.

De esta manera, nació la Comercializadora Internacional El Rinoceronte, proyecto multiseccional enfocado en productos con cobertura en áreas como: joyería, turismo, producción audiovisual, mercadeo, construcción, vehículos y sector social. El emprendimiento se levantó con solo dos socios y muchas dudas, pero con la motivación de ofertar servicios que abrieran nuevos mercados y lograr así el anhelado posicionamiento.
“Actualmente manejamos una promotora turística que realiza consultorías, asesorías y mejoras para negocios, también una joyería enfocada en la esmeralda colombiana, al igual que una productora audiovisual, lo que nos ha permitido aumentar y crear cargos y vacantes al servicio de la ciudadanía”, comentó Pablo Castrillón Torres, un joven de tan solo 26 años y dueño de la comercializadora.

Hoy, la entidad ha podido impactar a 21 practicantes de Uniguajira y gracias al trabajo conjunto desde 2025 lograron la apertura de la primera oficina en donde prestan los servicios de coordinación logística y gestión de trámites legales a las empresas aliadas. Sin duda, el capital inicial fue la curiosidad.
Para Maylin Guerrero Campo, practicante en la comercializadora y estudiante del programa de Negocios Internacionales de la Alma Máter, la experiencia ha sido clave en su formación, ya que fortaleció habilidades en logística, procesos administrativos y gestión de proyectos. “Ha sido enriquecedor porque he podido aplicar lo aprendido en clase y con ello, comprender de manera integral cómo funciona la organización”, expresó.
El emprendimiento universitario emerge como una respuesta creativa a un mercado laboral en constante cambio, basado en una generación que se niega a esperar su turno. Historias como las de Pablo, demuestran que la universidad no solo es un espacio de teoría, sino que convierte una idea en acción y que confirma que una frase anotada en una hoja de papel tiene la capacidad de cruzar océanos y continentes.







