
15. “Pero la que cayó en buena tierra son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia”.
Lucas 8.
El amor aumenta la gratitud. Jesús recorre diferentes ciudades para predicar el evangelio, y le siguen sus discípulos tiempo completo. Ellos se dedican de lleno al ministerio, sin preocuparse por su sustento gracias al apoyo de las mujeres. Además de Juana, perteneciente a un alto estatus social, y de Magdalena, de la que habían salido siete demonios, muchas mujeres sirven al Señor y a sus discípulos con sus bienes.
Algunas de ellas han recibido sanidad y otras liberación. Jesús no tuvo en cuenta su condición social para hacer milagros, sino que a todos les mostró el mismo amor y la misma gracia; y las mujeres expresaron su gratitud con donaciones. En donde abunda el amor por el Señor, las necesidades de los evangelistas son suplidas de manera sobreabundante.
Las buenas nuevas del reino de Dios es un misterio revelado a los que creen. El Señor habla con parábolas para que entiendan los que tienen oído para oír. La parábola del sembrador trata sobre las diferentes reacciones que adoptan aquellos que oyen la Palabra de Dios. Semillas del mismo tipo fueron sembradas junto al camino, sobre la piedra, entre espinos y en buena tierra.

El parámetro para diferenciar la buena tierra de la mala, es si las semillas sembradas dan abundantes frutos. Las semillas que caen sobre la buena tierra dan muchos frutos. Jesús nos advierte que no es suficiente con oír su Palabra, sino que más importante que esto es abrir nuestro corazón, guardarlo y esforzarnos en dar frutos.
La parábola del sembrador describe metafóricamente como el reino de Dios crece y se expande. Y nos enseña que, así como el granjero siembra esperando una cosecha abundante, quienes predican el mensaje del evangelio deben echar la semilla de la Palabra esperando cosechar cien veces más de lo que plantaron gracias a la vitalidad de la Palabra.
Aunque la Palabra es la misma, los frutos dependerán de la actitud de la persona que la recibe. Solo dará frutos y gozará del secreto del cielo un corazón bondadoso que escuche la Palabra y la obedezca.
El fiel debe sembrar la semilla del evangelio con esmero y recibir la Palabra con un buen corazón. Dios les guarde.






