Edicion marzo 13, 2026

Dadles vosotros de comer

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37a. “Respondiendo él les dijo:— Dadles vosotros de comer…
41. Entonces tomó los cinco panes y los dos peces y, levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes y dio a sus discípulos para que los pusieran delante; también repartió los dos peces entre todos”.
Marcos 6.

Pastor ICBF Riohacha - Robinson Mejía Iguarán
Pastor ICBF Riohacha – Robinson Mejía Iguarán

Jesús conoce nuestras debilidades y necesidades, y las suple. Sintiendo compasión de sus discípulos que no tenían tiempo de comer por las muchas personas que venían, Jesús les ordena descansar un poco. Van aparte a un lugar desierto para descansar y renovarse en fuerzas, pero una gran multitud de personas les siguen hasta allí.

En esa época, los líderes políticos y religiosos solo buscaban beneficios personales, pero ninguno de ellos eran buenos pastores para sus ovejas. Por el contrario, Jesús sigue enseñando la Palabra, incluso en el tiempo de su descanso, por misericordia de la gente. Jesús antepone el cuidado de las almas antes que sus propias necesidades.

Jesús es el Hijo de Dios, el Creador. Más de cinco mil varones acuden a Jesús durante su descanso. El día declina y no tienen qué comer, pero Jesús los alimenta, aun teniendo tan solo cinco panes y dos peces. La repartición de los panes nos recuerda a la Santa Cena: el pan simboliza el cuerpo de Cristo, el pan de vida (Jn. 6:48). Dios alimentó con maná y codornices al pueblo de Israel en el desierto, y Jesús alimenta a muchos en el campo abierto. Las multitudes que comen hasta saciarse dan fe de que Jesús es el Dios del salmo 23.

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Jesús dice a sus discípulos: *Dadles vosotros de comer*, recordándoles su llamado pastoral. Fuimos llamados a repartir dos cosas: la Palabra de Dios y el pan.

El Señor es el Todopoderoso, que con cinco panes y dos peces puede alimentar a más de cinco mil hombres. Por medio de este milagro, Dios nos enseña a no imitarlo a la razón y el sentido común, y a que seamos nosotros mismos un pequeño milagro para Su reino.

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En este pasaje aprendemos que el reino de Dios se forma por medio de la obediencia y la devoción de todos los cristianos. Así,la misericordia por otra alma es el comienzo de toda buena obra y la obediencia a la Palabra es el primer paso para un milagro. De este modo, aunque no tengamos ningún poder, si nos ponemos en las manos del Señor, nos convertiremos en mensajeros de Su poder.

*Y, así como los cinco panes y los dos peces satisficieron a miles de personas en Sus manos, nuestras pequeñas obras pasarán a ser un gran milagro para el reino de Dios. El milagro del reino de Dios se consuma, a través de la devoción y la obediencia del fiel*. Dios les guarde.

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