La música, la memoria y la literatura se encontraron frente al mar en un encuentro cultural que recorrió los vínculos de Gabriel García Márquez con Riohacha y la tradición musical del Caribe colombiano.
Frente al mar, en Playa Nautical Recreations, La Tertulia – Espacio Cultural Independiente reunió en pasados días a un público interesado en descubrir los vínculos entre la música, la literatura y la memoria de Gabriel García Márquez, durante la charla De Riohacha a Macondo: música, memoria y literatura, dirigida por el abogado, columnista y docente guajiro Moisés Carreño.
El encuentro recorrió los episodios familiares que conectan al Nobel de Literatura con Riohacha y La Guajira, desde la historia de sus abuelos, Nicolás Márquez Mejía y Tranquilina Iguarán, hasta el traslado de la familia por distintos lugares del Caribe colombiano antes de establecerse en Aracataca. Un recorrido que permitió reconocer las conexiones entre la historia familiar del escritor y algunos de los elementos que dieron vida al universo de Cien años de soledad.

La música ocupó un lugar central en la conversación. A través de pasajes de Vivir para contarla, Carreño evocó los recuerdos musicales de la familia de Gabo y la presencia de las serenatas, las romanzas y las tradiciones caribeñas en su historia personal.
Uno de los momentos destacados fue la referencia a La diosa coronada, composición del juglar guajiro Leandro Díaz, cuyos versos aparecen en el epígrafe de El amor en los tiempos del cólera. La canción permitió conectar la obra literaria de García Márquez con la riqueza del vallenato y la tradición oral de La Guajira.

También hubo espacio para recordar a Francisco el Hombre, figura emblemática de la tradición juglaresca, y explorar la relación entre el vallenato, el bolero y la narrativa del escritor. Durante la charla sonaron obras como Romanza, de Rosendo Romero; La gota fría, de Emiliano Zuleta, y La patillalera, de Rafael Escalona, además de referencias al álbum Pablo querido, de Pablo Milanés.
El recorrido concluyó con una evocación del Nobel de Literatura que García Márquez recibió en 1982, en Estocolmo, y de la presencia de la música colombiana durante aquella celebración. El cierre estuvo acompañado por El vallenato Nobel, de los Hermanos Zuleta.

La jornada reafirmó el valor de estos espacios culturales independientes para preservar la memoria y reconocer las raíces guajiras presentes en la obra de uno de los escritores más universales de Colombia.
Como expresó Moisés Carreño al finalizar el encuentro: «La música y la literatura son dos formas de combatir el olvido». Una reflexión que resume el espíritu de una noche en la que Riohacha volvió a encontrarse con Macondo a través de las historias, las canciones y la memoria del Caribe.




