Hay medallas que se cuelgan en el pecho y otras que se llevan en el corazón. Las primeras reconocen el resultado de una competencia; las segundas recuerdan todo lo que hubo que superar para llegar hasta allí.
En el atletismo, antes de escuchar el disparo de salida, hay una historia que casi nadie ve: la niña que después de su jornada escolar va a entrenar, los padres que organizan sus horarios para acompañarla, el entrenador que insiste cuando las fuerzas parecen acabarse y una familia que aprende a celebrar tanto las victorias como las derrotas.
Lo sé como madre de Tahis y Talhara, mis hijas, quienes han encontrado en el atletismo un espacio para crecer, aprender a ser disciplinadas y representar con orgullo a La Guajira. Sus múltiples medallas son motivo de alegría, pero para mí hay algo todavía más importante y es verlas descubrir que el esfuerzo, la constancia y la disciplina abren caminos y que los sueños también se construyen paso a paso.
Por eso, cuando hablamos del futuro deportivo de nuestro departamento, no podemos quedarnos contando medallas. Tenemos que preguntarnos cuántas oportunidades estamos construyendo para que nuestros niños y niñas puedan llegar cada vez más lejos.
La Liga Santandereana de Atletismo extendió la invitación al XXXV Festival Nacional de Formación, Preinfantil, Infantil y Prejuvenil Jorge Enrique Mantilla Ceballos, una cita que reúne a jóvenes deportistas de diferentes regiones del país. La programación anunciada contempla los días 9, 10, 11 y 12 de octubre de 2026, en el estadio Luis Enrique Figueroa Rey de la Flora, en Bucaramanga siendo el torneo más importante del país.

Este tipo de encuentros tiene un valor que va más allá de la clasificación y las medallas. Son espacios en los que los atletas en formación miden sus capacidades, conocen otras experiencias, aprenden a competir y comprenden que el deporte exige constancia, preparación y respeto por los demás.
La Guajira tiene razones para mirar esas competencias con esperanza. Tahis y Talhara, como otras promesas de nuestro territorio, demuestran que desde aquí también se puede construir una trayectoria deportiva y dejar en alto el nombre del departamento.
Pero sería un error pensar que el talento, por sí solo, garantiza el éxito.
Detrás de cada atleta debe existir un proceso: entrenadores preparados, escenarios adecuados, implementos deportivos, acompañamiento familiar, atención integral y oportunidades para participar en competencias fuera de su municipio. Cuando alguna de esas piezas falta, el camino se hace más difícil para las familias y para los deportistas.
El talento puede nacer en cualquier barrio de Riohacha, en una comunidad rural o en cualquier municipio de La Guajira. La oportunidad de desarrollarlo no debería depender del lugar donde un niño nace ni de la capacidad económica de sus padres.
A veces hablamos del deporte únicamente cuando un guajiro gana una medalla o consigue una clasificación importante. Celebramos la fotografía del podio, compartimos la noticia y expresamos nuestro orgullo.
Todo eso está bien. Nuestros deportistas merecen reconocimiento.
Sin embargo, el verdadero compromiso comienza después de la celebración cuando llega el momento de garantizar que puedan continuar entrenando, estudiar, alimentarse adecuadamente, recuperarse de sus esfuerzos y participar en nuevas competencias.
El atletismo enseña a esperar el momento correcto, a respetar las reglas y a comprender que el resultado depende de muchas jornadas de preparación. También enseña a perder sin rendirse y a ganar sin creerse superior a los demás.
Son aprendizajes que sirven dentro y fuera de una pista.
Por eso, invertir en deporte formativo es también invertir en convivencia, salud, educación y oportunidades para la juventud. No todos los niños llegarán a representar a Colombia en una competencia internacional, pero todos pueden beneficiarse de una práctica deportiva que fortalezca su disciplina, autoestima y sentido de pertenencia.

En La Guajira necesitamos que las instituciones públicas, las ligas, los clubes, las instituciones educativas y el sector privado trabajen de manera articulada para sostener estos procesos. Necesitamos identificar a los talentos desde edades tempranas, acompañar a sus entrenadores, facilitar la participación en festivales nacionales y establecer programas que no desaparezcan cuando termina una administración.
También debemos reconocer el trabajo silencioso de las familias. En muchos hogares, apoyar a un deportista significa reorganizar el presupuesto, dedicar tiempo a los desplazamientos y acompañar entrenamientos que requieren sacrificios. Ese esfuerzo merece ser tenido en cuenta al diseñar programas de apoyo deportivo.
Como madre, quiero que Tahis y Talhara recuerden sus medallas con alegría, pero también que comprendan que ninguna presea vale más que su salud, su educación, su integridad o la persona en la que se están convirtiendo.
No quiero que el deporte sea únicamente una meta. Quiero que sea una escuela para la vida.
Y como guajira, quiero que su historia nos ayude a mirar a tantos otros niños que entrenan con la misma ilusión, que tienen condiciones para competir y que necesitan una oportunidad para demostrar lo que pueden hacer.
Se debe construir una ruta departamental de deporte formativo que conecte las escuelas deportivas con los clubes, las ligas, las instituciones educativas y los programas de apoyo de los municipios. Esa ruta debe contar con criterios transparentes para identificar talentos, acompañamiento técnico, recursos para participar en competencias y seguimiento a los resultados.
También necesitamos información pública que nos permita saber cuántos niños y niñas practican atletismo, dónde entrenan, qué barreras enfrentan y qué apoyos reciben. No se puede fortalecer aquello que no se conoce ni evaluar una política deportiva sin medir sus resultados.
La Guajira no debe conformarse con descubrir grandes deportistas. Debe crear las condiciones para que puedan crecer.
Porque detrás de Tahis y Talhara hay una posibilidad que nos pertenece a todos: demostrar que el lugar de nacimiento no determina hasta dónde puede llegar una niña cuando encuentra disciplina, acompañamiento y oportunidades.
Las medallas de mis hijas nos llenan de orgullo a todos los guajiros. Pero el verdadero triunfo será que miles de niños guajiros puedan acceder al deporte, descubrir sus capacidades y perseguir sus sueños sin que las dificultades económicas o geográficas les cierren el camino.
La meta no es solamente ganar una carrera.
La meta es construir una Guajira en la que ningún talento tenga que renunciar a su sueño por falta de oportunidades.
Y para llegar allí, necesitamos correr juntos. La Universidad de La Guajira, en cabeza de su rector, Carlos Robles, ya abrió el camino con la entrega de la pista de atletismo: un escenario que representa una oportunidad para descubrir, formar y proyectar nuevos talentos. Ahora es momento de que las instituciones públicas, las ligas deportivas y las empresas privadas sumen esfuerzos para fortalecer los procesos de formación, acompañar a nuestros atletas y garantizar que más niños y niñas puedan competir y soñar en grande. Hagamos de La Guajira el trampolín de los nuevos campeones nacionales, de las futuras figuras del atletismo colombiano y, por qué no, de nuestros próximos campeones olímpicos. Porque el talento ya está aquí; el reto es unir voluntades para que llegue tan lejos como sus sueños.






