Edicion octubre 9, 2026

Innovación educativa, uso de la inteligencia artificial para fortalecer la planeación de clases en la Institución Educativa Técnica Remedios Solano

Uso de la inteligencia artificial para fortalecer la planeación de clases en la Institución Educativa Técnica Remedios Solano.

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Columnista - Alcibíades Núñez Manjarres
Columnista – Alcibíades Núñez Manjarres
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Mientras el mundo discute hasta dónde llegará la inteligencia artificial y cuáles profesiones podrían transformarse con su avance, en un aula de Barrancas, La Guajira, la pregunta comienza a plantearse de una manera diferente: ¿cómo puede utilizarse esta tecnología para ayudar al maestro a preparar mejores clases y favorecer el aprendizaje de sus estudiantes?

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La respuesta empieza a construirse en la Institución Educativa Técnica Remedios Solano, donde los docentes Alcibiades Núñez y Jefersón Arévalo han planteado una propuesta para incorporar la inteligencia artificial (IA) como herramienta de apoyo a la planeación didáctica. No se trata de reemplazar al maestro por una máquina ni de entregarle a un algoritmo la responsabilidad de educar. La propuesta parte precisamente de una convicción contraria: la tecnología puede apoyar al docente, pero educar continúa siendo una tarea profundamente humana. La pandemia de COVID-19 aceleró una transformación que probablemente habría tardado muchos años. De repente, profesores acostumbrados al tablero y al encuentro presencial tuvieron que familiarizarse con YouTube, Classroom, Zoom y otras herramientas digitales. Ahora aparece un nuevo protagonista: la inteligencia artificial.

Herramientas como ChatGPT ofrecen posibilidades para organizar contenidos, formular actividades, diseñar talleres, proponer evaluaciones, generar preguntas problematizadoras y adaptar estrategias de aprendizaje. Pero existe una condición indispensable: el maestro debe saber qué pedir, cómo pedirlo y, especialmente, cómo revisar y contextualizar las respuestas obtenidas. Aquí aparece una palabra que seguramente será cada vez más frecuente en educación: prompt. Se trata de la instrucción que una persona proporciona a un sistema de inteligencia artificial para indicarle qué necesita. Cuanto más clara, contextualizada y precisa sea esa instrucción, mayores posibilidades existen de obtener un resultado útil. En la experiencia planteada en la Institución Educativa Técnica Remedios Solano se propone un prompt maestro para la planeación de clases, adaptable a diferentes asignaturas, grados, temas y periodos. La intención es que la IA ayude a organizar una clase de 60 minutos teniendo en cuenta propósitos de aprendizaje, competencias, saberes previos, evaluación, recursos, contexto de los estudiantes e inclusión educativa.

Uso de la inteligencia artificial para fortalecer la planeación de clases en la Institución Educativa Técnica Remedios Solano.
Uso de la inteligencia artificial para fortalecer la planeación de clases en la Institución Educativa Técnica Remedios Solano.

Un ejemplo se encuentra en una clase de Legislación y Fundamentos Contables para estudiantes de octavo grado, dedicada a los soportes contables. En lugar de comenzar únicamente con definiciones escritas en el tablero, la clase parte de una situación cercana: si un pequeño emprendimiento de Barrancas compra mercancías, vende productos, recibe dinero y paga a sus proveedores, ¿cómo puede demostrar y organizar cada una de esas operaciones?. Los estudiantes observan facturas, recibos de caja, comprobantes de egreso y consignaciones. Identifican fechas, valores, nombres, conceptos y firmas. Después aprenden una secuencia sencilla pero fundamental para comprender la lógica documental de una empresa: Operación económica → Soporte → Registro → Archivo.

Posteriormente llevan el conocimiento a la práctica. Una venta se relaciona con una factura; el ingreso de dinero, con un recibo de caja; un pago, con un comprobante de egreso; y un depósito bancario, con su correspondiente soporte. Luego aparece “Emprendimientos Guajira”, un negocio ficticio mediante el cual los estudiantes deben analizar diferentes operaciones, escoger los documentos adecuados y explicar por qué los utilizarían. Ya no se trata solamente de memorizar conceptos para responder una evaluación: se busca comprender, analizar, decidir y argumentar. Allí radica una de las posibilidades más interesantes de la inteligencia artificial aplicada correctamente a la educación. Puede ayudar al maestro a pasar de una planeación centrada exclusivamente en contenidos a otra organizada alrededor de problemas, actividades, competencias y situaciones relacionadas con el contexto de los estudiantes.

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No todos los estudiantes aprenden de la misma manera ni al mismo ritmo. Por eso, la propuesta incorpora el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), el PIAR y los ajustes razonables. Esto permite contemplar instrucciones más breves, apoyos visuales, actividades fragmentadas, material concreto, tecnologías de apoyo y distintas maneras de demostrar lo aprendido, de acuerdo con las barreras y necesidades identificadas. Un estudiante puede demostrar que comprendió mediante una respuesta escrita; otro puede hacerlo oralmente, utilizando imágenes, clasificando documentos o apoyándose en herramientas tecnológicas. Lo importante es conservar el propósito fundamental del aprendizaje y generar oportunidades reales de participación. Al finalizar, cada estudiante comienza a construir “Mi portafolio de soportes contables”, una carpeta en la que irá incorporando facturas, recibos, comprobantes y consignaciones hasta conformar progresivamente la documentación de un emprendimiento simulado. Este ejemplo permite comprender que el debate educativo no debería limitarse a preguntar si debemos permitir o prohibir la inteligencia artificial en las instituciones educativas. La discusión verdaderamente importante es cómo enseñamos a utilizarla con responsabilidad, criterio pedagógico y pensamiento crítico.

La IA puede ayudar a organizar una clase, sugerir actividades, construir ejercicios y ofrecer alternativas de evaluación. Pero no conoce por sí sola la realidad particular de cada estudiante, no reemplaza la sensibilidad del educador y tampoco puede asumir la responsabilidad ética y pedagógica que implica formar seres humanos. Es el docente quien conoce el aula, observa las dificultades, identifica potencialidades, escucha al estudiante, adapta una explicación, contextualiza los contenidos y decide cuándo una estrategia funciona y cuándo debe cambiarse. Desde Barrancas, La Guajira, esta experiencia deja una enseñanza que puede resultar valiosa para muchas instituciones educativas colombianas: no debemos formar docentes que compitan contra la inteligencia artificial, sino maestros capaces de utilizarla críticamente al servicio de la educación. La tecnología seguirá avanzando. Las herramientas cambiarán y probablemente dentro de pocos años aparecerán posibilidades que hoy apenas imaginamos. Pero habrá algo que ninguna innovación debería desplazar del centro del proceso educativo: la relación entre el maestro y el estudiante. Porque la inteligencia artificial puede ayudarnos a planear una clase. La verdadera inteligencia pedagógica seguirá estando en saber qué hacer con esa planeación cuando el docente entra al aula y tiene frente a él a sus estudiantes.

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