
Villanueva tiene una deuda histórica con su vocación agrícola. Su tierra fértil, sus campesinos laboriosos y esa tradición de cultivar que ha pasado de generación en generación constituyen una de las mayores riquezas del municipio. Pero para que esa riqueza se transforme en desarrollo sostenible hace falta una condición fundamental: garantizar el agua para producir.
Por eso, el Minidistrito de Riego Los Quemao no puede seguir siendo solamente una aspiración de los agricultores villanueveros. Es una necesidad apremiante, una obra que puede convertirse en motor de productividad, generación de empleo y fortalecimiento de la economía rural.
Lo más importante es que no estamos hablando de una idea improvisada. Los estudios para este proyecto existen desde hace más de doce años y, según la información conocida en el municipio, han demostrado su viabilidad. Es decir, una parte fundamental del camino ya está recorrida. Lo que ha faltado es decisión política, voluntad institucional y la capacidad de convertir los documentos técnicos en una obra que transforme el territorio.
Villanueva necesita pasar de los estudios a las acciones. Durante demasiados años, proyectos importantes para el campo han quedado atrapados en archivos, escritorios y promesas. Mientras tanto, el campesino continúa mirando al cielo esperando que la lluvia llegue en el momento preciso para salvar su cosecha.
El agua no puede seguir dependiendo exclusivamente del comportamiento del invierno. En una región como La Guajira, donde las temporadas secas golpean con fuerza la producción agropecuaria, disponer de infraestructura de riego significa darle al campesino una herramienta para planificar, producir y mirar el futuro con mayor seguridad.
Villanueva tiene además una ventaja que no puede desaprovechar: su profunda tradición agrícola y ganadera. Estas dos actividades han sido históricamente las grandes fortalezas económicas del municipio. La tierra está ahí, los productores también y existe conocimiento acumulado durante generaciones. Lo que hace falta es fortalecer las condiciones para que esa vocación produzca mucho más.
En ese escenario aparece una circunstancia que genera esperanza: la presencia de Indalecio Dangond Baquero al frente del Ministerio de Agricultura. Su origen urumitero y sus fuertes raíces villanueveras le otorgan un vínculo especial con esta tierra y con las familias que durante décadas han vivido de la agricultura y la ganadería.
Indalecio no es un extraño para Villanueva. Su historia familiar está profundamente relacionada con esta región. Es hijo del recordado empresario del campo Silvestre “El Mono” Dangond Daza, hombre visionario que estuvo vinculado a la actividad agropecuaria y conocedor de primera mano de las posibilidades y dificultades que enfrenta el campo de esta zona de La Guajira.
También existe un vínculo sentimental y educativo. Indalecio Dangond cursó su educación primaria en el mítico Colegio Santo Tomás, institución que forma parte de la memoria educativa de Villanueva y que tuvo entre sus maestros al inolvidable Rafael Antonio Amaya. Allí quedaron seguramente algunas de las primeras huellas de una formación que con los años lo llevaría a ocupar responsabilidades de carácter nacional.
Por eso, Los Quemao representa mucho más que una obra de infraestructura. Es también una oportunidad para que un hijo de esta región, desde una posición privilegiada dentro del Gobierno nacional, ayude a materializar una vieja aspiración de los agricultores villanueveros.

No se trata de pedir privilegios. Se trata de reclamar que un proyecto técnicamente estudiado y considerado viable encuentre el respaldo institucional necesario. El desarrollo regional también se construye identificando proyectos que respondan a necesidades reales y que tengan capacidad de transformar la vida de las comunidades.
Un minidistrito de riego puede cambiar la ecuación productiva del campo. Permite pensar en cultivos durante diferentes épocas del año, mejorar los rendimientos, diversificar la producción y reducir la vulnerabilidad de los agricultores frente a los prolongados períodos de sequía.
También puede generar nuevas oportunidades para los jóvenes rurales. Cuando el campo produce y ofrece ingresos dignos, deja de ser visto únicamente como un lugar del cual hay que emigrar. El agua puede convertirse, entonces, en una herramienta contra el despoblamiento rural y en una posibilidad para que nuevas generaciones encuentren futuro en las parcelas de sus padres.
La agricultura villanuevera tiene además la posibilidad de integrarse a cadenas de comercialización más modernas. No basta con producir; hay que producir con calidad, organizarse, agregar valor y encontrar mercados. Pero todo ese proceso comienza con una condición elemental: tener agua suficiente y confiable para cultivar.
Los Quemao podría convertirse, de esta manera, en una especie de columna vertebral para una nueva etapa de la agricultura de Villanueva. No sería solamente llevar agua a unos terrenos; sería llevar oportunidades, productividad, empleo y esperanza a numerosas familias campesinas.
Y aquí aparece una responsabilidad compartida. El Gobierno nacional, el Ministerio de Agricultura, la Gobernación de La Guajira, la Alcaldía de Villanueva, los productores y las organizaciones campesinas deben sentarse alrededor de una misma mesa. Los proyectos de esta magnitud no pueden depender de esfuerzos individuales; requieren coordinación institucional y seguimiento permanente.
La historia ha demostrado que cuando Villanueva encuentra propósitos comunes puede alcanzar grandes resultados. Esta tierra ha producido agricultores, ganaderos, compositores, profesionales y empresarios que han llevado el nombre del municipio mucho más allá de sus fronteras. Ahora corresponde demostrar que también puede construir un modelo rural más productivo y sostenible.
Por eso sería oportuno que los estudios existentes sean revisados y actualizados, si técnicamente resulta necesario, y que se establezca una ruta concreta para su financiación y ejecución. Los años transcurridos no pueden convertirse en una excusa para seguir esperando. Por el contrario, deben servir para darle mayor urgencia a una iniciativa que lleva demasiado tiempo buscando una oportunidad.
El mensaje de los agricultores villanueveros es sencillo: queremos producir, pero necesitamos agua. No están pidiendo que les regalen el futuro. Están reclamando las condiciones para construirlo con su propio trabajo, con sus manos y con el conocimiento que durante generaciones han acumulado sobre esta tierra.
El Minidistrito de Riego Los Quemao puede ser una de esas obras que marcan un antes y un después en la historia de Villanueva. Los estudios están; la necesidad existe; la vocación agrícola permanece y hoy hay un ministro de Agricultura con profundas raíces en esta región. Solo falta que la voluntad política se convierta en decisión, la decisión en presupuesto y el presupuesto en una obra que haga realidad el viejo sueño de nuestros campesinos: que el agua llegue a la tierra para que la tierra vuelva a multiplicar la esperanza.






