
Esta columna es una oda a la esperanza, al amor y a creer que todo puede estar mejor (aunque se piense lo contrario). Entiendo que hay mucho por hablar en esta loca actualidad que vivimos, de política, crisis, tendencias; sin embargo, hoy voy a hablar de la infancia, de su inocencia que tiene el poder de enseñarnos tanto, sin duda, los niños y las niñas son grandes maestros, ojalá la adultez no borrara esos poderes.
Luccas Daniel es el guajirito más amado, es mi sobrino nieto, hijo de mi sobrina Andrea Karina y nieto de mi hermana Mélida Karina, tiene apenas 4 años y nos ha demostrado que nació con una gracia especial y un liderazgo innato, a su corta edad ha acompañado obras sociales, voluntariados, ha actuado en campañas de comunicación, ha sido rey de la semana cultural en su colegio asumiendo con pasión y entrega tal rol, practica natación, baila con una destreza (envidiable), hace parte de la comparsa “Joselito Carnaval” liderada por el gestor cultural Chema Pinedo en Riohacha y además teje amistades profundas como si trajera activado el ADN de valorar las hermandades elegidas, que su super abuela Rosa Contreras ha enseñado a todas las generaciones que hemos sido formados por ella.
Luccas Daniel, no eligió el futbol y nos dejó claro que eso no es lo que le gusta, él es arte, música, tarimas, liderazgo apoteósico, sensibilidad, vida social y cultural en general; rompe modelos a su manera, es sensible con las niñas y queremos que siempre sea así, es querendón y también a veces cascarrabias, eso hace parte del kit.

El con todas sus acciones, me enseña y me impide olvidar que el futuro es ahora, que vale la pena seguir con las acciones de transformación social para dejar un mundo posible para las generaciones que como el apenas crecen y merecen no enfrentarse a crueldades y desigualdades; el me reconecta con el aquí y el ahora, estoy segura de que ni siquiera lo imagina (porque está ocupado jugando) pero lo logra a plenitud.

De este modo, mi reflexión va encaminada a que nunca olvidemos que el futuro no es algo lejano, ¡es ahora! y por ello, debemos existir desde la dinámica de deleitarnos este paseo que es mas efímero de lo imaginado, además que como humanidad necesitamos no fallarle más a la infancia, basta de cortar sus alas, matar su inocencia y violentar sus cuerpos (espirituales y físicos)

Luccas Daniel mi Adancito más amado (mi frijolito), gracias por sensibilizarme cada vez más, cuando besas a tu abuela (Ana) con un amor puro, cuando miras a tu mamá con una dulzura incomparable, cuando emprendes en el escenario de la pintura replicando el buen ejemplo de tu tío Migue o cuando tejes tertulias con Ocha Cotorra a la altura de dos creativos.

Gracias por sacarme lágrimas de alegría cuando recibo tus fotos y videos triunfantes como nos acostumbras a verte, gracias porque en días donde siento rendirme recuerdo a seres como tú que me inspiran a seguir y a repetirme que por ellos y ellas vale la pena seguir. Viva cada niño o niña sabio, inocente y poderoso que nos convoca a transitar de la adultez ruda al derecho a la ternura.
Luccas tienes a una tía abuela que lo quiere dar todo, que quiere dejar las mejores huellas en su paso por la tierra, y que por ello generalmente debe estar lejos de su amada Guajira, como resultado de esto se está perdiendo los momentos más especiales de tu infancia, sin embargo, espera estar para ti y para todas las nuevas generaciones que merecen la mejor versión de la humanidad adulta.

Prometo con palabra guajira que siempre estaré para iluminar tu camino y apoyar tus sueños por locos que parezcan, porque a tus alas siempre le pondremos combustible nunca represión.
Gracias por recordarme que el futuro es ahora, es el instante que tenemos, es la vida liquida que no debemos desperdiciar en vicios adultos que quitan la sonrisa libre, esa que tu tienes y con la cual, nos contagias. Gracias por inspirarme.
Amemos a todas las infancias.






