Edicion septiembre 9, 2026

La variante de Riohacha: 40 años después, el camino de la esperanza

La variante de Riohacha: 40 años después, el camino de la esperanza

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Columnista - Hernán Baquero Bracho
Columnista – Hernán Baquero Bracho
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Hay obras que nacen en los planos, otras que nacen en los sueños y existen algunas que nacen de la necesidad colectiva de un pueblo. La variante vial de Riohacha pertenece a esta última categoría. Durante más de cuarenta años ha sido una especie de fantasma que aparece y desaparece de los discursos públicos, una promesa que ha transitado por escritorios, gobiernos, estudios y anuncios, pero que nunca había logrado convertirse en realidad. Hoy, finalmente, parece que el sueño comienza a tener carretera propia.

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Riohacha ha esperado esta obra con la paciencia de quien mira el horizonte buscando la llegada de un barco. Cuatro décadas son demasiado tiempo para una ciudad que quiere crecer, modernizarse y competir en igualdad de condiciones con las capitales del Caribe colombiano. Por eso, el anuncio de la Gobernación de La Guajira no puede mirarse como una obra más del catálogo de infraestructura: es el comienzo de una transformación urbana que la capital guajira estaba necesitando a gritos.

 Y hay que reconocer que bajo el liderazgo del gobernador Jairo Aguilar Deluque esta vieja aspiración comienza a abandonar el territorio de las promesas para entrar en el de las realidades. La Gobernación anunció una inversión respaldada por recursos del Sistema General de Regalías y un proyecto de 7,79 kilómetros que permitirá conectar estratégicamente distintos puntos de la ciudad y del departamento.

La metáfora es inevitable: durante cuarenta años Riohacha estuvo caminando con un zapato apretado. La ciudad creció, llegaron nuevos barrios, aumentó el parque automotor, se multiplicaron las actividades comerciales y turísticas, aparecieron nuevas instituciones y necesidades, pero la infraestructura vial estructurante siguió esperando. Ahora parece que finalmente llegó el momento de quitarle ese zapato y ponerla a caminar con pasos de ciudad moderna.

Porque una variante no es simplemente una carretera que pasa por fuera de una ciudad. Es una arteria que permite que la ciudad respire. Es sacar de sus calles el pesado tránsito de carga que durante años ha convertido algunas vías urbanas en corredores de camiones, ruido, congestión y riesgo. Es devolverle espacio al ciudadano, al peatón, al ciclista, al transporte público y a quienes diariamente tienen que enfrentarse al caos vehicular.

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La nueva vía conectará el aeropuerto Almirante Padilla con la Troncal del Caribe y el corredor internacional Maicao-Paraguachón. Eso significa mucho más que pavimento: significa conectividad, competitividad y posibilidades de desarrollo económico. Riohacha podrá mirar hacia el Caribe y hacia la frontera con una infraestructura que le permita jugar un papel más importante dentro del sistema logístico regional.

También tendrá una conexión fundamental con la Universidad de La Guajira, el nuevo hospital de alta complejidad y la nueva cárcel de Riohacha. Es decir, la variante no estará aislada de la ciudad: será una especie de columna vertebral que ayudará a articular algunos de los equipamientos más importantes del futuro de la capital guajira.

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Hay algo especialmente simbólico en todo esto: mientras durante décadas Riohacha preguntaba cuándo llegaría su variante, la ciudad seguía creciendo alrededor de esa ausencia. Ahora será necesario pensar Riohacha de otra manera. Las grandes ciudades no solamente se miden por sus edificios, sus centros comerciales o sus avenidas; también se miden por la capacidad de conectar eficientemente sus diferentes territorios.

Y aquí aparece una de las grandes metáforas de esta obra: la variante puede convertirse en la nueva columna vertebral de Riohacha. Una ciudad sin buena movilidad es como un cuerpo con las arterias obstruidas: tiene vida, pero cada movimiento cuesta más. Una ciudad con mejores vías puede acelerar su desarrollo, atraer inversión, facilitar el comercio y ofrecerles a sus ciudadanos una mejor calidad de vida.

El proyecto contempla además 9,9 kilómetros de ciclorruta, 325 señales verticales, sistemas de drenaje, alcantarillado, señalización y elementos de seguridad vial. Esto demuestra que no se está hablando solamente de construir una carretera y colocarle asfalto, sino de una infraestructura que debe responder a las nuevas exigencias de movilidad y seguridad de una ciudad que está llamada a crecer.

Pero hay que decirlo con claridad: ahora comienza el verdadero desafío. Anunciar una obra es importante; construirla correctamente es todavía más importante. La historia de Colombia está llena de proyectos que nacieron con grandes titulares y terminaron convertidos en elefantes blancos. Por eso, esta vez Riohacha no solamente debe celebrar: también debe vigilar, acompañar y exigir transparencia, calidad y cumplimiento de los tiempos establecidos.

Los guajiros conocemos demasiado bien la historia de las obras inconclusas. Por eso esta variante debe convertirse en una excepción. Los recursos públicos tienen que convertirse en concreto, acero, pavimento, drenajes, señalización y bienestar para la ciudadanía. Cada peso invertido debe verse reflejado en una obra de calidad. La vigilancia ciudadana será tan importante como la maquinaria que llegue al primer frente de trabajo.

El proceso ya tiene un elemento fundamental: recursos aprobados y un proceso contractual reportado para la construcción de la variante, con una cuantía publicada superior a los 160 mil millones de pesos. Eso permite mirar el proyecto con mayor seriedad y esperanza, aunque el verdadero éxito estará en que la ejecución sea transparente y termine entregando a Riohacha la infraestructura que lleva décadas esperando.

Jairo Aguilar Deluque tiene ante sí una oportunidad histórica. Los gobernadores pasan, los gobiernos terminan y las administraciones cambian, pero las grandes obras permanecen como testimonio de una época. Si esta variante logra construirse con calidad, podrá quedar grabada en la memoria colectiva como una de esas decisiones que marcaron un antes y un después en la historia de La Guajira.

Porque gobernar también es atreverse a abrir caminos. Y pocas expresiones representan mejor la esencia de gobernar que precisamente esa: abrir caminos donde antes solamente había obstáculos. La variante puede ser ese camino nuevo que permita a Riohacha dejar atrás décadas de improvisación vial y entrar definitivamente en una etapa de planificación urbana moderna.

Riohacha necesita dejar de ser vista únicamente como una ciudad de paso hacia Maicao, Valledupar o Santa Marta. Tiene condiciones para convertirse en una verdadera puerta de entrada al territorio guajiro. Tiene aeropuerto, mar, cultura, turismo, universidad, comercio y una posición geográfica privilegiada. Lo que necesitaba era infraestructura que conectara todas esas fortalezas como las cuentas de un mismo collar.

Por eso esta variante puede convertirse en mucho más que una carretera: puede ser el puente entre la Riohacha de ayer y la Riohacha del mañana. Una Riohacha donde el transporte pesado tenga su propio corredor, donde los ciudadanos puedan desplazarse con mayor seguridad y donde los inversionistas encuentren mejores condiciones para apostar por una ciudad que quiere convertirse en referente del Caribe.

También será una oportunidad para generar empleo directo e indirecto, dinamizar la economía y reducir costos logísticos para transportadores y comerciantes. Cada kilómetro construido puede terminar multiplicándose en oportunidades para pequeños empresarios, trabajadores, comerciantes y comunidades ubicadas en el área de influencia del proyecto.

Después de cuarenta años, Riohacha merece que la esperanza deje de ser una palabra y se convierta en maquinaria trabajando. Merece escuchar el ruido de las retroexcavadoras donde antes solamente se escuchaban promesas. Merece ver ingenieros, obreros y equipos construyendo una vía que durante generaciones parecía condenada a permanecer en los archivos de los proyectos pendientes.

La variante de Riohacha puede ser, entonces, el gran punto de partida de una nueva historia. Que nadie olvide que una ciudad también se construye con sueños, pero los sueños solamente adquieren valor cuando se convierten en obras. Si el gobernador Jairo Aguilar Deluque logra llevar esta iniciativa hasta su culminación que estoy seguro que lo logrará, habrá ayudado a abrir una de las puertas más importantes del futuro de Riohacha. Después de cuarenta años esperando el camino, llegó la hora de que Riohacha deje de mirar la carretera desde la ventana y comience a conducir por ella hacia el futuro.

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