
25. “No hubo otro rey antes de él que se convirtiera a Jehová con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés, ni después de él nació otro igual”.
2 Reyes 23.
La razón por la que debemos quitar toda forma de idolatría en nuestra vida, es para adorar solo a Dios. Josías restaura la adoración del pueblo celebrando la Pascua, conforme a lo indicado por el libro del pacto. Se trata de una fiesta solemne que conmemora la misericordia divina en el éxodo egipcio.
Josías busca restaurar la identidad del pueblo de Dios recordando la salvación y celebrando la Pascua. Josías se esfuerza grandemente en cumplir la ley, quita los ídolos con todo su corazón, alma y mente y ha hecho volver al pueblo a Dios. No hubo rey como él, ni antes ni después. Los que obedecen enteramente a la Palabra son reconocidos por Dios. El amor hacia Dios se expresa en la obediencia incondicional a Su Palabra y voluntad.
La obediencia incondicional de Josías a la Ley aumenta la esperanza en el pueblo de Judá de recibir el perdón de Dios. Así ha sido hasta ahora, ya que el rey más malo podía arrepentirse y era perdonado por Dios. Pero esta vez, Dios no desiste del ardor de su gran ira encendida contra Judá, debido al pecado abominable de Manasés.

Jeremías, un profeta contemporáneo a Josías, profetizó diciendo que no Moisés ni Samuel podrán cambiar la decisión de Dios de juzgar a Judá. Ni la reforma de ha logrado librar a Judá del juicio, sino solo postergar un poco el tiempo de su cumplimiento. A los 39 años, Josías muere en la guerra y es sepultado en Jerusalén. Aunque es sorprendido por una muerte súbita, es el último rey en ser sepultado en paz.
La fe incorrecta que adora ídolos como Baal y Astoret, destruye al pueblo de Judá, haciendo que ignoren la Palabra de Dios y solo cumplan con esta hasta un cierto punto. Sin embargo, Josías, quien se esforzó por obedecer completamente la Palabra de Dios sin hacer concesiones con los ídolos o el mundo desde la época de los jueces, sirve como un modelo de fe inquebrantable.
El mundo cambia, pero solo la Palabra de Dios que jamás cambia puede salvar nuestras almas. Los ídolos no tienen vida, mientras que el Dios vivo nos habla día a día. El deber y la bendición del pueblo de Dios es leer, escuchar y meditar la Biblia, que es la Palabra de Dios, todos los días y obedecer por completo.
El fiel debe grabar en su corazón la Palabra de Dios que está escrita en la Biblia y esforzarse para cumplirla por completo.
Dios les guarde.





