
Hay despedidas que duelen más porque dejan un silencio difícil de llenar. La partida de Fabio Torres Molina, conocido cariñosamente como “El Rector”, no solamente enluta a su familia, a sus amigos y al mundo de la publicidad, sino que deja un vacío profundo en el corazón del vallenato. Fabio murió el pasado 24 de agosto en Valledupar, dejando detrás una historia de creatividad, emprendimiento, amistad y afectos que difícilmente se borrarán.El miercoles 26 de agosto fue su sepelio que el pueblo vallenato y guajiro lo despidieron en medio de lágrimas y de la tristeza por la partida del amigo,del genio de la publicidad y el soñador de tantas alegrías.Allí en medio del dolor estaban Silvestre Dangond y el exalcalde de La Jagua del Pilar José Amiro ” El Macho” Morón quien muy dolido me manifestaba que se le habia un hermano y era cierto Fabio y El Macho eran como hermanos de eso puedo dar fe.
Fabio Torres fue mucho más que un publicista. Fue un hombre que entendió que detrás de una valla, un afiche, un logotipo o una campaña había una historia que contar. Por eso terminó convirtiéndose en una referencia de la publicidad vallenata y en el hombre que muchos conocieron como “El Rector de la publicidad”, desde su empresa Zona Creativa.
Su vida profesional estuvo estrechamente vinculada con la música vallenata. Desde sus primeros pasos como diseñador gráfico, encontró en el folclor un escenario para desarrollar su talento. Su encuentro con Silvestre Dangond comenzó muchos años atrás y terminó transformándose en una de esas amistades que nacen en el trabajo, pero terminan perteneciendo al corazón.
La historia entre Fabio y Silvestre comenzó aproximadamente en 2002, cuando Torres trabajaba como diseñador gráfico de la revista Rumbera. Allí conoció el talento de un joven Silvestre que comenzaba a abrirse camino en el mundo vallenato. Años después, aquella relación profesional se convertiría en una amistad profunda y familiar.
Uno de los capítulos fundamentales de esa historia ocurrió con el álbum El Original, cuando Fabio participó en la construcción de su imagen y en la estrategia publicitaria. Desde entonces, su nombre quedó unido a diferentes momentos de la carrera de Silvestre y al crecimiento del llamado silvestrismo.
Pero quizás nadie podía imaginar que aquella relación profesional terminaría convirtiéndose en una hermandad. Fabio estuvo cerca de Silvestre en momentos importantes de su carrera y también en circunstancias personales. La publicidad fue el punto de encuentro, pero la amistad terminó siendo el verdadero vínculo.
Por eso las palabras de Silvestre Dangond durante las honras fúnebres de Fabio tienen un significado especial. No habló solamente el artista que perdió a un colaborador. Habló el amigo que acababa de perder a un hermano de la vida.
“No habrá valla que no me recuerde a ti y logo de Zona Creativa que no reconozca en el camino”, expresó Silvestre. Y pocas frases podrían definir mejor el legado de Fabio Torres.
Qué paradoja tan hermosa y dolorosa: el hombre que dedicó buena parte de su vida a poner rostros, nombres y sueños en las calles, ahora estará presente en la memoria de quienes recorran esas mismas calles. Cada valla podrá convertirse en un recuerdo. Cada diseño podrá traer a la memoria al hombre que convirtió la creatividad en una forma de vida.
Silvestre también recordó que fue él quien bautizó a Fabio como “El Rector”. Y el sobrenombre terminó convirtiéndose en una marca personal que trascendió la publicidad. Fabio era un rector sin aulas, pero con muchas enseñanzas: disciplina, creatividad, perseverancia, emprendimiento y, sobre todo, la capacidad de convertir los sueños en proyectos.

Fabio también quiso dejar su propia enseñanza. En 2025 publicó su libro Cumplir mi sueño, mi plan favorito, una expresión que resume buena parte de su filosofía de vida. Sus conferencias estuvieron orientadas precisamente a hablar de sueños, disciplina, pasión y perseverancia.
Y quizás allí encontramos otra razón para recordarlo con admiración. Fabio no se conformó con alcanzar sus propios sueños; quiso enseñarles a otros que también era posible alcanzar los suyos. Su historia personal y profesional se convirtió en una especie de manual de vida para quienes tuvieron la oportunidad de escucharlo.
Silvestre, en medio de su dolor, fue más allá de la nostalgia. Invitó a quienes estaban presentes a mirar hacia adentro y preguntarse qué están haciendo con sus vidas. “¿Qué estamos haciendo? ¿Cuál es nuestro propósito de vida en este plano?”, fueron algunas de sus reflexiones durante la despedida.
Es una pregunta que queda flotando en el aire después de la muerte de un amigo. Porque la partida de Fabio nos recuerda que la vida es demasiado breve para aplazar los sueños, para guardar los abrazos, para esconder las palabras de gratitud o para dejar para mañana aquello que verdaderamente importa.
Silvestre también habló de la familia que Fabio logró construir, de su relación con María Fátima y de la felicidad que alcanzó junto a sus seres queridos. “Lograste unir una familia”, recordó el cantante. Allí aparece otra dimensión de Fabio: detrás del empresario y del publicista estaba el hombre que buscaba afectos, que quería a los suyos y que encontró en la familia una de sus mayores razones para vivir.
Hay hombres que pasan por la vida dejando dinero; otros dejan empresas; otros dejan fotografías. Fabio dejó algo mucho más difícil de construir: recuerdos. Los dejó entre los artistas, los empresarios, los amigos, los trabajadores de la industria musical y, especialmente, entre quienes compartieron con él momentos que hoy adquieren un valor incalculable.
Y hay algo todavía más conmovedor en la despedida de Silvestre. El cantante reveló que Fabio había estado aportando ideas para uno de sus próximos lanzamientos. Ahora esas ideas, que nacieron de la creatividad de un hombre que ya no está físicamente, serán llevadas adelante como un homenaje. “Sé que tus ideas para mi próximo lanzamiento me las susurrarás al oído y las plasmaré en tu honor”, dijo Silvestre.
Qué manera tan vallenata de entender la amistad: convertir la ausencia en inspiración. Fabio se fue, pero sus ideas quedaron. Se fue su voz, pero permanecen sus proyectos. Se fue su presencia, pero quedan las imágenes, las campañas, las vallas, Zona Creativa y, sobre todo, la memoria de quienes lo quisieron.
Silvestre terminó diciendo “Adiós, querido amigo. Adiós”. Pero quizá ese adiós no sea definitivo. Porque cuando un ser humano deja una huella tan profunda, la muerte no consigue borrarlo completamente. Fabio seguirá apareciendo en una conversación, en una fotografía, en una anécdota, en una campaña, en una valla y en el recuerdo de quienes tuvieron la fortuna de conocerlo.
Hoy Valledupar despide a Fabio Torres, “El Rector”, pero el mundo vallenato conserva su legado. Se marcha el publicista, el empresario, el creativo y el conferencista; queda el amigo, queda el hombre de familia y queda una obra que seguirá hablando por él. Y como dijo Silvestre, nada se borra ni se olvida: todo se transforma. Quizás por eso, cuando una valla de Zona Creativa aparezca en el camino, muchos detendrán por un instante la mirada y pensarán: allí está Fabio.
Colofón: Fabio Torres hizo de la publicidad un arte, de la creatividad una profesión y de la amistad una manera de vivir. Silvestre Dangond perdió a un amigo, pero el vallenato ganó un recuerdo eterno. Y mientras existan las vallas, los escenarios y las historias que contar, “El Rector” seguirá dando clases desde la memoria.






