
En Villanueva, La Guajira, tierra fecunda en poetas, músicos, compositores y juglares, hay hombres que han sabido convertir sus sentimientos en canciones y sus vivencias en versos que permanecen en la memoria colectiva. Uno de ellos es Juan Alberto Acosta Escobar, cariñosamente conocido como “Cacha” Acosta, un villanuevero excepcional cuya obra merece ser reconocida en toda su dimensión.
Hablar de “ Cacha” es hablar de un compositor que ha construido su trayectoria con paciencia, disciplina, sensibilidad y amor profundo por el vallenato. Es un creador que no necesitó abandonar su tierra para encontrar inspiración, porque en Villanueva encontró el universo entero: el río, el Cerro Pintao, sus paisajes, sus mujeres, sus amigos, sus amores y, sobre todo, la poesía cotidiana de su gente.
Juan Acosta nació el 6 de marzo de 1957 en el tradicional barrio El Cafetal de Villanueva, hijo de Luis Acosta y María Concepción Escobar. Fue el noveno de diez hermanos y desde muy temprano comenzó a sentir esa inclinación especial hacia la poesía y la música que posteriormente habría de convertirlo en uno de los compositores representativos de su generación.
Su formación estuvo estrechamente ligada al Colegio Nacional Roque de Alba, institución que ha sido una verdadera cantera de talentos para el folclor guajiro. Allí compartió generación y ambiente cultural con figuras que posteriormente alcanzarían renombre, entre ellas Rosendo Romero, Israel Romero, Beto Zabaleta y Marcos Díaz. Era una época en la que, como recuerda “ Cacha”, prácticamente todos los días podía nacer una canción.
En aquel ambiente de poesía, centros literarios, serenatas y parrandas comenzó a tomar forma su vocación. Primero fueron inquietudes juveniles; después llegaron los versos y, finalmente, las melodías propias. Su primera composición, “Tengo un cariño”, fue grabada por Pacho Rivera con el grupo Furor Guajiro, un hecho que le confirmó que aquella musa que llevaba dentro podía convertirse en una verdadera profesión del alma.
Después llegaría “Caudaloso río”, una composición que terminó abriendo nuevas puertas. La noticia sobre la calidad de sus canciones comenzó a circular entre los intérpretes y compositores del vallenato, hasta que nombres importantes del género empezaron a interesarse por su obra. Así comenzó una carrera que con el paso de los años le permitiría ver sus versos en las voces de grandes artistas.
Pero hay algo particularmente admirable en la vida de Juan “El Cacha” Acosta: su condición de compositor nunca desplazó su vocación de educador. Durante más de cuatro décadas ha ejercido la docencia, entregando conocimiento a varias generaciones y ganándose el respeto y el cariño de estudiantes, colegas y comunidades.
Ese maestro de tiempo completo también ha sido un compositor de tiempo completo. En el aula enseña, orienta y forma; en la intimidad de la inspiración escribe. Son dos oficios aparentemente diferentes, pero en él se complementan perfectamente: educar es sembrar y componer también lo es. Una canción puede enseñar tanto como una lección cuando nace de la experiencia y de la sensibilidad.
Su obra se caracteriza por ese sello particular que quienes conocen el vallenato tradicional saben identificar. “ Cacha” tiene una manera propia de construir la frase, de buscar la rima y de vestir la melodía. Hay en sus canciones un deje musical inconfundible*, una mezcla de romanticismo, costumbrismo, picardía y sentimiento que permite reconocer al autor detrás de cada verso.
Su catálogo es amplio y está integrado por canciones que han encontrado intérpretes de primer nivel. Entre ellas aparecen “Bellos Amores”, “Como tú ninguna”, “No me retiro”, “Motivo hermoso”, “Campana de amor”, “Que vivan las mujeres”, “Empezar de nuevo”, “Enamorao”, “Me fallaste”, “Me volví a enamorar”, “Se cambiaron los papeles” y “Siempre unidos”, entre muchas otras.
Y cuando se habla de “Bellos Amores”, necesariamente hay que detenerse. La canción, grabada por Iván Villazón, se convirtió en una de las obras más reconocidas de Juan Acosta. Paradójicamente, fuentes biográficas de la época registraron que una edición discográfica atribuyó por error la autoría a otro compositor, circunstancia que terminó ocultando injustamente ante muchos oyentes el nombre de su verdadero creador.
La historia sirve, además, para recordar algo fundamental: detrás de cada canción existe un autor, una historia y una sensibilidad que merecen respeto. Las melodías pasan de generación en generación, pero el nombre del compositor debe permanecer ligado a ellas. En el caso de “Bellos Amores”, decir Juan “El Cacha” Acosta es hacer justicia a la creación de un villanuevero que puso su corazón en cada verso.

Sus composiciones también han sido llevadas al estudio por artistas como Poncho Zuleta, Beto Zabaleta, el Binomio de Oro, Silvio Brito, Luifer Cuello y otros importantes intérpretes del vallenato. “Empezar de nuevo”, por ejemplo, fue grabada por el Binomio de Oro; “Motivo hermoso” y “No me retiro”, por Poncho Zuleta; y “Qué vivan las mujeres”, por Beto Zabaleta.
Particularmente significativa ha sido también su relación artística con Ivo Díaz, otro intérprete de profunda raigambre vallenata. La participación de Ivo y de otros destacados músicos en proyectos de “ Cacha” demuestra que su obra ha logrado trascender los círculos locales para convertirse en patrimonio de una comunidad musical mucho más amplia.
Juan “ Cacha” Acosta es, además, socio activo de la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia, SAYCO, organización que ha reconocido su trayectoria como creador musical. En 2006 estuvo entre los compositores homenajeados durante la celebración de los 60 años de SAYCO, reconocimiento que representó un capítulo importante dentro de su carrera.
Su vínculo con SAYCO no es simplemente administrativo. Es la expresión institucional de una vida dedicada a crear. Cada canción representa horas de inspiración, recuerdos, experiencias y trabajo intelectual. Defender al compositor significa precisamente reconocer que la música no solamente pertenece a quien la interpreta, sino también a quien la imagina, la escribe y le pone melodía.
En 2019 presentó “Sentimiento Villanuevero”, una producción concebida como homenaje a su tierra y como muestra de una obra que seguía creciendo. El álbum reunió 13 canciones de su autoría y contó con la participación de destacados intérpretes y músicos del vallenato.
El título no podía ser más apropiado. Porque si algo identifica a Juan Acosta es precisamente ese sentimiento villanuevero que lleva consigo. Su inspiración proviene de la geografía y de la gente de su tierra: el río, el Cerro Pintao, los paisajes y la mujer guajira aparecen como fuentes permanentes de esa imaginación que transforma experiencias sencillas en canciones.
Más adelante, “Talento y Maestría” reafirmó que “ Cacha” no estaba dispuesto a vivir únicamente de sus canciones del pasado. La producción incluyó ocho composiciones de su autoría y reunió a intérpretes como Erick Escobar, Fabián Corrales, José “Chiche” Maestre, Ivo Díaz y Marcos Díaz, además de la participación del maestro Rafael Manjarrez.
Eso dice mucho de un compositor: quien continúa creando después de tantos años demuestra que la musa no tiene edad. Al contrario, la experiencia parece darle nuevas herramientas. Cada vivencia, cada recuerdo y cada encuentro se convierte en materia prima para una nueva historia musical.
“ Cacha” también representa una generación que entendió el vallenato como una forma de contar la vida. Sus canciones hablan del amor, del desamor, de la mujer, de la nostalgia, de las relaciones humanas y de las pequeñas historias que pueden convertirse en grandes canciones. Su inspiración no necesita artificios: le basta la realidad.
Hay en su obra un equilibrio entre el verso fino y la melodía romántica, precisamente porque sabe que una buena canción vallenata necesita ambas cosas. El verso debe tener contenido y belleza; la melodía debe acariciar el oído y permitir que la historia llegue al corazón. Esa combinación constituye una de las principales virtudes de su propuesta artística.
Pero quizás el mayor mérito de Juan “ Cacha” Acosta sea haber permanecido fiel a sí mismo. No ha dejado de ser el hombre sencillo de Villanueva, el docente, el amigo, el parrandero, el conversador y el compositor que encuentra inspiración en su entorno. El reconocimiento artístico nunca le hizo perder la identidad que recibió de su tierra.
Villanueva puede sentirse orgullosa de Juan “ Cacha” Acosta porque en él convergen varias de las mejores virtudes de su pueblo: talento, sensibilidad, vocación de servicio, amor por la educación y profundo respeto por el folclor. Su historia demuestra una vez más que esta tierra sigue siendo una fábrica natural de compositores y músicos que han enriquecido el patrimonio vallenato de Colombia.
Por eso hoy vale la pena levantar la voz para decirlo con orgullo: Juan “ Cacha” Acosta es el compositor del verso fino y de la melodía romántica, un creador que ha sabido convertir su sentimiento villanuevero en canciones que viajaron mucho más allá de las fronteras de La Guajira. Maestro, compositor y hombre de bien, su obra forma parte de esa inmensa memoria musical que Villanueva le ha regalado a Colombia. Y mientras haya alguien que cante sus canciones, “ Cacha” seguirá demostrando que las buenas melodías pueden pasar los años sin perder su esencia.






