Edicion agosto 14, 2026

EL PECADO QUE DEBE SER EXPIADO

EL PECADO QUE DEBE SER EXPIADO

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Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
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16. “Tomarás de los hijos de Israel el dinero de las expiaciones y lo darás para el servicio del Tabernáculo de reunión; y será como un memorial para los hijos de Israel delante de Jehová, para hacer expiación por vuestras personas”.

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Éxodo 30.

Dentro del lugar santo, se encuentra el candelabro (hacia el sur), la mesa de los panes de la proposición (hacia el norte), y el altar del incienso (delante del velo del lugar, santísimo, donde Dios se encuentra con Israel v. 6). Aarón recibe la instrucción de llenar de aceite las lámparas del candelabro dos veces al día, quemar incienso, elaborado de una manera especial sobre el altar del incienso, y presentar las ofrendas diarias en el altar del holocausto de mañana y de tarde.

El altar del incienso une el atrio, en donde el pueblo presenta sus sacrificios, y el lugar santísimo, en donde mora Dios. Tanto el altar del holocausto del atrio, como el altar del incienso del lugar santo, nos enseñan que nuestra comunión con Dios se basa en “la expiación”.

El dinero del rescate era el pago que se hacía por los pecados cometidos. Dios manda a Israel a dar el dinero del rescate para hacer expiación por sus personas. Todo varón que sea censado, de veinte años para arriba, dará la ofrenda que es medio siclo, sin hacer diferencia de su ingreso económico, sean ricos o pobres.

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El dinero recaudado servirá para cubrir los gastos administrativos del tabernáculo. El pasaje bíblico no explica por qué deben pagar el rescate. No obstante, para el hombre, entrar en la santa presencia de Dios significa poner en riesgo su propia vida Dios recibe el rescate, para habitar con ellos por medio del tabernáculo y concederles la gracia de la vida.

Dios enseña la identidad de Su pueblo, por medio del diseño del tabernáculo y los objetos que se encuentran en él. Por ejemplo, el incienso que se quemaba en el altar para Dios nos muestra que Su pueblo debe vivir de acuerdo con Su propósito. Así mismo, la razón por la cual se debía derramar sangre sobre el altar del incienso, cuando se hiciera el sacrificio para el perdón de los pecados, era para recordarle al pueblo escogido que también necesitaba redención por su maldad.

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Respecto a la regla del dinero del rescate, es importante destacar que aplicaba a todos, por igual, significando que el pecado no hace distinción, pues es un problema de toda la humanidad. Por lo tanto, el fiel debe agradecer la gracia de Dios y consagrarse, porque Él entregó a Su único Hijo para salvarnos.

Todos los hombres, somos pecadores, pero Dios abrió el camino del perdón con Su gracia.

Dios les guarde.

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