
16. “Así, los primeros serán últimos y los últimos, primeros, porque muchos son llamados, pero pocos escogidos”.
Mateo 20.
El reino de los cielos supera cualquier parámetro, cálculo o argumento del mundo, y se basa en la gracia y misericordia de Dios.
El jornalero del Medio Oriente Antiguo trabajaba desde las seis de la mañana, cuando salía el sol, hasta las seis de la tarde, cuando caía el sol. El dueño de la viña no solamente sale a las seis de la mañana para contratar obreros, sino a las nueve de la mañana, al mediodía, a las tres de la tarde, e incluso a las cinco, a los que no habían sido contratados por nadie. Pese a que quedan pocas horas para trabajar, el hombre siente compasión por los que se encuentran sin trabajo y les da una oportunidad. La invitación al reino de Dios es para todos, y nadie está excluido de ello. Todos los que escuchan el evangelio y aceptan a Cristo, tienen vida eterna y se constituyen en miembros del reino de Dios. No es tarde para tomar la decisión de fe y ser salvos.

Dios es bueno y generoso, e independientemente a nuestros méritos, derrama su gracia y misericordia sobre nuestra vida. Al llegar la noche, el dueño de la viña llama a los jornaleros que llegaron más tarde y les paga un denario. Al ver a los obreros que habían trabajado una hora recibir el pago de todo un día de trabajo, los que habían sido contratados desde la mañana esperan recibir el pago de todo un día de trabajo, los que habían sido contratados desde la mañana esperan recibir un poco más que ellos.
Sin embargo, reciben el mismo jornal y se quejan contra el señor por ello. Pero él les recuerda que ese es el jornal por el cual fueron contratados desde el inicio, aunque sí fue bondadoso con los que llegaron después. De esta manera, tanto la salvación como los galardones, son repartidos según la multiforme gracia de Dios. Así que lejos de sentir envidia, o celos cuando otros reciban la gracia de Dios, debemos ser personas agradecidas porque el Señor nos ha salvado y nos ha llamado a ser sus siervos por gracia.
Así como es una gracia completa de Dios el que nos llame y nos haga entrar al reino, también lo es la recompensa del cielo. Ésta a diferencia de nuestros cálculos terrenales, no se otorga según lo trabajado ya que obedece los cálculos y la personalidad de Dios que tiene amor y gracia en exceso.
Dios llama con excelente misericordia al obrero del cielo y los recompensa con Su gracia.
Dios les guarde.






