
Hablar de Náfer Santiago Durán Díaz socio de Sayco, es hablar de una de las columnas más sólidas sobre las cuales se edificó el vallenato auténtico. Su nombre está escrito con letras imborrables en la historia de la música colombiana y su legado permanecerá mientras exista un acordeón que interprete los aires de nuestra tierra.
Hoy, cuando el maestro atraviesa un delicado momento de salud debido a problemas cardíacos y recibe atención médica en una clínica de Valledupar, el pueblo vallenato eleva una oración por su pronta recuperación. Colombia necesita todavía la presencia de uno de sus más grandes juglares.
A sus 93 años, Náfer Durán representa la memoria viva del vallenato tradicional. Su existencia ha sido un puente entre la época de los juglares que recorrían los caminos polvorientos del Caribe y las nuevas generaciones que hoy mantienen viva esta expresión cultural.
Su vida artística nació en el seno de la legendaria Dinastía Durán, una familia que hizo del acordeón una forma de contar la historia del pueblo. Allí aprendió que la música no solo se interpreta, sino que también se vive con humildad, disciplina y profundo amor por las raíces.
Ser hermano de Alejo Durán, el primer Rey Vallenato de la historia, pudo haber significado una pesada sombra para cualquier músico. Sin embargo, Náfer construyó un camino propio gracias a su inmenso talento, demostrando que en aquella familia existía más de un genio musical.
En 1976 alcanzó la gloria al convertirse en el noveno Rey Vallenato del Festival de la Leyenda Vallenata. Ese triunfo confirmó que estaba destinado a ocupar un lugar privilegiado entre los grandes acordeoneros de Colombia.

Su coronación no fue producto de la casualidad, sino del trabajo silencioso de un hombre que hizo del acordeón una extensión de su alma y que nunca buscó el reconocimiento fácil, sino el respeto de sus colegas y del pueblo.En el año 2003 en las bodas de plata del Festival Cuna de Acordeones siendo el suscrito ppresidente,fue coronado rey de la caregoría Primaveras del Ayer,los mejores recuerdos guardo de Nafer Durán.Un ser humano excepcional en todo el sentido de la palabra
La historia también le reservó otro privilegio inolvidable: fue el primer acordeonero que grabó con Diomedes Díaz, iniciando una relación artística que marcaría el nacimiento de una de las voces más importantes del vallenato contemporáneo.
Aquellas primeras grabaciones demostraron que Náfer poseía una extraordinaria sensibilidad para acompañar al cantante, sin perder nunca el protagonismo que le otorgaban su creatividad y su impecable ejecución.

Como compositor dejó una colección de obras inmortales que forman parte del patrimonio musical colombiano. Canciones como El estanquillo, Sin ti, Déjala vení (El rezo), La zoológica, Mi lamento, La chimichagüera, Teresita, La invitación, Con sentimiento y La flor del melón continúan emocionando a generaciones enteras.
Cada una de esas composiciones refleja la sencillez del campesino, la profundidad del enamorado y la inspiración del verdadero poeta popular que encontraba belleza en los acontecimientos cotidianos.
No por casualidad fue bautizado como el “Rey del tono menor”. Muy pocos músicos lograron transmitir tanta nostalgia y tanta sensibilidad mediante las notas de un acordeón como lo hizo Náfer Durán.
Sus melodías poseen la capacidad de tocar el corazón porque nacieron desde la sinceridad. No fueron canciones fabricadas para el éxito comercial, sino expresiones genuinas de una vida llena de experiencias.
Náfer pertenece a esa generación irrepetible de juglares que recorrían pueblos y veredas llevando noticias, alegrías, historias de amor y relatos populares convertidos en canciones.
Su grandeza también radica en la humildad que siempre caracterizó su comportamiento. Nunca necesitó escándalos ni protagonismos para conquistar el respeto del mundo vallenato.
Las nuevas generaciones de acordeoneros tienen en él un ejemplo de disciplina, técnica y fidelidad a las raíces musicales que dieron origen al vallenato tradicional.

El Festival de la Leyenda Vallenata encuentra en Náfer Durán uno de sus símbolos más representativos. Su nombre hace parte de la esencia misma del certamen que ha llevado esta música a escenarios internacionales.
Quienes hemos seguido la evolución del vallenato sabemos que hablar de Náfer es hablar de autenticidad, de talento natural y de una vida dedicada exclusivamente al arte.
En estos momentos difíciles, el mejor homenaje que podemos rendirle consiste en mantener viva su obra, escuchar sus canciones y reconocer el inmenso aporte que realizó a la cultura colombiana.
Que las oraciones de millones de colombianos acompañen al maestro en esta batalla por su salud. Los grandes hombres también necesitan sentir el cariño del pueblo al que tanto le han entregado.
El acordeón colombiano le debe mucho a Náfer Durán. Su legado supera los premios, los títulos y los reconocimientos, porque vive en cada interpretación que mantiene vigente la esencia del vallenato.
La historia será justa con el maestro Náfer Santiago Durán Díaz. Mientras exista un acordeón sonando en cualquier rincón de Colombia, seguirá vivo el recuerdo del Rey del tono menor, un hombre cuya vida y obra constituyen un patrimonio invaluable de nuestra identidad cultural.






