
15. “para que unánimes, a una voz, glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”.
Romanos 15.
Jesucristo nos ha enseñado con Su ejemplo: lejos de agradarse a sí mismo, fue vituperado e injuriado en lugar de nosotros, y sacrificó Su vida para darnos la salvación. Pero sería vergonzoso para el que cree tener una fe sólida, no tener dominio propio para comer o beber, por amor a los más débiles. Si Dios nos ha hecho crecer en la fe es para que velemos por los más débiles.
Si tenemos una fe sólida, no es para que pisoteemos a los que pueden tropezar con facilidad. Los que hemos alcanzado madurez procuramos seguir el ejemplo de Cristo; no buscando agradarnos a nosotros mismos, sino al prójimo, tratando siempre ser de edificación. Cuando nos esforzamos en imitar a Cristo, nuestra iglesia será una comunidad de adoradores con un mismo sentir que glorifica a Dios.
Jesús no tenía necesidad de circuncidarse. No obstante, vino a ser siervo (seguidor) de la circuncisión para confirmar las promesas que Dios hizo a los padres de los judíos. Jesús tuvo misericordia de los gentiles también, y permitió que estos también glorificaran a Dios. Jesús nos incluyó como pueblo del Señor, habiendo sido nosotros como el hijo pródigo. Si Él hubiera considerado nuestros pecados, no hubiéramos recibido salvación alguna.

Por tanto, nosotros debemos seguir el ejemplo de Jesús, y aceptar a los demás miembros de la comunidad. Gracias a los méritos de Jesucristo, tanto judíos como gentiles pueden alabar a Dios con gratitud. El Dios de la esperanza nos ha dado gozo y paz en abundancia. Nuestra esperanza es que todas las naciones vengan a Cristo.
Un fiel maduro no le exige nada a los demás, basándose en sus pensamientos o experiencias, sino que sabe esperar aquellos que caminan lento en la fe en cada paso. No juzga a los fieles desconfiados o indecisos, sino que los ayuda humildemente para que estas personas débiles puedan crecer en el Señor.
Como el ejemplo que dio Cristo, la actitud considerada que busca alegrar, consolar y esperar a los demás logra el bien y solidifica la virtud de la iglesia. Cuando los fieles con diferentes historias y tendencias se aceptan y adoran a Dios con unión, alegran y glorifican a Dios.
Glorificamos al señor cuando los fieles que forman la comunidad eclesiástica, se aceptan los unos a los otros y alcanzan la unión. Dios les guarde.






