
17. Y oró Eliseo, diciendo: “Te ruego, Jehová, que abras sus ojos para que vea”. Jehová abrió entonces los ojos del criado, y éste vio que el monte estaba lleno de gente de a caballo y de carros de fuego alrededor de Eliseo.
2 Reyes 6.
Necesitamos tener vista espiritual para discernir la obra de Dios. El ejército sirio rodea Dotán para capturar a Eliseo. El criado del profeta expresa su desesperación y temor con la interjección ¡ah! en el versículo 15, ahali en hebreo. Pero Eliseo ora y Dios abre los ojos del criado para que pueda ver el monte lleno de gente de a caballo y los carros de fuego, protegiendo al profeta. Aunque un gran ejército haya acampado contra Eliseo, no podrá contra el ejército celestial que ha descendido para proteger al varón de Dios.
Los sirios rodean la ciudad para apresar a Eliseo y él ora a Dios. Dios los hiere con ceguera y son llevados por el mismo profeta a Samaria. Aunque se trate de miles o decenas de miles de soldados, no son más que un pequeño grupo perdido ante la Omnipotencia divina.
Eliseo continúa orando y manifestando el poder de Dios. Cuando el ejército sirio llega a Samaria, ora a Dios pidiendo que les sean abiertos sus ojos. Joram el rey de Israel se dirige a Eliseo como padre por el respeto que le tiene.

De hecho, Eliseo es el único profeta bélico tratado como padre por el rey de una nación. Joram le pregunta si ha de matarlos. En su pregunta: ”¿los mataré, padre mío?” (v. 21) se puede entrever un deseo ardiente de destruir al ejército sirio. Eliseo le manda a darles pan y agua para que ellos coman y beban, ya que no han sido tomados cautivos de una guerra. Después de ser tratados con generosidad y no con la muerte, los sirios sienten temor ante el poder de Dios, y dejan pasar un buen tiempo antes de atacar nuevamente a Israel.
Debemos orar a Dios para que abra nuestros ojos de la fe, en vez de creer que lo que vemos es todo. Cuando abrimos los ojos de la fe, desaparece el temor y la preocupación de nuestro corazón y podremos ver el reino de Dios que abunda de la satisfacción y el gozo eterno. Además, podemos vivir en el mundo ejerciendo una buena influencia como cristianos.
Si abrimos los ojos de la fe, sucederá el milagro que transforma aquel que parecía un enemigo en un sujeto de amor. En la vida cotidiana, ocurre el milagro en el que las personas se liberan de la cadena del daño, tanto grande como pequeño, y se aceptan mutuamente. El fiel debe esperar a Dios que se encuentra más allá de la realidad y vivir como un hombre de fe que vence al mal con el bien.
Todo temor y preocupación desaparecen, cuando miramos con los ojos de la fe cómo obra Dios.






