Edicion julio 1, 2026

HAARP, la disrupción y el calor berraco

HAARP, la disrupción y el calor berraco

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Columnista - Henry Peñalver Herrera
Columnista – Henry Peñalver Herrera
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Cuando hablamos del calor asfixiante que está acabando con el planeta, no nos referimos únicamente al cambio climático que todos conocemos. Hablamos de una intervención militar silenciosa, calculada y profundamente desigual que comenzó hace más de tres décadas, cuando el gobierno de Estados Unidos puso en marcha el Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia, más conocido por sus siglas en inglés: HAARP.

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Oficialmente, HAARP nació en 1990 como un proyecto científico financiado por la Fuerza Aérea y la Marina de los Estados Unidos, con la colaboración de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA). Su objetivo declarado era estudiar la ionosfera (esa capa de la atmósfera que comienza a unos 80 kilómetros de altura) para mejorar las comunicaciones satelitales y los sistemas de vigilancia. Para ello, instalaron en Gakona, Alaska, un potente radiotransmisor de 3.600 kilovatios acompañado de 180 antenas capaces de emitir pulsos de alta frecuencia hacia el cielo y dicen los países como China y Rusia que ya conectaron los satélites a ese sistema.

Pero la historia oficial siempre es la que conviene al poderoso. Lo que no nos cuentan es que desde la guerra de Vietnam el Departamento de Defensa de Estados Unidos ya había trabajado en proyectos como Skyfire y Stormfury, diseñados para producir tormentas y huracanes a gran escala. HAARP no fue más que la evolución tecnológica de esa misma obsesión: dominar el clima como se domina un campo de batalla.

El Parlamento Europeo, en su resolución de 28 de enero de 1999, pidió a la Comisión que examinara las posibles repercusiones medioambientales y para la salud pública del programa HAARP en la Europa ártica. El parlamento ruso también cuestionó abiertamente su uso como arma para manipular el clima en distintas partes del mundo, acusando a los estadounidenses de provocar huracanes, tormentas eléctricas, cortes de energía y terremotos., ya comenzaron a salir tesis de que el terremoto de Venezuela fue provocado para que el país hermano se vea en la obligación de buscar un crédito con el banco mundial y que quede comprometido con las famosas “ayudas” de los gringos.

¿Y qué dice la ciencia? Que las ondas utilizadas por HAARP no afectan las capas bajas de la atmósfera donde se produce el cambio climático (¿si?, como no). Pero esa es una verdad a medias. Lo que realmente importa no es si HAARP puede o no modificar el clima global, sino que el simple hecho de que una potencia militar tenga la capacidad de inyectar energía en la ionosfera y alterar procesos atmosféricos constituye una violación flagrante de la soberanía de todos los pueblos del mundo.

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Nadie ha sufrido esta amenaza con más intensidad que el pueblo de Irán. Durante más de veinte años, el país ha enfrentado sequías devastadoras que un climatólogo estadounidense, Don Wigginton, calificó como eventos que “ocurren una vez cada mil años”, afirmando que las matemáticas rechazan la posibilidad de que sean fenómenos naturales. El académico canadiense Michel Chossudovsky ha señalado que, aunque Estados Unidos anunció la cancelación de HAARP en 2014, las investigaciones continuaron y los documentos fueron clasificados, mientras el ejército estadounidense desarrollaba capacidades para alterar selectivamente los patrones climáticos en todo el mundo.

No es casualidad que el general iraní Qasem Soleimani, antes de ser asesinado por el ejército estadounidense en enero de 2020, denunciara ante la Guardia Revolucionaria de Irán que Washington era el “agresor ambiental” más importante del mundo, mencionando específicamente a HAARP como una violación de los convenios internacionales.

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El 8 de enero de 2020, Irán lanzó misiles contra dos bases militares estadounidenses en Irak, en respuesta al asesinato de Soleimani. Inmediatamente después, las redes sociales estallaron con teorías que vinculaban los sismos de 4,5 y 4,9 grados registrados en Irán, junto con la caída de un avión con 176 pasajeros en Teherán, con el uso de HAARP como represalia. El hashtag #HAARP fue tendencia mundial.

El gobierno de Irán bombardeó las bases donde, según las denuncias, se encontraban los disruptores y sistemas vinculados a este programa. Fue un acto de legítima defensa de un pueblo que durante décadas había visto cómo su tierra se secaba, cómo sus cosechas se perdían y cómo su gente sufría, mientras una potencia extranjera manipulaba desde las sombras el clima que les pertenece, ahora hay tanta lluvia que ya llenaron todos sus embalses.

Lo que ha ocurrido en Irán no es un caso aislado. HAARP ha sido señalado como responsable de inundaciones masivas, sequías devastadoras, tornados y terremotos en Pakistán, Haití, Turquía, Grecia y Filipinas. No importa si las pruebas son concluyentes o no; lo que importa es que existe la capacidad, existe la intención y existen las víctimas. El calor berraco que sentimos en Maicao no es solo el del calentamiento global. Es el calor de la guerra de quienes juegan a ser dioses con el destino de los pueblos. Es la temperatura de las bobas naciones que han sido usadas como conejillos de indias en un experimento geopolítico que no pidieron y que nunca aceptaron.

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