
1. Josué era ya viejo, entrado en años, cuando Jehová le dijo: “Tú eres ya viejo, de edad avanzada, y queda aún mucha tierra por poseer”.
Josué 13.
Habían transcurrido muchos años desde que Israel comenzó a conquistar Canaán. Josué esta viejo, y Dios le comisiona su último llamado. Aún queda mucha tierra por poseer. El pueblo deberá seguir avanzando, echando fuera a sus moradores. Dios les promete: ”yo expulsaré de la presencia de los hijos de Israel” (v. 6). Josué tendrá que distribuir la heredad entre las nueve tribus y la media de Manasés, conforme al mandamiento de Dios.
Los capítulos 13 al 21 que tratan sobre la distribución de la tierra, mencionan muchas veces la palabra heredad. El concepto bíblico de “la heredad” (“nabala” en hebreo) es diferente al que conocemos hoy, ya que el primero se refiere a “tierras, riquezas, propiedad o herencia” con derechos que se heredan de generación a generación.
Antes de distribuir la tierra al occidente del Jordán (Canaán), el pasaje bíblico de Josué 13 nos recuerda la tierra al oriente del Jordán distribuida en los días de Moisés. La región que había recibido Rubén, Gad y la media tribu de Manasés como heredad era una tierra vasta, extendiéndose desde el arroyo Arnón al sur y toda la tierra de Basán al norte.

Aunque en los días de Moisés ya habían conquistado esta tierra, los israelitas no expulsan a los gesureos y a los maacateos, y estos habitan entre ellos. Esto significa que el pueblo de Dios debe seguir peleando la guerra espiritual. Ni Moisés ni Josué han dado heredad a la tribu de Leví, como fue mandado por Dios. Dios será su heredad y los sacrificios que presentará el pueblo a Dios.
Dios conoce la situación de cada persona y le encomienda un deber de acuerdo con cada uno de ellos. Por eso, le ordena a Josué, quien está tan viejo que hasta le cuesta ir a la guerra, la misión de repartir las tierras. Al realizar una misión, es fácil concentrarse en ”lo que Dios no nos dio”, que en ”lo que Dios nos dio”. Cuando esto suceda, debemos recordar que ”Dios es mi heredad”.
No hay nada más importante en la vida del fiel que servir a Dios y hacer Su voluntad. Si buscamos primero Su reino y Su justicia, intentando ser fieles a la misión, Dios, que es nuestra heredad, llenará todas nuestras necesidades.
Es deber del fiel completar la misión que el Señor le encomendó, incluso en la edad avanzada, con gratitud.
Dios les guarde.






