Edicion junio 19, 2026

Cuatro años que terminan, no definen nuestro futuro; marca el punto de partida para el próximo gobierno

Cuatro años que terminan, no definen nuestro futuro; marca el punto de partida para el próximo gobierno

Comparte

Columnista - Yarlin Carolina Diaz Bonilla
Columnista – Yarlin Carolina Diaz Bonilla

Hace cuatro años Colombia votó buscando un cambio; hoy debemos mirar atrás sin fanatismo y proyectarnos sin promesas vacías, Colombia llega a un nuevo ciclo político con una mezcla de cansancio, aprendizaje y expectativa, después de tiempos de polarización y promesas de cambio, el país enfrenta una pregunta decisiva: ¿qué tipo de esperanza podemos construir en los próximos cuatro años? La respuesta no está en negar los errores del gobierno actual ni en desconocer sus logros, sino en hacer una lectura equilibrada; los lectores merecen un análisis sereno, uno que reconozca que hubo avances sociales importantes, pero también falencias serias en ejecución, seguridad y manejo fiscal, la verdadera esperanza de Colombia no puede basarse en discursos absolutos, sino en la capacidad de aceptar que no todo sucede como se planea.

Publicidad

Es injusto afirmar que el gobierno actual no dejó resultados positivos; en materia social, distintos indicadores mostraron mejoras en pobreza monetaria y desempleo, y el debate público volvió a poner en el centro temas históricamente relegados, como la desigualdad, el acceso a la tierra, el hambre y la inclusión territorial, también se impulsaron reformas y políticas que buscaron ampliar la protección social y fortalecer el papel del Estado en sectores sensibles. A esto se suma una narrativa de cambio que, más allá de las simpatías o rechazos que genere, logró representar a sectores que durante décadas se sintieron por fuera de la conversación política nacional. Además, hubo intentos por diversificar la economía, fortalecer actividades agroexportadoras y promover una visión menos dependiente del modelo extractivo tradicional, aunque los resultados no fueron uniformes, sí quedó instalada una discusión necesaria sobre la sostenibilidad del crecimiento, la formalización laboral y la necesidad de una economía con mayor valor agregado; en ese sentido, uno de los aportes del gobierno fue abrir debates estructurales que Colombia había aplazado demasiado tiempo.

Sin embargo, reconocer avances no significa pasar por alto los errores, uno de los mayores fallos del gobierno fue la distancia entre el discurso y la capacidad real de ejecución, muchas reformas se anunciaron con ambición, pero no lograron consolidarse en el Congreso o se quedaron atrapadas entre la improvisación política y la falta de acuerdos, en varias regiones del país, la percepción de abandono institucional continuó, y el Estado no logró traducir sus promesas en transformaciones visibles con la velocidad que la ciudadanía esperaba. el país termina este periodo con fuertes presiones sobre el déficit, la deuda y la sostenibilidad del gasto, un punto especialmente delicado para cualquier gobierno que pretenda mantener políticas sociales sin comprometer la estabilidad económica.

Este gobierno puso sobre la mesa temas que antes eran titulares de campaña y nada más; reforma agraria, salud preventiva, transición energética, se abrió el debate por primera vez, millones de campesinos sintieron que había alguien hablando de sus tierras, la apuesta por la paz total movió fibras; la ilusión de poner fin al conflicto, sentó un precedente histórico todos los sectores en su momento reaccionaron de manera positiva,  era el hilo invisible que uniría a todos como lo hace nuestra selección Colombia, pero este anhelo de paz no fue posible. En lo económico e institucional, el país navegó en medio de una tormenta global: inflación, déficit fiscal, las reformas pensional, laboral, de salud generaron más polarización que consenso, la inseguridad en las regiones continua.

No hubo paraíso, tampoco apocalipsis, lo ocurrido fue un intento de girar el timón;  algunos giros se sintieron, otros se quedaron en el discurso; y eso considero es normal en democracia, para equilibrar mis narrativas considero que ningún gobierno de cuatro años transforma un país de 216 años de historia, el próximo presidente debe responder preguntas con hechos, no con slogans, me atrevo a pensar en nombre de todos, que  Colombia está cansada de sentirse ganadora o perdedora, el reto es rodearse de un equipo de colaboradores que asuma sentido de pertenencia y busque  equilibrio en el desarrollo socioeconómico de nuestro país; cuando le hable al campesino, al empresario con el mismo respeto, el compromiso de construir políticas públicas  y reformas que nos beneficien a todos, la coherencia de un gobierno es hacer posible lo que dijo en campaña, se debe recuperar la confianza en lo público, la gente  ya no cree en promesas porque ha visto muchas rotas, se quiere que cada peso que se gaste se pueda rastrear, que cada ministro explique con números, no con adjetivos; hasta que el gobierno entienda que su principal capital no es el poder; es la credibilidad.

Colombia no necesita empezar de cero cada cuatro años; necesita consensos corrección en lo equivocado y madurez para construir acuerdos básicos en educación, empleo, salud, seguridad y desarrollo regional, el balance del gobierno actual deja una lección importante, el cambio por sí solo no basta; necesita gestión, resultados y credibilidad; sin embargo, Colombia tiene razones para ser crítica, aunque también para mantener viva la esperanza, si el próximo gobierno entiende que gobernar es unir capacidad técnica con sensibilidad social, recuperar la confianza institucional y ofrecer resultados concretos en la vida cotidiana, el país podría entrar en una etapa más productiva, esa es, la expectativa más realista y necesaria para los colombianos.

Publicidad

Para concluir; puedo expresar no es un presidente quien salva a Colombia, lo salvamos nosotros cuando dejamos de votar por ideologías, emociones o promesas vacías y empezamos a votar por proyectos sustentables; es el momento de entender que gobernar es ceder y que oponerse es proponer. El verdadero cambio comienza cuando cada ciudadano asume su compromiso con la democracia, respeta las diferencias y comprende que la nación es una tarea compartida que trasciende gobiernos y periodos presidenciales, es tener la capacidad de unificar criterios para lograr objetivos colectivos.

El rumbo de nuestra nación se define aprendiendo a corregir errores, fortalecer las instituciones y avanzar, ese es el punto de partida para que el próximo gobierno inicie con acciones enfocadas en generar bienestar. ¿qué país queremos construir para las presentes y futuras generaciones? Nos corresponde precisar el país no es del presidente de turno, Colombia es nuestro compromiso y la responsabilidad de mas de 54 millones de colombianos, que sueñan con mejores oportunidades; con sentimiento cultural y de pueblo, mi opinión para ti.

Publicidad
Publicidad

úLTIMAS NOTICIAS

Noticias Más Leídas

Publicidad